-Ya estamos en Galicia, maestro.-Digo.Morante despierta con el frenazo del Cessna al tocar tierra. Su frondoso pelo azabache se le ha encrespado por la coronilla. Ni una arruga en su colorida camisa de Etro, el pantal�n blanco de lino inmaculado, el canotier de paja sobre las rodillas. Pedro, su apoderado, su b�culo, sosten�a la almohadilla en la que reposaba su cabeza inclinada. La intensidad de los tres d�as anteriores en Palma de Mallorca, Marbella y El Puerto de Santa Mar�a, con sus tres corridas nocturnas consecutivas, han sido de una exigencia f�sica agotadora para cualquiera. De las tres ha escapado milagrosamente indemne. La ma�ana del domingo luce radiante en el aeropuerto de Vigo, despejada de la bruma. El vuelo desde Jerez en el jet alquilado ha ido como la seda, surcando Espa�a de punta a punta por dentro de Portugal. S�lo un sobresalto ha interrumpido su sue�o con un golpe reflejo en la pierna: �Se me ven�a encima el toro�, dijo con el susto a�n en la mirada. Y se volvi� a dormir. Torea por la tarde en Pontevedra.La m�sica suena en la suite 209 del hotel Duques de Medinaceli, un palacete del siglo XVIII, en la frontera del centro de El Puerto de Santa Mar�a. �Cuidado con el yacar�/ cuando te acerques al r�o�, canta Calamaro. Sobre la mesa acristalada de madera esperan su momento unos habanos con la vitola de Juan L�pez, una cajetilla de Marlboro Light abierta como m�quina expendedora, un vaso colapsado de colillas y un pastillero azul con el tratamiento psiqui�trico del maestro. Descansa sonriente en el sof� de �poca, como �l, con el torso desnudo y las piernas asaetadas de pitonazos, moretones con puntas sangrantes. A sus 45 a�os y casi 30 de alternativa, Morante de la Puebla es el torero de la temporada. Una temporada antol�gica, inalcanzable, sembrada de hitos. Sevilla, Madrid, Pamplona... Lo asombroso de su a�o ya no es s�lo la inaudita regularidad en el arte, la remontada desde las tinieblas del invierno, sino la entrega absoluta de cada tarde, la pureza con la que se ofrece al toro. Como si quisiera cumplir con el destino que le requer�a Valle-Incl�n a Juan Belmonte: �S�lo te falta morir en el ruedo�. �Se har� lo que se pueda�, contest� el Pasmo.Para saber m�sAcaban de colgar el tel�fono con el doctor Val-Carreres para hacerle una consulta, y Pedro prepara la jeringuilla con la infiltraci�n para la cadera. Pedro hace de todo y le indica que se tome el Voltar�n: ��Duele el l�quido?�. Morante va se�alando d�nde debe entrar la aguja, no muda el gesto, tiene carne de perro. La golpiza de la m�gica noche marbell�, el viernes, dej� huella tambi�n en su cuerpo: �Me cogi� para partirme�. Juan Carlos, su mozo de espadas, primo del alma, ha montado la silla con el vestido nazareno y azabache como armadura del combate. Aguarda para el encuentro, que ser� convulso encontronazo, con Roca Rey: �La palabra veto nunca sali� de mi boca�, aclarar� luego respecto al affaire de Santander. Las cuitas vienen de lejos.Morante de la Puebla se prepara para la corrida en el Puerto de Santa Mar�a.El ritmo de los caf�s se incrementa parejo a los silencios. Y Morante empieza a adquirir la apariencia de talla del Gran Poder, de ese dios que baja por las tardes a absolver a los mortales con sus ver�nicas. El reborde verde de las chorreras de la camisa blanca homenajean a Gallito, la calzona encuentra su sitio. Ya no usa el antiguo calz�n largo de hilo -�se pega y hace pliegues�-, y