Inició el Mundial de futbol con el triunfo de México, 2-0, sobre Sudáfrica. Una victoria de la Selección que hace sentir bien a los mexicanos, sin importar posiciones, colores, partidos o clases sociales. Pocos deportes o acontecimientos logran lo que el balompié: incluso para quienes no somos fanáticos, el triunfo despierta un sentido de pertenencia y orgullo por el país.Sin embargo, este Mundial tiene un sabor profundamente amargo. Mientras el grito de gol surge con emoción de las gargantas de millones, también resuenan en las calles del país el llanto, la impotencia y el dolor de miles de mexicanos.Las madres buscadoras, los jubilados de las paraestatales, grupos de médicos, mujeres y activistas intentan, con desesperación, ser vistos, escuchados y atendidos por el gobierno. La presencia de la fuerza pública evidencia a un país convulsionado, aunque el oficialismo lo niegue y, como de costumbre, invente enemigos para justificar el fracaso de su política pública, invisibilizar sus omisiones, cubrir el incumplimiento de sus promesas y negar una realidad social que ya lo rebasó.La noche previa a la inauguración, rumbo al Estadio Azteca, se volvió viral la imagen de Vicky Ponce, representante del colectivo Madres Buscadoras de Jalisco, hincada frente a la valla de miles de policías desplegados para impedir el avance de las manifestantes. Su súplica resumía una tragedia nacional: “Por favor, déjennos pasar; vean el dolor de cada una de nosotras. Déjennos pasar: queremos que regresen nuestros hijos”.Ese colectivo forma parte de los grupos de madres que, tan solo en Jalisco, han localizado más de 165 fosas clandestinas. La crisis de personas desaparecidas hoy es, quizá, uno de los problemas más graves para el oficialismo encabezado por Claudia Sheinbaum. Los señalamientos de instituciones nacionales e internacionales son permanentes y la exigencia de justicia no cesa.Los periódicos de todo el mundo llevaron a sus primeras planas las imágenes de las manifestaciones multitudinarias, mientras el gobierno, fiel a su reflejo defensivo, se atrincheraba tras el despliegue policial y la movilización de funcionarios de la Ciudad de México para sostener la versión de que todo era producto de un boicot de la “derecha”.México atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. La institucionalización del crimen organizado y la cada vez más evidente presencia de la narcopolítica en la vida pública han avanzado de manera indiscriminada, sin que exista la menor intención, de quienes hoy gobiernan, de cambiar esa realidad y enfrentar con toda la fuerza del Estado a los grupos criminales que ya forman parte del entramado de poder.Por eso, la urgencia de un cambio de rumbo es ineludible. Seguir por la misma ruta sería catastrófico, sobre todo para las generaciones que no saben con claridad qué ocurrió con México en estos años en los que se les prometió futuro, pero se les sigue anclando al pasado.Pero ese viraje exige una autocrítica profunda de las oposiciones partidistas. No se puede partir de análisis superficiales que, en vez de corregir el rumbo, lo siguen agravando.Como militante del Partido Acción Nacional, me parece urgente reconocer, con humildad, que no estamos a la altura de lo que el país demanda. Después del cambio de dirigencia, de al menos tres actos de relanzamiento, de la repetición de la narrativa de la “renovación” y de los resultados electorales en Veracruz, Durango y recientemente, Coahuila, no se puede persistir en el autoengaño de que “vamos por el camino correcto”.Hay que decir con firmeza que esos resultados son producto de la entrega del partido a franquiciatarios más interesados en sí mismos que en México. Ahí está por ejemplo, el caso de los Yunes en Veracruz que todavía forman parte del partido, la entrega de notarías y posiciones administrativas en convenios de coalición que desdibujaron al partido en Coahuila y otros estados, los actos de corrupción y conflictos de interés como los del alcalde de Metepec y la subordinación de liderazgos estatales a gobernadores morenistas. Casos sin ninguna consecuencia interna, que envían el mensaje de que somos lo mismo que tanto criticamos.Resultados como el de Coahuila no son consecuencia de haberse negado a una alianza con el PRI, sino de una serie de eventos que siguen en la impunidad bajo la alfombra de las oficinas de los que piensan que así se ayuda al país.Contrario a lo que algunos panistas sostienen, al PAN no le hace daño la crítica interna que se hace pública; le hace daño la impunidad de personajes que no respetan a la institución ni aman al país. Le hace daño la simulación y la ausencia de verdadera operación política, que no se construye con brigadas en cruceros ni con recorridos para tocar puertas, sino con diálogo, acuerdos, planeación y estrategia.Por eso debemos seguir denunciando los abusos y los errores del oficialismo, pero también insistir en que la oposición partidista cambie de rumbo. La calidad moral para exigirlo no la otorgan las fotos junto a los liderazgos para “quedar bien”, ni las selfies en la calle simulando trabajo, ni la asistencia a eventos donde predomina la superficialidad mientras, detrás de bambalinas, se pacta con el oficialismo. Tampoco la concede un asiento en órganos de decisión concebidos como espacios de desahogo y no como foros de análisis y debate para tomar las mejores decisiones.La calidad moral para exigir el cambio la dan la congruencia de vida, la decencia pública, la lucha sincera y el camino recorrido, con fracasos y victorias, que permite confirmar que nadie debe arrepentirse de hacer lo correcto, aunque no les guste a todos.A México le urge un cambio, y ese cambio debe traducirse en las urnas. Pero no puede limitarse a un relevo de colores: millones de mexicanos aspiramos a una clase política profesional, empática, plural y responsable, que entienda de una vez por todas que la patria no puede seguir siendo rehén de unos cuantos.Política y activista. @AdrianaDavilaFÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.