Clara Peya (Palafrugell, 1986) publica su decimoquinto disco a los cuarenta años. Una artista prolífica y precoz —en 2019 se convirtió en la ganadora más joven del Premio Nacional de Culturas del CoNCA— que ha vuelto a recibir los parabienes de la crítica con Nuca (Hidden Track Records), una obra sobria e intimista en la que la pianista catalana cede el micrófono a quince intérpretes, de El Niño de Elche a Rita Payés.Publicidad¡Quince discos en dieciocho años!Estoy intentando hacer un cambio, porque la música para mí siempre ha sido el lugar de sanación, un refugio y un salvavidas al que me he aferrado con uñas y dientes. Sin embargo, ahora mismo estoy harta de sobreidentificarme con la música y con el piano. Tengo ganas de saber quién soy, qué quiero y qué me gusta, sin ceñirme a estos ritmos tan locos que exige el capitalismo. Básicamente, quiero volver a los tiempos lentos, a la presencialidad, a las cosas profundas, pequeñas, sentidas y verdaderas. Todo esto lo he hecho porque lo necesitaba, pero ya no me sirve y tampoco me parece una respuesta al sistema. Para mí la respuesta al sistema es lo contrario, por lo que estoy cambiando de paradigma.Llama a la calma, aunque es hiperactiva. Y a los quince discos habría que sumar bandas sonoras y música para teatro.Una locura absoluta.Estudió piano clásico y luego jazz, pero ha terminado haciendo…He terminado haciendo lo que me sale del alma y lo que necesita mi persona para expresarse. El arte, además de una herramienta potente de transformación, es un espejo de lo inconsciente. Sacas lo que tienes dentro y lo conviertes en algo, haciendo que los malestares salgan de tu cuerpo. El arte también explica la actualidad, por eso yo no lo separo de la política. De hecho, el mundo en el que vivimos, en este contexto tan terrible, da lugar a unas creaciones concretas.Aunque las rechaza, cuélguese una etiqueta. ¿Qué van a escuchar los oyentes?Un piano muy sentido y delicado que intenta hablar desde dentro hacia fuera, y que es un grito de auxilio pero también de esperanza. No le voy a decir al público si suena más jazz, más clásico o más pop. Lo interesante es que toco con un piano de pared con sordina, para que se perciban todas las imperfecciones, para que se escuchen todos los ruidos, para obtener un sonido menos orquestado y más íntimo, susurrado y frágil. Porque la vida es imperfecta y mola que el sonido también lo sea.Publicidad"La soledad es un mal de época"¿Por qué la nuca?Cuando estás en tu casa encerrada, individualizada y atomizada, no ves nada. Y la nuca es el lugar donde puedes girar el cuello, mirar hacia atrás y ver a la otra persona. No digo que nos quiten nuestra soledad, pero sí que podemos hacer una coral de soledades y compartir las nuestras. Porque la soledad es un mal de época que no nos puede quitar nadie. La soledad es un resultado de este sistema, que solo nos quiere produciendo. Entonces, intenta que no haya encuentro, porque en el encuentro está la resistencia: en el encuentro de los cuerpos y en el encuentro presencial de las personas. Por eso yo digo que tenemos que celebrar, porque celebrar es hacernos caso y darnos placer a nosotras. Eso no es productivo para el sistema pero sí para nosotras, porque nos cuida.Los tiempos no acompañan, aunque en medio de la incertidumbre su mensaje es optimista.Mi mensaje es una propuesta esperanzadora para juntarnos desde el sí. En cambio, siempre pensamos en la diferencia y nos separamos, cuando juntarnos desde el sí es la única manera de poder generar cambios.PublicidadMejor sonriente que enfadada.Estoy enfadada porque el contexto es desesperante. El enfado es muy necesario y no quiero que se minimice, sin embargo ahora ya no me sirve. Por eso el disco es tan pequeño, tan íntimo, tan susurrado, tan acústico... En él no hay enfado.