detesta los pantis de licra de los toreros modernos. Brinca a saltitos por la habitaci�n, no tanto para probar el ajuste, sino la infiltraci�n. Se estira, se duele. La dosis se quedar� corta y en la enfermer�a de la plaza la redoblan. Como en el ruedo redoblan los tambores de guerra con el C�ndor del Per�. La tarde se recordar� por eso sobre el fondo de su magisterio, un d�a m�s, ninguno igual. Abajo, en el patio del hotel ducal, aguarda la cuadrilla entre un murmullo de partidarios. Alberto Di Lolli se empotra con su c�mara fotogr�fica en la furgoneta. Como lo har� en el avi�n y en la intimidad del genio con quien cruzaremos el mapa, testigos privilegiados de 48 horas inolvidables, trepidantes, convulsas, con doliente final. El flamenco de Luis de la Pica es la banda sonora en el camino a la Real Plaza del Puerto. Nadie habla nada. Un calor pegajoso inunda las calles.Las 48 horas que EL MUNDO ha pasado con Morante de la Puebla viajando por Espa�aZABALA DE LA SERNA / ALBERTO DI LOLLI (V�deo)Morante de la Puebla atraviesa la puerta grande el primero al final de la corrida, con su montera antigua calada, la sonrisa puesta, por delante de Roca Rey y Daniel Crespo, surfeando la apoteosis de la tarde volc�nica. Alcanza la furgoneta donde ya se ha roto el silencio, entre la alegr�a, la indignaci�n, la pol�mica y las manos que se cuelan por las ventanillas. La pasi�n desatada. �Quien no ha visto toros en el Puerto no sabe lo que es un d�a de toros�, sentenci� Joselito el Gallo. MdlP lo ha vuelto a hacer, el arte del toreo, la entrega sacrificial, escapar vivo. �Yo creo que me he tirado, el toro me iba a arrollar�, analiza frente a un solomillo ya en la habitaci�n 209 del hotel. La bestia se le vino encima cuando quiso pararla con tan s�lo medio capote, de salida, en una especie de chicuelina que se tiene por suerte vieja y es una nueva creaci�n suya. Tan arriesgada como bella, si sale... Una temeridad. Comenta la agarrada con el C�ndor por la inoportunidad de su quite. Morante Jr., el hijo que es promesa cierta del Betis, asiente mientras consulta las redes sociales en el m�vil. Tocan a la puerta. Su padre deja el plato para atender puesto en pie a Ni�a Pastori, al Boli, a Tomatito, que le hace sentir heredero de una estirpe. Del hilo que baja de Romero y Paula. �Esa es mi l�nea, lo del tremendismo lo respeto, pero...�, cuenta el m�tico guitarrista. Y hace posturas caricaturescas, cambi�ndose pases por la espalda, ante la sonrisa de Morante. La visita es breve. El viaje que espera el d�a siguiente es largo. Hasta Vigo. Pedro le da la medicaci�n. Conviene descansar.El representante de Morante le infiltra anest�sico, antes de la corrida en Pontevedra.La furgoneta al aeropuerto de Jerez atraviesa el domingo la tierra agostada y los campos de girasoles vueltos. Ya hace calor y es temprano. En el rostro reci�n afeitado de Jos� Antonio a�n se dibujan los pliegues marcados de la almohada. La cojera contin�a pero le resta importancia. Viaja como un dandy. Su colorida camisa de Etro, el pantal�n blanco de lino, el canotier. Comenta la diferencia del jet con la avioneta de la �ltima vez. El sol platea el lomo del Cessna. El piloto, Luis Abril, y su copiloto saludan a Morante, orgullosos de transportarle. Ocupamos las cuatro plazas del angosto y lujoso aparato. Como un micro submarino del aire. Despegamos con suavidad. Es tiempo de hablar de todo. De la temporada antol�gica. Del a�o hist�rico de un torero para la Historia. De las pol�micas, la suerte y el miedo.