La vista, en el Tribunal Supremo de Israel, es a puerta cerrada. A nadie se le escapa que el encarcelamiento de Hussam Abu Safiya (sin cargos y en base a acusaciones secretas que ni siquiera su abogado conoce) es, quizás, el que más movilización internacional ha generado, con peticiones de liberación de la Organización Mundial de la Salud, el Comité Internacional de la Cruz Roja o Amnistía Internacional. Es el pediatra que dirigía el hospital Kamal Adwan de Gaza y que se erigió en voz de denuncia de la invasión israelí, hasta que las tropas lo arrestaron en diciembre de 2024. Lo apresaron dentro del hospital, el único que seguía funcionando en el norte de la Franja. Este miércoles, en Jerusalén, hay sesión en el Supremo para determinar la prórroga de su arresto, enmarcado en una ley (de combatientes ilegales) que priva a los presos de sus derechos contemplados en la Convención de Ginebra. Israel la dictó para Gaza hace dos décadas y la ha endurecido desde el ataque de Hamás en 2023. La semana pasada, Abu Safiya, de 52 años, fue además sometido por sorpresa a confinamiento solitario.Tras un rechazo inicial, el personal en la sala permite entrar y tomar imágenes a un minúsculo grupo de periodistas, entre ellos el de EL PAÍS, hasta que llegue la jueza. De repente, Abu Safiya aparece en pantalla: esposado, visiblemente demacrado y mucho más delgado, igual que numerosos presos palestinos salidos de las cárceles israelíes en los últimos años. Los funcionarios del Supremo se apresuran a apagar la cámara e intentan obstaculizar la grabación, pero la videoconexión permite tomar brevemente las primeras imágenes del doctor en un tribunal israelí desde febrero de 2025. Para su hijo Ilias Abu Safiya, verlo en semejante estado, tras meses esperando alguna imagen de su padre, fue “sumamente doloroso”. “No vi solo una imagen. Vi un ser humano cuyo cuerpo intentó quebrar la ocupación, pero cuyo espíritu no pudo doblegar”, cuenta por mensajes de audio desde el extranjero, donde se ha establecido tras conseguir salir de Gaza.Ilias, de 28 años, admite sentimientos contradictorios. Por un lado, “conmoción y profunda tristeza”, al ver “las marcas del encarcelamiento” en su rostro y cuerpo. Por otro, “orgullo”, por reconocer en él la “misma determinación” que conoce como hijo suyo y cómo “aún conserva su dignidad, pese a todo lo que ha sufrido”.“El mayor dolor no es solo la ausencia de mi padre, o mejor dicho, la ignorancia de su destino, que es una realidad diaria. Cada mañana, nos despertamos con la misma pregunta: ¿Cómo pasó la noche? ¿Comió? ¿Recibió tratamiento? ¿Podrá soportar el aislamiento? ¿Cuánto más podrá resistir?”, añade.Terminada la vista, Su abogado, Nasser Abu Odeh, explicó que no podía contar “muchos de los detalles” del caso, por encuadrarse en la Ley de combatientes ilegales. De hecho, tuvo que abandonar unos minutos la sala, en medio de la vista, para que la acusación militar presentase al juez la información secreta por la que pide prorrogar su detención 530 días después, en vez de presentar cargos y juzgarlo. Abu Odeh vinculó el reciente traslado a confinamiento solitario a la decisión de ir al Supremo. El Servicio Penitenciario ha señalado en un comunicado que “determina el lugar de detención de los presos y detenidos de acuerdo a consideraciones profesionales, operativas y de seguridad”. “Seguimos convencidos de que se trata de una medida punitiva”, responde el abogado. “Lamentablemente, el tribunal coincidió con la acusación, en base a información confidencial que alega poseer la fiscalía y que, según el ejército israelí, se fundamenta en que liberarlo supone una amenaza para la seguridad del Estado de Israel”. “Arresto injusto”Abu Odeh también replicó las frases que pronunció Abu Safiya durante la vista: “Soy pediatra, brindo servicios médicos y atención a pacientes, personas