La música que no conmueve es como el florete que “toca pero no hiere”, afirma la doncella Margarita en Mucho ruido y pocas nueces, de William Shakespeare. Si esa conmoción trasciende y pone de acuerdo transversalmente a quienes se caracterizan por su disparidad de opiniones, entonces, tiene lugar el reconocimiento. Este suele escenificarse en forma de galardón que reconoce el alcance, la reputación o la importancia —o todo a la vez— y posee casi siempre el aspecto de una estatuilla. Puede convertirse en objeto de decoración o en pisapapeles. O puede incluso ser intercambiado por un cigarrillo durante la fiesta posterior a la entrega, como sucedió con un Brit otorgado a Portishead a mediados de los noventa. Otras veces es custodiado por las madres de los artistas o se esconde en el baño.En España hay muchos premios. Los Nacionales otorgados por el Ministerio de Cultura en las categorías de música y/o músicas actuales (con una dotación de 30.000 euros) y las Medallas a las Bellas Artes; los Ondas, los Ojo Crítico, los Independientes de la Música o los de la Academia de la Música (que celebraron su tercera edición el 26 de mayo). Pero ¿para qué sirve ganar un premio además de para construir prestigio y legado? Javier Monsalve, director general de Artes Escénicas y Música del Ministerio de Cultura, considera que los de índole nacional “muchas veces permiten dar un salto en la carrera, mayor visibilidad y acceder a puertas que igual eran más difíciles”. Si ayudan a potenciar la trayectoria y aumentan la popularidad, ¿se podría definir la identidad cultural de un país observando su repertorio de premiados? “No habría una visión completa porque las escenas musicales son muy variadas. Aunque creo que en los últimos años el reconocimiento se ha diversificado muchísimo por premiar a profesionales como el productor de tecno y dj Óscar Mulero”.El Anuario de la música en vivo española, publicado por la Asociación de Promotores Musicales, desglosa las giras españolas que más entradas han vendido en 2025. El número 1 es Joaquín Sabina. Curiosamente, también es quien mayor palmarés de galardones acumula. ¿Podemos, pues, concluir que los premios generan un impacto económico positivo en los artistas? Sonia Durán —gerente de la Unión Fonográfica Independiente (UFI) y responsable de la gala que el pasado marzo celebró la decimoctava edición de los Premios Min y que tuvo entre sus triunfadores a Carlos Ares o Valeria Castro— asegura que “suman de cara a trabajar la comunicación”, aunque no especifica si pueden aumentar el valor del artista en el mercado musical.Los premios representan la recompensa de las instituciones y de la crítica especializada a una creación musical y la voluntad de trascendencia. Y si la duda de cómo afecta esto a la carrera del creador es considerable, la que se cierne sobre los efectos que el premio ejerce sobre el mismo artista es aún mayor y está ligada al proceso mental por el que se decide ser artista. El psicoanalista Antoni Canyelles lo explica así: “El deseo de ser artista es un motor para producir y tener una relación creativa con el mundo. Pero, justamente, lo que te enseña el psicoanálisis es que el deseo es imposible de satisfacer porque hace que el sujeto siempre esté en falta”. Sea reconocido o no. Venda mucho o poco. Canyelles apunta que “se puede conseguir el premio y comprobar que eso tampoco le da un sentido a lo que se venía buscando. La recompensa a veces te la juega porque, en teoría, la transgresión no debería de ser reconocida”.
¿Sirve de algo ganar un premio musical?
En el universo de la música hay tantos galardones como dudas sobre si estos tienen un reflejo real y positivo en la posterior carrera del que los recibe