�Duerme bien?S�, con la pastillita.Si en el a�o 2022, la temporada de las 100 corridas, subrayamos lo inaudito de la regularidad en el arte, �este a�o qu� d�cimos?[Una pausa larga, una sonrisa] Que se ha conseguido, �no? La verdad es que est� siendo un a�o hist�rico por los triunfos logrados, consecutivos. Y esperemos que esto siga igual, aunque no es f�cil. El factor toro, que quiz� me haya fallado otros a�os, ayuda.Cuatro antolog�as en Sevilla, la puerta grande de Madrid, Pamplona... Est� siendo una cosa...[Interrumpe] Milagrosa. El invierno fue muy duro. Yo tengo un problemilla de un trastorno en la cabeza cr�nico [trastorno disociativo de la personalidad], que me molesta mucho. Haber conseguido todo eso con tanto esfuerzo, tirando hacia delante, provoca una satisfacci�n m�s grande.M�s all� de todas sus virtudes art�sticas y t�cnicas, m�s all� de su clasicismo, hay algo que llama poderosamente la atenci�n: la entrega absoluta, la pasi�n, c�mo se ofrece a los toros, todas las l�neas rojas traspasadas, que a veces asustan.Me paso los toros m�s cerca que nunca, y eso tiene una emoci�n mucho mayor. Y bas�ndose en eso se han sumado muchos nuevos morantistas.Y mucha juventud.Much�sima. Es lo que m�s me gusta. Ver a los j�venes bajar al ruedo para intentar sacarme a hombros. Verlos con esa emoci�n es lo que m�s me agrada. Nunca me hab�a pasado. Antes ten�a que buscar a alguien y pagarlo que te sacara a hombros, aquellos capitalistas. Y ahora se pelean por hacerlo.Sus piernas son dos mapas de pitonazos, se est� escapando de la cornada...Estoy teniendo suerte. De joven me cornearon mucho m�s. La suerte influye. Me pegan varetazos que pod�an ser cornadas.Dec�a �lvaro N��ez que usted es como el caso de Benjamin Button, que va a acabar con m�s valor que con el que empez�.Est� sucediendo algo inaudito. Sentir las plazas llenas al reclamo de un torero que lleva muchos a�os de alternativa. Un torero cl�sico. No de otro estilo.Que un torero de los llamados de arte domine el escalaf�n num�rica y moralmente y tambi�n la taquilla es ins�lito.Nos ha cogido por sorpresa [risas] Es algo hist�rico.�Con qu� faena se queda de este mar de antolog�as?La primera tarde de San Isidro. Creo que ha sido la m�s importante. Habr� habido otras, pero me quedo esa. Por el miedo que se pasa, Madrid siempre es especial. Como su cari�o. El pr�ximo 12 de octubre tambi�n va a ser especial. [Hace doblete ma�ana y tarde en Las Ventas, con el festival de Anto�ete que abandera y la Corrida de la Hispanidad].�Ya no tira nunca las tres cartas?Bueno, cuando es malillo, no se crea [risas de nuevo]. Pero si hay alguna posibilidad, frente a la dificultad, me encuentro mejor que nunca.�Qu� ha pasado con Roca Rey anoche en El Puerto?Tuvimos unas palabras en el callej�n por un quite que hizo despu�s del cuarto puyazo que no me pareci� correcto. Parece que no le sent� bien. Yo creo que al final en estas cosas se llega a un entendimiento, y quedar� todo en una an�cdota. La rivalidad en la plaza es bonita pero siempre dentro de un respeto. Quiz� no lo sab�a, no lo hac�a con mala intenci�n, no lo s�. Pero se lo ten�a que decir y se lo dije.El desencuentro viene desde Granada, cuando Roca no sale a revisar el ruedo tras la tormenta con Aguado y usted.Claro. Ah� est�bamos Pablo y yo mientras �l no sal�a. Argumentaba que hab�a mandado a un banderillero. ��Qu� pasa, que t� no tienes piernas y ojos?