Gracias a la visita del Papa a España, proclaman los propagandistas católicos, millones de personas han descubierto a Dios, pero tal gesta quede tal vez en nada comparada con la experiencia de la atleta Adaejah Hodge, que halló la luz divina y la velocidad gracias a dar positivo en un control antidopaje. Menos de dos años después de ser descalificada y desposeída de su victoria en el Mundial sub-20 de Lima defendiendo la bandera de las antillanas Islas Vírgenes Británicas tras hallarse en su orina metabolitos de la sustancia prohibida GW501516, Hodge, de 20 años, se impuso en la pista de Hayward Field, Eugene, en las semifinales de los 100 metros de los campeonatos de la NCAA con una marca de 10,63s. Con ella borra el nombre de la estruendosa Sha’Carri Richardson (10,75s), hasta entonces plusmarquista universitaria estadounidense, y se convierte en la quinta mejor de la historia mundial en un ranking en el que solo la superan grandes e históricos nombres de campeonas olímpicas y mundiales: Florence Grifith (10,49s, récord mundial desde 1988), Elaine Thompson-Herah (10,54s), Shelly-Ann Fraser-Pryce (10,60s) y la actual campeona del mundo, Melissa Jefferson-Wooden (10,61s).Cuando terminó su arrebato de 100 metros, Hodge siguió corriendo y sin mirar el cronómetro ni hacer ningún gesto de alegría desapareció por el túnel de la grada. Solo supo que había batido el récord de Richardson cuando los jueces le pidieron las zapatillas para comprobar si cumplían con la normativa para homologarlo. “¡Dios mío! Guau!”, exclamó más de una hora después (entre medias había corrido y ganado las semifinales de los 200m, 21,96s y terminó trotando) cuando los periodistas le dijeron en la zona mixta el valor de su marca. “¿La quinta en la historia significa la quinta entre todas las mujeres que han corrido? Jopé. Esto es obra de Dios. Él me puso aquí y Él me mantendrá aquí. Siempre seré una cristiana. Siempre mantendré mi fe en Dios. Él me ha visto llorar. Me ha visto feliz…”La atleta de la Universidad de Georgia en Athens que en los Juegos de París había sido, a los 18 años, la abanderada de su país en el desfile olímpico y lluvioso por el Sena, hablaba del espíritu cuando el resto del mundo intentaba explicarse la gran marca analizando los asuntos materiales, la calidad de los clavos de última generación, las condiciones ideales de que había disfrutado (una temperatura cercana a los 30 grados, un viento a favor de 1,9 m/s, en el límite de lo legal) o la extraordinaria rapidez para las pruebas de velocidad de una pista instalada para los Mundiales de 2022 y que solamente la víspera había propiciado un récord del mundo, los 12,75s de Ja’Kobe Tharp en los 110m vallas. “Mi entrenadora Caryl Smith-Gilbert, que es como mi segunda madre, bien claro me lo dijo, confía en Dios”, dijo Hodge, gran estrella de la velocidad norteamericana desde sus años adolescentes en la Academia Montverde, en las afueras de Orlando, el centro más prestigioso de Estados Unidos, cuna de grandes talentos del sprint. Allí, a las órdenes del entrenador creador de estrellas fugaces Gerald Phiri, dos veces velocista olímpico por Zambia. Allí germinó un calvario que explotó el 28 de agosto en un control antidopaje en Lima después de haber ganado los 200m del Mundial sub-20. El GW501516 hallado en su orina sirve para mejorar el metabolismo y la absorción de glucosa y su almacenaje en el músculo. Nunca pasó de la fase de ensayo y nunca fue comercializado. Es tan tóxico que Glaxo, el laboratorio que lo investigaba, decidió no seguir con los ensayos clínicos. Pese a eso, sintetizado en China, sigue en el mercado negro de Internet. Su creciente consumo, sobre todo en el ciclismo, obligó ya hace casi 15 años a la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) al inusual envío de una alerta sanitaria. Al día siguiente, el director médico de la Unión Ciclista Internacional (UCI) se la envió individualmente por e-mail a todos los ciclistas del pelotón, adjuntándoles un informe de una revista científica especializada en toxicología que hablaba de tres estudios con ratas que desarrollaban rápidamente todo tipo de tumores a los pocos días de serles suministrado. El de Hodge era el tercer positivo en pocos meses por GW501516 en la Academia Montverde. “Yo solo he tomado lo que me han dado, ¿cómo voy a pensar que era doping?”, se defendió Hodge ante los inspectores de la Unidad de Integridad del Atletismo (AIU) que instruían su expediente, y mostró su voluntad de colaborar en la investigación. Gracias a ello, consiguió una sanción mínima, dos años que se redujeron a 17 meses de suspensión secreta. Nadie supo que Hodge, que ingresó en la Universidad de Georgia y no competía ni entrenaba, estuvo sancionada hasta el 28 de enero pasado. “No digas nada a nadie, ni siquiera a tu federación, me dijeron”, explicó la atleta después de sus 100m. “Me convertí en cheerleader del equipo de atletismo durante año y medio. Necesitaba ser su guía, su líder. Fue todo un gran secreto, no me pregunten por qué porque nunca lo supe”. Pocos meses después de iniciar su colaboración, la AIU suspendió al entrenador Phiri por posesión de GW501516 y otras sustancias dopantes y por mentir durante la investigación.LA AIU solo anunció explicó las razones de la sanción silenciada cuando, en marzo pasado, menos de dos meses después de regresar a los entrenamientos, Hodge se proclamó campeona universitaria de 200m en pista cubierta. “Lo hemos hecho así”, dijeron, “porque si hacemos pública su sanción habríamos puesto en peligro la investigación que nos ha llevado a descubrir más casos”.“Todo lo que pasa forma parte del plan de Dios. Los que no me creen son unos haters. No siempre la soledad es horrible. Estar sola no es siempre malo. A mí me hizo más fuerte, me ayudó a encontrar la luz. Fue duro, pero Dios me puso ahí”, repitió, con habla tan acelerada como sus piernas en pleno sprint. Habló como inspirada en la Zendaya triste de la última temporada de Euphoria. “Todos los días lo leo en la Biblia”, les dice a los periodistas. “Así que sed buenos y aprended de la Biblia”.