¿Con la Flotilla vivió una experiencia límite a nivel personal?Absolutamente terrible. Para mí fue una situación traumática y supuso un antes y un después. Yo no estaba preparada para este tipo de misiones, porque el durante resulta duro, pero el después es durísimo. Regresas aquí y no entiendes nada, porque ves que el mundo continúa y, a pesar de todo, nada cambia.¿Sigue convencida de que el arte puede transformar la sociedad o es solo un analgésico?Sigo convencida de que el arte es una herramienta potentísima para transformar la sociedad, pero necesitamos más cosas. Por eso es tan importante que sea accesible y cotidiano. Hay muchísimos países y culturas donde la música y el arte son un lugar de resistencia, aunque aquí no sucede eso. Aquí no nos juntamos para tocar y cantar todas juntas, sino que nos juntamos para ir a ver a alguien que hace algo, por lo que acaba siendo mucho más jerárquico."Nos han inculcado tanto el progreso individual que no pensamos en una respuesta colectiva"Alude a la accesibilidad, pero no ha dudado en retirar su música de Spotify, pese a que eso le resta visibilidad.Claro, aunque para mí la accesibilidad no pasa por estar en una plataforma de estructura fascista y genocida, que maltrata a las artistas, extremadamente capitalista y con afán de ganar mucho dinero, que paga muy poco, con inteligencia artificial, que pone dinero para la investidura de Trump, que emitió anuncios del ICE y cuyo fundador ha invertido 700 millones de dólares en tecnología militar. O sea, que se dedica a matar niños. No puede ser. Creo que sería de suma responsabilidad que nos fuésemos todas: artistas y usuarias. Lo que pasa es que nadie está dispuesto a perder sus privilegios y sus comodidades. Nos han inculcado tanto el progreso individual que no pensamos en una respuesta colectiva.¿Cuándo entendió que tenía que abandonar Spotify?Hacía tiempo que veía que Spotify no era un lugar bonito y bello, pero esa inversión en tecnología militar fue la gota que colmó el vaso.También ha denunciado que Spotify paga a los artistas unas cifras irrisorias.Los ingresos son irrisorios, pero yo tenía un pico. O sea, evidentemente he perdido dinero al irme de Spotify, aunque sin duda era mucho menos de lo que debería cobrar. El 90% de mis oyentes estaban en Spotify y calculo que con los discursos y los vídeos he conseguido que un 4% se moviera a otras plataformas. Eso significa que he perdido el 86% de mis oyentes. No tiene sentido que tengamos acceso a todo y que la música sea gratuita. A nosotras nos cuesta mucho dinero y esfuerzo grabar un disco. Luego lo cuelgas y todo el mundo lo puede escuchar. Nos hemos acostumbrado a unas cosas que no son muy lógicas.Publicidad"El arte es un espejo de lo inconsciente"En Nuca ha contado con quince intérpretes y usted se ha reservado la última canción: pesa, por encima de la persona, la obra.Más que la obra, pesa el mensaje de la obra. Quizás el disco tenga limitaciones en la difusión, debido a los motivos anteriores, pero el mensaje puede llegar mucho más lejos.¿Cómo lleva el disco al directo con menos voces?El reto fue conseguir la coralidad con mucha menos gente. Estoy muy contenta, porque es un directo muy frágil, muy vulnerable, muy acústico, muy pequeño, muy sentido y muy real. O sea, es un directo que se puede romper en cualquier momento.¿El minimalismo del disco es una respuesta a la impostación en la música?Sin duda. La industria de la música se ha convertido en un producto y los conciertos en directo están todos enclaquetados, hasta el punto de que hay más bailarines que músicos. Llevan bases, hay voces que cantan sobre otras voces y suenan muy parecidos a los discos. Se pone el plástico por delante y no la fragilidad, la música o, en definitiva, la vida.