�, le tuve que decir. El compa�erismo es importante.A partir de ese momento se tuerce la relaci�n. Hay carteles firmados de antes en los que torean juntos pero el equipo roquista evita coincidir desde entonces, y usted quiere hacerlo visible. �El conflicto de Santander se ha contado bien?La palabra veto nunca ha salido de mi boca. Carec� de suerte en el mano a mano con Juan Ortega, y me ofrec� para la sustituci�n. Como los honorarios de Roca Rey tambi�n son altos, quise donar los m�os a una causa ben�fica. Si eso se malinterpret�, no lo s�. Tambi�n he escuchado a otros compa�eros con los que tampoco ha querido torear. Yo toreo con todo el mundo. La verdad es que me hubiera hecho mucha ilusi�n hacerlo en esa corrida y no la pude torear porque �l dijo que no.Adem�s de las plazas, se ha ganado la calle. No qued� un pamplon�s en San Ferm�n sin su selfi con Morante.Siempre me ha gustado estar cerca del pueblo y la gente. No soy de buscarme hoteles donde no me encuentren.Detalles de las heridas en la pierna.A la altura de Lisboa, tras un caf� y un muffin de chocolate, el sue�o hace presa en Morante. Despertar� con el sobresalto de la pesadilla: �El toro se me ven�a encima�. Aterriza suavemente el jet en Vigo. Torea por la tarde en Pontevedra.La habitaci�n 210 del hotel pontevedr�s R�as Bajas no gasta lujos ni espacios sobrados. Morante de la Puebla vuelve a escuchar a Calamaro, Pedro vuelve a infiltrar el anest�sico en la cadera, Juan Carlos vuelve a preparar la silla. Es caldero y oro el vestido. Es c�clico el tiempo, pero con otro terno. El maestro, enfundado en un elegante bat�n de seda de Gennaro Rubinacci, se pega los esparadrapos en las espinillas. El propio modisto napolitano del lujo sube a verlo con verdadera devoci�n. La torer�a adorna cada detalle del proceso. Cuando le atornillan la casta�eta cobra su perfil un halo antiguo. A veces musita en silencio, palabras que no salen, pensamientos que arquean sus cejas. El viento sur refresca la ciudad y entra por la ventana abierta. Sube el ruido de la calle de un pueblo en fiestas. La Peregrina se celebra con toros. Anuncian una corrida de Garcigrande, el primer toro se llama Carrill�n. Le ha tocado a Morante. Corea la plaza su nombre, antes de la tragedia: ��Jo-sean-to-nio Mo-ran-te-de-la-Puebla!�.Lo torea como siempre, pas�ndoselo muy cerca, m�s despacio que nadie, mejor que ninguno. No le pierde un paso, a pesar de que el toro viene durmi�ndose. Hasta que sucede la cornada temida, presentida, quiz� so�ada en el avi�n: �El toro se me ven�a encima�. Es extensa, pero limpia. La serenidad no abandona al maestro de La Puebla en la camilla. Tampoco la torer�a. �Gajes del oficio�, expresa. Pedro a su lado. No sedan a Jos� Antonio, le operan con anestesia local. El empresario Luisma Lozano entra, y se sorprende de la imagen, �de otra �poca�. Los goteros bajando a los brazos del torero, la camisa de las chorreras verdes puesta, la taleguilla partida, el agujero en la pierna derecha, la torer�a de una pieza. �Te vas a librar de pagar la mariscada de esta noche�, le suelta con su ingenio Morante a Lozano. La orfandad de la temporada, lo que dure la convalecencia, se expande por Espa�a.Morante de la Puebla y Roca Rey, en el Puerto de Santa Mar�a.La cornada es m�s extensa que profunda. Diez cent�metros de herida anfractuosa, el orificio de entrada. Y dos trayectorias, una