Noticia Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas. 12 jun 2026 - 09:02El camino recorrido por Espido Freire ha sido muy contrario al que hacen otros escritores que tienen en sus vitrinas el anhelado Premio Planeta, que celebra 75 años por todo lo alto. Muchos eran ya famosos autores el día que lo obtuvieron. Pero Espido Freire abrió por primera vez esa puerta a la popularidad cuando su novela Melocotones helados lo conquistó, en 1999. Además, lo hizo sin seudónimo, una estrategia casi pactada entre los autores más conocidos por eso del misterio y evitar la posible decepción. Allí fue cuando María Laura Espido Freire (Llodio, 1975) se borró el nombre para siempre y pasó a convertirse en dueña y señora de sus apellidos. La también colaboradora de 20minutos comenzó a publicar, como quien dice, anteayer, en 1998. Pero en tan solo 28 años lleva 44 títulos y ha abordado todos los géneros: novela, ensayo, literatura juvenil, poesía, teatro y viajes. Dice que de pequeña era vaga y siempre buscaba atajos para no estudiar más de la cuenta. Toca el piano, es experta en Jane Austen -entre otras cosas- y ha ganado numerosos y prestigiosos reconocimientos literarios. Y aun así, cree que siempre está a media distancia de la meta. Espido (insistimos, no busquen santoral en el calendario) habla de sus miedos, como la IA; de sus certezas, como que el periodismo la ancla a la verdad y de sus debilidades, como no encontrar nunca el momento de terminar lo que empieza. ¿Cómo ha ido este año su participación en la Feria del Libro de Madrid?Estuve firmando el primer fin de semana y el último. También he estado en dos intervenciones diferentes en mesas redondas sobre el tema estrella del año pasado, Jane Austen. Y también tuve la suerte de grabar el programa de Radio Clásica Notas a Pie de Página, en el que hablo de literatura y música, también desde la propia Feria del Libro. Nunca he sentido mariposas en el estómago por encontrarme con el lector. Hay que desromantizar el proceso de creación literaria¿Siente mariposas en el estómago cuando los lectores hablan con usted, es como la primera vez?Yo nunca he sentido mariposas en el estómago por encontrarme con el lector. Menos, en el entorno de una feria en que son ellos los que vienen a tu encuentro. Es un momento de unas características muy peculiares, está mediatizado además por la presencia de los libreros, de las librerías, por un hecho que queramos o no, tiene que ver con lo comercial, tiene que ver con el que alguien compra un libro y alguien hace que ese libro sea un objeto único. Lo cierto es que cuando vienen lectores, sobre todo algunos con los que me une una relación de muchos años, tiene más que ver con el reencuentro con un viejo amigo para ponernos al día mínimamente, que con una emoción de ese tipo. Para mí, el libro ha sido siempre un objeto tangible y un objeto que en cierta medida me protegía de ese tipo de de oscilaciones sentimentales. Eso creo que es muy habitual entre actores. Yo sentía ese tipo de nervios cuando cuando tocaba el piano y tenía que examinarme. Pero cuando de lo que se está hablando es una obra que está ya escrita y fijada, creo que desciende mucho ese nivel de nerviosismo.¿Esto es quitarle romanticismo a esa especie de devoción que tienen los narradores hacia sus lectores?Creo que es importante que desromantizemos un poco en general todo el proceso de creación literaria y en particular la romantización excesiva que hay en torno al creador. No creo que nos sea de una gran ayuda, y menos ahora, en un momento en el que es fácil suplantarlos por las distintas inteligencias artificiales o por marcas blancas, o directamente por otro tipo de consumo o de contenido. El autor, más que una figura romántica, debe tener una personalidad propia. Y el lector también la tiene. Ha reclamado en los últimos años cada vez más protagonismo; incluso en el hecho habitualmente pasivo de la lectura, desea reconstruir su propio libro a través de sus impresiones y de sus emociones. Para mí, el lector es esencial, el lector es quien remata el libro, quien da sentido a todo el proceso en el que yo empiezo a escribir. Pero de ahí a una idealización relativamente ñoña o sentimental, hay un mundo. Para mí, es algo constante conmigo. Y me da igual su edad, me da igual su nacionalidad, me da igual su perfil. Lo que me interesa de él o de ella es que lee y que inicia ese contacto a distancia conmigo.Ha citado a la gran enemiga de la creación, la Inteligencia Artificial. Como escritora, ¿se siente amenazada por ella?Las inteligencias artificiales que son muchas y muy variadas y nos van a ayudar y nos van a amenazar en ámbitos muy distintos, suponen retos diferentes para cada uno de los ciudadanos. Ni siquiera son solo para los creadores. También para abogados, traductores, médicos, para personas que se dedican a la comunicación. Es