Aún recuerdan su primer bolo, en el garaje de su casa en Camargo, Cantabria. Aunque el primero más serio tuvo lugar algo después, en 2011. “Teresa tenía 14 y yo 16, fue un viernes, en la taberna Cható de Torrelavega”, hace memoria Marina Iñesta (Santander, 32 años) mientras su hermana, Teresa (Santander, 29 años), asiente con la cabeza. “Era una mezcla de versiones y canciones propias, no teníamos mucho repertorio”, añade. “Still loving you, de Scorpions, nos quedaba muy guay”, apunta entre risas Teresa, “pero nuestra primera canción fue Dime, la hicimos con nueve años”. Ahora ya no la tocan, pero han logrado que su proyecto infantil sea su profesión. Eligieron Repion como nombre porque en castúo (habla de Extremadura, su padre es originario de Llerena, Badajoz) significa peonza. “Siempre quisimos girar, girar y girar”, dicen. Como plan B Marina estudió Enfermería y Teresa Comunicación Audiovisual. Cada una acaba las frases de la otra, preparan su primera Riviera (el concierto será el 16 de octubre) y afrontan con ganas la temporada de festivales (que arrancaron en el SanSan de Benicàssim y el Bime de Bogotá y continúan en citas como el Planeta Sound de Ponferrada, el Portamérica de Caldas de Reis o el Low de Torrevieja) tras haber publicado el año pasado 201, un álbum de sonido noventero que ha impulsado su carrera.Pregunta. ¿Qué es lo mejor y lo peor de tener un grupo de hermanas? Marina Iñesta. Creo que no funcionaríamos todavía como banda si no fuéramos hermanas. Que sea un proyecto familiar ha hecho que las dos tiremos para adelante, que nos apoyemos. Teresa Iñesta. Que sea muy difícil rendirse. M. I.: Lo peor es que a veces no somos hermanas, a veces solo somos compañeras de trabajo. P. ¿Creen que sin la banda se habrían distanciado? M. I. Yo creo que me hubiera de vivir fuera de España, porque siempre tenía esa espinita, y el hecho de haber empezado la banda todavía en el instituto hizo que me quedara.T. I. Ninguna se fue de Erasmus. Hemos renunciado a muchas cosas porque el proyecto era superprioritario, incluso cuando no era ni muchísimo menos nuestro medio de vida.P. ¿Es complicado llegar a vivir de la música?M. I. Fíjate, a nosotras nos ha costado 13 años… Hace solo dos años que vivimos de la música. No es algo constante.T. I. Y ni siquiera puedes decir: “Si estás 13 años lo conseguirás”. Es cuestión de oportunidad, suerte, perseverancia, trabajo... P. ¿Qué es lo que más ha cambiado desde que empezaron? M. I. Creo que hemos aprendido muchísimo cómo funciona la industria. Lo que cuesta llegar, porque no nos han regalado nada. T. I. Y hemos aprendido a conservar la ilusión por las canciones en sí. Incluso cuando hacíamos canciones que a nadie le importaban, porque nadie nos conocía, eran perfectas para nosotras. Siempre hemos intentado apuntar en nuestra propia dirección sin fijarnos en lo que se llevaba o en lo que sonaba en la radio. P. Cuando empezaron ese sonido noventero no estaba tan de moda como hoy, con grupos como Wednesday o Geese.M. I. Aquí no se escuchaba tanta guitarra. Tenemos bastante mala leche, la verdad, es lo que nos sale. El volumen, la guitarra eléctrica pero con acordes más nostálgicos, y eso mezclado con el pop, las armonías y las melodías pegadizas.T. I. Nosotras siempre hemos tenido la guitarra con la distorsión y una batería. Es lo que nos motiva.P. ¿A qué se debe esa vuelta hoy a los noventa y sus sonidos? T. I. Pues creo que es porque en los últimos años, como hemos escuchado mucha música hecha en el ordenador, la gente tenía un poco de hambre de algo más orgánico, más natural. M. I. Hay mucha nostalgia también, echamos de menos los noventa, los dosmiles. Nos parece que eran épocas más reales, no había tantos móviles, no había tanta tecnología. T. I. Ni tanto hiperfoco en una.P. ¿Puede tener que ver con una saturación de lo digital?T. I. Es una saturación. Yo ahora prefiero estar haciendo autodefinidos que escroleando. Cada vez que voy al aeropuerto me compro unos autodefinidos y me da mucha paz.M. I. Sí, yo soy defensora de la lectura a tope, de tener siempre un libro, algo para dibujar... Cosas que no tengas que estar enganchada a una pantalla. Cada vez somos más conscientes del daño que está haciendo eso; te destruye la autoestima y la capacidad crítica. P. En 2014 autoeditaron su primer disco, La lágrima y la naranja, ¿notaron mucho paternalismo? T. I. Sí, y a día de hoy todavía lo notamos. Empecé con ocho años a tocar la batería y todavía me tengo que comer lo de “¿Te puedo dar un consejo?”