12 de junio, 2026 - 06h00La Asamblea Nacional ha iniciado el debate de la denominada Ley Antimafias, una iniciativa elaborada con el apoyo técnico de expertos italianos y respaldada por el embajador de Italia en Ecuador, Giovanni Davoli. La experiencia italiana en esta materia da especial valor a sus observaciones.El embajador ha señalado una realidad difícil de ignorar: las organizaciones criminales actuales poseen una capacidad financiera, logística y operativa muy superior a la de los grupos delincuenciales del pasado. Frente a ese fenómeno, adecuar la legislación constituye una necesidad impostergable.La experiencia italiana nos recuerda que el combate a las mafias exige instrumentos jurídicos especiales. La tipificación de la asociación mafiosa, la persecución patrimonial y la utilización social de los bienes decomisados contribuyeron, en Italia, a debilitar organizaciones que parecían invencibles. Aunque cada país posee características propias, esa experiencia ofrece lecciones valiosas. En tal sentido, el aporte técnico de Italia debe ser reconocido y valorado.Sin embargo, sería un error pensar que la aprobación de una ley, por importante que sea, bastará para revertir la crisis de seguridad que vive el país. Las mafias prosperan cuando encuentran instituciones débiles, controles insuficientes y espacios de impunidad. Por ello, junto con la reforma legal, resulta indispensable fortalecer las capacidades del Estado para investigar, procesar y sancionar a las organizaciones criminales.La lucha contra las mafias exige mucho más que nuevas leyes. La Fiscalía, la Función Judicial y los organismos especializados requieren recursos, tecnología y protección frente al crimen organizado. Nuestro país debería analizar también fórmulas de cooperación internacional más profundas. Desde hace años he sostenido que una iniciativa inspirada en la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), dotada de autonomía, capacidad técnica y respaldo internacional, podría constituir un valioso apoyo para fortalecer la investigación y el procesamiento de las complejas redes criminales que hoy amenazan al Estado ecuatoriano.Pero existe un frente de batalla igualmente decisivo: el cultural. Las mafias no solo buscan controlar negocios ilícitos; procuran normalizar la ilegalidad y generar resignación. Cuando los ciudadanos aceptan su presencia como una realidad inevitable, estas obtienen una de sus mayores victorias. Por ello, Ecuador necesita una verdadera cultura de legalidad que involucre al Estado, a las instituciones educativas, a los medios de comunicación, a los sectores productivos y a la ciudadanía. Solo una sociedad comprometida con la legalidad podrá cerrar los espacios que alimentan el poder de las organizaciones criminales.La Ley Antimafias puede ser un paso importante. Pero la verdadera victoria no consistirá únicamente en aprobar una nueva norma, sino en fortalecer el Estado de derecho, dotar a las instituciones de herramientas de preservación y eficaces para enfrentar al crimen organizado y hacer una ciudadanía comprometida con la legalidad. Solo así podrá cerrarse el espacio que las mafias han ganado a costa de la seguridad, la libertad y el futuro de los ecuatorianos. (O)