decir, vamos a lidiar en los próximos años con un cambio que sospechamos enorme, que luego ya redimensionaremos y que, en este caso, el de los novelistas, alcanza unas dimensiones más allá de la amenaza. A nivel personal, yo no siento una amenaza por parte de la IA, muy probablemente porque los lectores que me lean no se sientan especialmente inclinados por el tipo de textos que genera la IA. Otra cosa va a ser la literatura infantil y juvenil, por ejemplo, de la que yo también escribo. Y la literatura de género, que en los últimos años ha sido lo que ha mantenido el sector editorial y también lo que ha atraído a centenares de miles de lectores. El tipo de textos que yo intento generar tiene mucho que ver con una visión personal que es complicado sustituir a estas alturas por una IA. El estilo pueden copiarlo, pero la mirada no tanto, por lo menos no por ahora.¿Cuáles son sus quejas más dolorosas?Mis objeciones frente a la Inteligencia Artificial, en el caso de los autores, es de qué manera se ha entrenado y de qué forma ha robado los derechos intelectuales de millones de nosotros, incluidas mis propias obras, sin ningún tipo de compensación, sin ningún tipo de permiso, ni siquiera sin ningún tipo de, de conocimiento por mi parte. Y sobre todo, tiene que ver con la utilización por parte de personas que no conocen el oficio para hacerse un nombre, un hueco, incluso una manipulación determinada, a través de sus escritos, sus noticias, sus textos en general, basado en obras, -sin reconocer-,de grandes autores. Creo que hay una posición ética muy marcada en algunos autores, otros no lo detectan tanto, pero creo que, por una ética básica de la creación, muchos de nosotros estamos negándonos, no solamente a usarla, sino también a que sea usada de esa forma. Ahora, hace falta una pedagogía básica. Y es muy complicado pelear con quienes han introducido la Inteligencia Artificial como una herramienta sencilla, fácil, divertida, bonita en algunos casos. Y sobre todo, lúdica. Han empezado con fotografías, con ilustraciones, con pequeños textos, incluso con imitaciones de voz, con suplantaciones de identidad y ahí sí que entramos en un terreno en el que cada uno de nosotros deberíamos sentirnos amenazados.El Premio Planeta ha tenido siempre un extraordinario olfato para detectar las tendencias mayoritarias¿Y quién vigila para que esto no suceda o suceda a menor escala?Hasta la fecha, nadie. Hay alguna demanda puesta, sobre todo en Estados Unidos, que es donde primero se inició y donde se está también observando la reacción inicial. Los creadores en España tenemos un problema, una posición de debilidad enorme. No es comparable, por ejemplo, a los guionistas en Estados Unidos, que están sindicados y con una posición de fuerza mucho mayor. Nosotros pertenecemos a un gremio muy disperso, muy diverso, con un elemento aspiracional enorme en el que constantemente están entrando y saliendo gente. Es complicado definir, incluso, para el estatuto del creador, qué es un autor y cuándo un autor es tal. Cada autor puede hacer lo que desee, pero hay un límite determinado y ese límite tiene que ver con los derechos de autor, que es algo con lo que se ha peleado mucho durante muchos años. Lo que hace cualquier inteligencia artificial es que devora, tritura y escupe esos derechos de autor.En el elemento artístico, no me parece que las inteligencias artificiales tengan cabida. Devora y tritura los derechos de autorLectora impenitente como es, ¿consumiría un libro hecho de alguna manera con IA si lo deseara mucho?Todo esto está cambiando muy rápido, pero no encuentro un momento a día de hoy, en el que un libro que yo anhele esté escrito por Inteligencia Artificial. Me tenía que haber engañado durante años para que un autor al que yo admiro la haya usado. Son autores que tienen una obra sólida antes de la IA. No me parece interesante, tampoco me lo parece en el caso de las obras gráficas. No compraría una ilustración que me consta que está hecha por IA. En el elemento artístico, no me parece que las inteligencias artificiales tengan cabida. Creo que es una herramienta para facilitarnos la vida. En un mundo ideal nos liberarían de algunos de los trabajos más tediosos y más pesados. Pero la creatividad no es uno de ellos. Ni siquiera lo más aburrido y lo más detestado. Quizá para algunas personas puede ser la corrección de un texto. Para otras puede ser la documentación. Delegar ese tipo de funciones en una herramienta no humana no me parece lo más adecuado.Se cumplen este años los 75 años del Premio Planeta, que usted ganó en 1999. ¿Cree que la evolución de los galardones ha sido regular, teniendo en cuenta las críticas que los últimos han recibido?El grupo Planeta en general, pero la editorial Planeta en particular y muy concretamente el Premio Planeta ha tenido siempre un extraordinario olfato para