. Pienso: “Más te vale que no seas un patato, porque yo llevo mucho tiempo tocando la batería y a ver qué consejo me vas a dar”... A mí esas cosas me dan mucha rabia, porque ya es como que se presuponen que toco peor que ellos. P. ¿Por ser una mujer y ser joven?M. I. Sí, y por ser simpática.P. Por no ir de bordes.M. I. Exacto. A veces es como, bueno, voy a ser una borde porque así te toman más en serio.T. I. De manera natural nos sale ser majas. Pero si llego a un sitio y noto que no se me tiene en cuenta o que se me tiene en cuenta ya después de tocar, soy seria como una pared de cemento.P. El año pasado fueron parte de la iniciativa Spotify Equal, ¿esa desigualdad está cambiando?T. I. Sí, yo creo que sí que está cambiando la cosa mejor, pero molaría que llegue un momento que eso no sea necesario. Y también tengo muchas ganas de que alcen la voz los tíos de la música, porque nosotras estamos ya superhartas. O sea, ¿qué opinan ellos? P. Ganaron Mad Cool Talent en 2018, ¿son necesarias estas oportunidades?M. I. Los concursos a nosotras nos salvaron la vida porque hemos podido financiar nuestros discos con el dinero que ganábamos con ellos. Mad Cool Talent nos dio muchísima visibilidad. T. I. Fue nuestra puerta a las radios, por ejemplo. Pero antes hicimos todos los concursos de Cantabria, el Actual [de Logroño]...M. I. ... Ahí nos presentamos con Veintiuno. Ahora lo hablamos entre nosotros, somos amigos, y nos reímos de que nos conocemos hace muchos años. T. I. Es que no es tan fácil llegar y besar el santo.M. I. Y entendemos que hay gente que lo deje. Lo entiendo perfectamente, porque a veces es muy cansado. P. En sus canciones hablan mucho de sueños, ¿cuáles son los que les quedan por cumplir?T. I. La vida que tenemos ahora mismo ya es un sueño. Para mí el sueño sería mantenerla. M. I. Poder seguir así como estamos, cada vez llegará más público. A mí me gustaría seguir aquí, tocando, con 50 años, que la gente quiera escuchar nuestros discos. Como Amaral, son nuestros referentes. P. ¿Qué les hace cerrar los ojos, como dice uno de sus temas? M. I. La violencia. No puedo con ella. El maltrato a los humanos, el maltrato a los animales, la maldad. T. I. A mí este rollito de la manosfera. Yo no soporto el machísimo. Me enfada, me enerva, no lo tolero. P. En X hablan sobre una rebelión sobre lo que se espera de una misma, sobre las miradas externas, ¿hay que darle menos importancia a lo que dicen los demás?T. I. Hay veces que le damos mucha importancia a la respuesta de una persona que es irrelevante para nosotras. La canción habla de eso, de no dejarse hundir por la opinión de una persona que no aporta. M. I. Con la edad estamos aprendido a que no nos afecten, pero todavía día de hoy es complicado.P. ¿La viralidad puede ser una carga?M. I. Nosotras no hemos vivido mucho la viralidad aún. Es verdad que con la viralidad llegan los haters y los trolls y la peña que va a hacer daño a propósito. Estamos muy acostumbradas a que todavía la gente siempre hable bien de nosotras, a que sea amable. T. I. Aunque se supone que es síntoma del éxito... M. I. No quiero tampoco pensar eso, porque nadie se merece ese trato. No nos obsesionamos, ni con los comentarios, ni con los números, ni nada de eso. P. ¿Tienen miedo de acabar como los hermanos Gallagher? M. I. Alguna vez me ha dado miedo cuando hemos tenido una discusión más afilada. El último enfado fuerte fue en verano, y nos separó mi gato. Intentamos cuidar mucho la salud mental y las dos vamos a terapia. Que sea una relación sana, muy transparente, que no se enquisten las cosas. T. I. Eso es lo que igual les pasó a los Gallagher... Tendrían que hablar un poquito entre ellos. Nosotras no somos tan cazurras.
Repion: “Más te vale que no seas un patato, porque yo llevo mucho tiempo tocando y a ver qué consejo me vas a dar”
Marina y Teresa Iñesta empezaron a tocar juntas de niñas y ahora han logrado vivir de su proyecto, Repion. Afrontan con ganas la temporada de festivales