descendente de otros 10 y otra ascendente de seis. El abductor tocado, el drenaje puesto y el traslado al hospital Quir�n. Firman el pron�stico como grave. Podr�a haber sido peor. Vale. La aventura tremenda de estas 48 horas no acaba en la cl�nica. Pedro J. Marques pide que le hagan un TAC y pruebas radiogr�ficas que descarten otros da�os, alguna trayectoria oculta. Quieren irse a Portugal. Aduce el apoderado los riesgos psicol�gicos, el miedo a la quiebra de la salud mental. Y as�, con los puntos recientes, el drenaje puesto y el tratamiento antibi�tico, la habitaci�n 210 del hotel R�as Bajas se convierte en una 210 hospitalaria. Morante de la Puebla duerme en ella, y duerme muchas horas. De las 12 de la medianoche a las 10 de la ma�ana. Afebril, cansado, reventado por el toro. Tanta verdad ten�a un precio.�Se met�a mucho por el derecho, afligidito. Y se volvi� sobre las manos�, cuenta Morante la ma�ana del lunes en la 210 del hotel R�as Bajas. Lo hace en un pijama blanco de verano, somnoliento, desayunando un cruas�n y un caf� cortado. El propio Pedro procede a hacer la cura. Quita el vendaje compresor y aparece el boquete suturado. El drenaje justo debajo. Voluminoso costur�n. �Demasiado labio. Ha quedado mucho labio�, dice se�alando a los gruesos rebordes de la cicatriz. �Parece de caballo�, apostilla el maestro. Y el apoderado desinfecta la zona sobre una gasa verde y guantes de l�tex azules y ya se plantea si habr� que retocar la exagerada separaci�n de la carne. El sentido del humor del torero carece de topes, ni el dolor hace de dique: ��Estoy para el segundo tiempo?�. Un minuto antes hab�a hablado de Diego Armando Maradona, y luego se acuerda de una fotograf�a de Rafael el Gallo convaleciente en Algeciras, con una gasa como una banda sobre el pecho: �No estaba gordo, al rev�s, pero luego en la plaza se le ca�a la barriguita�.Morante de la Puebla duerme en el avi�n privado que le traslada a Galicia.El Chino, conocido capitalista que viaja por las plazas sacando a hombros a los toreros, sube y baja a la cafeter�a con caf�s y tabaco. Las escenas se sudecen en el l�mite de la realidad. Prende un marlboro el cigarrero antes de la cura, muy torero, como hay alguna foto de Manolete en El Ruedo. Las maletas yacen abiertas y revueltas en un lateral de la cama con cabecero de madera esperando a ser cerradas. Los Lozano, Luisma y Pablo, por este orden, pasan a la habitaci�n 210 para interesarse por Morante. Vuelve la co�a sobre el marisco debido, la mariscada pendiente. N��ez Feij�o se ha interesado por el torero que ya ha grabado en 2025 su nombre a fuego, encaramado en lo m�s alto de la historia del toreo. La cornada acrecentar� su leyenda cuando vuelva. �Cu�ndo? Cuando sea. No hay prisa, aunque tiemblen las empresas y tiriten las ferias con agujeros en la taquilla. �Qui�n puede sustituir a Morante? Nadie.La furgoneta acondicionada aguarda en la calle con una cama incorporada y parten hacia Portugal, la tierra que sobrevolamos un d�a antes, en el ecuador de estas 48 horas convulsas, trepidantes. Cuando Morante de la Puebla se despert� sobresaltado por un toro que se le ven�a encima.
Viaje de punta a punta de Espa�a con Morante de la Puebla: las 48 horas que han sacudido el toreo
-Ya estamos en Galicia, maestro. -Digo. Morante despierta con el frenazo del Cessna al tocar tierra. Su frondoso pelo azabache se le ha encrespado por la coronilla. Ni una arruga...








