Javier Aja |

Belfast (R.Unido) (EFE).- La ciudad de Belfast vive este viernes la resaca de varios días de tensión por el apuñalamiento de un vecino de la capital de Irlanda del Norte a manos de un inmigrante sudanés, un incidente que ha causado algunos de los peores disturbios de los últimos años, en este caso por motivos racistas.

Al ataque ocurrido el lunes le siguieron dos noches de violencia extrema, con autobuses, coches y viviendas incendiadas en zonas unionistas probritánicas del este y norte de Belfast, donde los alborotadores también se enfrentaron a las fuerzas del orden.

Las convocatorias en redes sociales de cuentas de la ultraderecha llevaron a cientos de encapuchados vestidos de negro a sembrar el pánico con llamas, intimidación y ‘listas negras’ para, casa por casa, expulsar de sus hogares a familias enteras de inmigrantes.

Calma tensa