detectar las tendencias mayoritarias. Y es muy sorprendente el comprobar que en estos 75 años de historia, cuando se vuelve la vista atrás, libros que en su momento nos parecían sorprendentes o que nos parecían mal traídos, han envejecido relativamente bien. Vemos también cómo marca muy claramente etapas de interés durante los años 70, 80, 90, que es lo queyo puedo abarcar en mi vida y en mi memoria. Hay un pequeño grupito con José Manuel de Prada, Carmen Posadas, Maruja Torres, Rosa Regás y yo misma, que creo que somos muy representativos y muy diferentes de cuáles eran algunos de los movimientos literarios o por lo menos de las modas literarias de la época. Y lo mismo está ocurriendo ahora. Hay veces en que ese interés es más literario, otras veces es más claramente de entretenimiento. Y los últimos años se están escorando. Hubo una excepción con Javier Cercas (que lo ganó en 2019 con Terra alta), pero se han inclinado más hacia el entretenimiento. Veremos qué ocurre en el 75º premio, que se entregará el próximo 15 de octubre. Es muy probable que asistamos a un enorme éxito. ¿Ha leído el último, Vera, una historia de amor, de Juan del Val?Estuve en su rueda de prensa cuando ganó el premio. Por lo tanto, tengo una cierta idea de qué va y cuáles han sido las bases que ha usado para escribirlo, para redactarlo. Pero no lo he leído.Entre los premios Planeta me gustó 'La tempestad' de Juan Manuel de Prada, y 'El fuego invisible', de Javier Sierra¿Y tiene alguno que le haya gustado de manera particular?Desde el punto de vista estrictamente literario, La tempestad, de Juan Manuel de Prada (1997) es uno. Y en los últimos años, yendo hacia un tipo de literatura completamente diferente, el año que lo ganó Javier Sierra (El fuego invisible, 2017), fue celebrado con mucho cariño, es un autor muy querido. Insertaba dentro de la tradición del Planeta una novela que hablaba de lo misterioso, que no dejaba de ser también un thriller al estilo de los que Javier cultiva. Permitió además que un autor que tenía unas enormes cifras de venta, tanto en España como fuera de España, fuera reconocido, por ejemplo, con críticas y con una presencia que hasta aquel momento se le había negado por parte de la prensa convencional. Son dos ejemplos que son muy opuestos pero que nos permiten ver esas dos tendencias de las que hablábamos.¿Cómo ve el mercado editorial en España: positivamente creciente o demasiado voluminoso y a punto de explotar?El número de títulos se ha incrementado, sí. La estrategia editorial también ha cambiado en los últimos años, tiene que ver más con apuestas diversas que las primeras semanas han tenido una buena acogida. Y menos en la apuesta de unos títulos concretos, como se hacía en el momento inmediatamente anterior a que yo empezara a publicar. Cuando yo empecé a publicar en el año 98, ya se empezaba a atisbar esa estrategia por parte de muchas editoriales. Se podían permitir exponer en la estantería pública de la librería títulos y temáticas diferentes y ver qué ocurría, cómo eran acogidos. Y a partir de ahí se apostaba por los que tenían un mayor éxito. Eso desapareció con la anterior recesión y en los últimos tiempos ha vuelto otra vez a marcarse esa tendencia. Tiene una ventaja: de entrada hay más títulos que con la otra opción tienen una oportunidad. Y tiene una desventaja: quien se había hecho posiblemente una opinión sobredimensionada de que con una novela o con un libro de relatos, un ensayo, estaba ya el camino abierto, pues se encuentra con la decepción de que en absoluto era así. Para los autores que llevamos muchos años, la impresión es que seguimos jugándonosla con cada libro y que la saturación hace que muy rápidamente se olviden títulos que hace solamente hace 5 o 10 años eran esenciales, sin los cuales no nos imaginábamos el panorama literario. ¿La saturación tiene consecuencias buenas también?Aunque hay quizás para el lector una saturación, también hay otros soportes. Tenemos el audiolibro, que entró con relativa fuerza hace unos años, y tenemos el libro digital, que aunque no ha suplantado, como se temía, al libro físico, sí que desvía parte de su venta y de la lectura hacia ahí. Tenemos además una comunicación bastante fluida entre los libros más exitosos y las adaptaciones audiovisuales, que hacen a su vez que se retroalimente de terminado efecto. Mientras que otros libros muy meritorios quedan fuera porque si el tiempo de leer es limitado, el de ver películas o series es todavía más, más limitado, porque hay muchísimo más, claro. Es algo muy desconcertante, sobre todo para quien, aunque sea ahora joven o sea un nuevo autor, se ha educado en la creencia de que el mundo literario es un lugar mucho más calmado. Por eso, yo le tengo una cierta manía a la idealización de todo esto. Encuentro mucha decepción entre los jóvenes autores o primerizos o quienes aspiran