La desaparición de Luciana, la adolescente de 15 años de Colonia Caroya que esta semana mantuvo en vilo a Córdoba, terminó de la mejor manera posible: fue hallada sana y salva en menos de 24 horas. Pero el caso dejó planteada una pregunta que se repite cada vez que alguien no vuelve a su casa: si las compañías telefónicas saben por dónde estuvo un celular, ¿por qué esa información no se activa de inmediato? La respuesta incomoda, porque el problema no es técnico. Los datos existen. Lo que falla es el circuito que los pone a disposición de quienes buscan. Las operadoras de telefonía móvil registran, por obligación legal y por el propio funcionamiento de sus redes, información valiosísima en una búsqueda: a qué antenas se conectó un teléfono, cuándo realizó o recibió llamadas y mensajes, y en qué momento dejó de tener actividad. Con esos registros, un perito puede reconstruir un recorrido aproximado: no la posición exacta de la persona, pero sí las zonas por las que pasó. En las primeras horas de una desaparición, esa información puede ser la diferencia entre encontrar a alguien con vida o llegar tarde.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.