heridas y vulnerables. Hice mi trabajo de acuerdo con el derecho internacional y las normas humanitarias. Mi arresto es injusto y pido al tribunal que me libere de inmediato”.Asistieron también los dos diputados en el Parlamento israelí del partido Taal. Son Ahmed Tibi y Samir bin Said, representantes de la minoría palestina con ciudadanía israelí, un quinto de la población del país. Ambos esgrimieron su condición de diputados para entrar en la sala, pese a ser a puerta cerrada, en muestra de solidaridad. El Supremo israelí, lamentaba Tibi, ha “respaldado todas las atrocidades en Cisjordania y Gaza”, pero “a veces hay, muy pocas, excepciones”, y sirve como “plataforma para alzar la voz”. Abu Safiya se convirtió en 2024 en una voz prominente en Gaza, al seguir dirigiendo el hospital durante 85 días de cerco por el ejército israelí. Hablaba con la prensa y difundía videos que grababa con el móvil en los que suplicaba ayuda y denunciaba la progresiva devastación del sistema sanitario de la Franja. El vídeo en el que contaba con lágrimas en los ojos que un dron israelí había matado a uno de sus hijos se volvió viral. En enero de 2025, el ejército israelí anunció su arresto tras haber dicho que desconocía su suerte. Calificó su hospital de “feudo de Hamás” y a él, de sospechoso de “terrorista” y de “ostentar un cargo” en el movimiento islamista. Las acusaciones posteriores se han basado en presentarlo como miembro de Hamás, confundiéndolo con su papel en los Servicios Médicos Militares Palestina. Es un organismo que opera también en Cisjordania y proporciona atención médica a las fuerzas de seguridad y a civiles, en el marco de un acuerdo entre los Ministerios de Sanidad y del Interior. Y quien gobierna en Gaza sin elecciones desde 2007 es Hamás. MaltratoLas autoridades israelíes no permitieron a Abu Safiya recibir asistencia letrada hasta febrero de 2025. Ya había perdido 20 kilos, según su abogada Gheed Kassem. Cuando lo visitó cuatro meses más tarde en la prisión militar en la que estaba entonces recluido (Ofer), cifró ya en 40 los kilos que había adelgazado y denunció que había sufrido torturas y palizas. Es el resultado de la conversión de las cárceles en centros de maltrato sistemático y castigo colectivo, con decenas de muertos entre rejas desde 2023, según numerosos testimonios y denuncias de ONG y organismos internacionales. La apadrina Itamar Ben Gvir, el ministro de Seguridad Nacional que impulsó la ley que condena a muerte por defecto a los palestinos de Gaza y Cisjordania que maten a israelíes en el marco del conflicto de Oriente Próximo. Entre las limitaciones está la reducción de las raciones y en el acceso a atención médica adecuada e higiene. El abogado de Abu Safiya solicitó, de hecho, al Supremo que obligue a la administración penitenciaria a tratarle las enfermedades crónicas y el problema ocular que padece porque no está recibiendo medicación. Otros 13 médicos gazatíes llevan en manos de Israel desde 2023, todos ellos sin cargos.Uno de los momentos más surrealistas del encarcelamiento de Abu Safiya tuvo lugar en febrero de 2025. Un equipo del canal 13 de la televisión israelí lo entrevistó dentro de la cárcel: de pie, esposado y rodeado de agentes. En la acelerada entrevista, Abu Safiya defendía que coordinaba el traslado de pacientes o la entrada de medicamentos durante el cerco israelí, que su labor es proveer servicios médicos y condenaba el ataque de Hamás a Israel de octubre de 2023, con casi 1.200 muertos y más de 250 rehenes. Sin embargo, la versión editada que emitió el canal se paraba en insinuar que mentía sobre la presencia de rehenes israelíes en el hospital. La base: pidió que le tradujesen una pregunta en inglés (“balbucea y deja de entender inglés”, señala la voz en off) que luego respondió enseguida cuando le tradujeron al árabe.