a convertirse en un día en escritores. Creen de verdad que lo que ven en las ficciones norteamericanas es lo que está pasando en estos momentos. Creen que basta el talento o basta el esfuerzo para triunfar en un mundo y en un oficio que parece solitario, pero que luego entra en un sector colectivo. Y ahora mismo, también ha cambiado gran parte del modelo de producción. Esas grandes plataformas han hecho que el librero y la recomendación saltaran a otros terrenos. Sigue habiendo libros, sigue habiendo recomendaciones, pero esas recomendaciones están mucho más segmentadas, en nichos de interés. Lo que está sufriendo es el libro, que se encontraba con 2.000, 5.000, 7.000 lectores a lo largo de equis tiempo, porque está desapareciendo en favor de los dos extremos. Eso hace también que muchos autores que desarrollaban en sus libros universos interesantes estén desapareciendo o sean condenados a los márgenes.Si no colaborara en medios como '20minutos', es muy probable que ni viera, ni escuchara, ni leyera noticiasUsted tiene una colaboración en 20minutos. ¿Cree que el periodismo es una buena vía para invitar a la literatura?Para mí, el periodismo es el ancla con la realidad. Y muchas veces lo he dicho, si no colaborara en medios, es muy probable que tampoco viera ni leyera noticias, ni las escuchara. Porque es mucho más cómodo para mí permanecer aislada y continuar generando una especie de magma propio y dedicarme directamente a la ficción. Pero, he optado hace muchos años por escribir también no ficción, y eso implica un compromiso también con la realidad. Yo tengo un espacio privilegiado, que es el de la columna de opinión. Permite un una hibridación muy atractiva para quienes no nos sentimos del todo a gusto en la realidad pero queremos salir también de la pura ficción. Hay lectores que solo leen las columnas de opinión. Hubo un tiempo en el que solo se compraban periódicos por un columnista. Me da la impresión de que esos tiempos han pasado. No es fácil escribir una buena columna. Creo que, de hecho, los columnistas son muy apreciados, tanto por los periódicos como por los lectores, porque el giro que ofrecen respecto a algo que todos estamos viviendo es completamente diferente al de la novela, pero remite también a ese universo literario.También tiene una colaboración en un programa de radio para Madrid. ¿Que lecturas le inspiran esta ciudad?Yo remitiría principalmente a la obra de Andrés Trapiello. Puedes estar más o menos de acuerdo con el autor. Pero yo creo que la calidad de la escritura es bastante poco discutible. Ha hecho una gran labor enciclopédica sobre un montón de temas, pero en particular con su relación con Madrid, viniendo él de León.La visita del Papa León XIV a España, ¿qué opinión le merece, en lo que transmite?La verdad es que cuando él estaba en Madrid, yo estaba en Canarias, y ahora que está en Canarias, estoy en Madrid. Pero esperaba con mucho interés la reacción en la encíclica. Eso sí que me interesó mucho. Estaba, de hecho, esperando con cierta curiosidad, en qué momento León XIV comenzaba ejercer su carisma como pontífice. Y en qué punto iba a retomar la labor de Francisco para a su vez transformarlo en una voz propia. Y ha entrado por la puerta grande, tanto con la encíclica como con esta visita, que no ha dejado indiferente a nadie, que además ha tenido unos hitos muy medidos, como por ejemplo, el hecho de que el discurso fuera no solamente ante las audiencias, sino ante los políticos.Soy ese perfil odioso de autora a quien tienen que estar persiguiendo para que entregueProlífica como pocos, ¿con qué está ahora?Sobre todo, estoy angustiada, porque tengo muchas fechas de entrega. Tengo muchas cosas que finalizar y no encuentro el momento. A mí me gusta empezar las cosas y me cuesta mucho acabarlas. Soy ese perfil odioso de autora a quien tienen que estar persiguiendo para que entregue. No porque no quiera entregarlo, sino porque me interesa más abrir otro frente y abro otro frente y abro otro frente. Ahora tengo dos ensayos, uno de ellos ilustrado. Que es una línea que me gusta mucho, la parte gráfica. Y tengo una novela y otra juvenil. De aquí a dos años más o menos podré entregar. La novela será una novela histórica, como Llamadme Alejandra y la Flor del Norte. Será más o menos en esa línea, espero que con la madurez adquirida en los últimos años. Y respecto al ensayo, el que me tiene más loca y más entretenida es una historia de la literatura sui generis, que es otro de los temas que me entusiasman. La historia vinculada con las obras literarias de los autores.Conforme a los criterios deRosa BallarínPeriodista Cultural '20minutos'Rosa Ballarín Borruel es redactora de 20minutos desde 2023. Trabaja en la sección Estilos de vida, sobre cultura y entretenimiento. Su especialidad son los temas relacionados con libros y entrevistas con escritores.