Estadio Nacional. Ahí empecé a jugar en las canchas de tierra. Lo hice con clubes deportivos infantiles y juveniles, como el de Máximo Garay y Palestino. Mi estatura siempre fue un tema, tanto que una vez quise jugar y no me dejaron porque era muy chico y flaco. Cuando estuve en Colo Colo con Jorge (Toro), que jugábamos en el parque Cousiño, y él me decía: “chiquinho”. Recuerdo mucho cuando marqué un gol contra la Universidad de Chile, luego de un tiro libre. Buscaban al que pateara más fuerte y yo aparecí, estaba escondidito y luego sorprendí. ¡Ay, aquellos tiempos! (Avenida Grecia 2001, en Ñuñoa). Café Copacabana. Me juntaba con otros jugadores de mi época casi todos los días allí. Para hablar y a veces contar anécdotas, como aquella vez que le bajé los pantalones a Pelé. Sigo pensando que él es el mejor futbolista de la historia del mundo. Yo tuve la suerte de marcarlo. Recuerdo que un día, en 1963 o 1964, Colo Colo jugó contra Santos y ahí venía él. Los equipos se reforzaban, yo venía del Santiago Morning, y Colo Colo me pidió en préstamo y yo encantado. Y marqué a Edson, lanzándome a sus pies cuando tiraron la primera pelota. Él, como una bala, hizo un gol. Y yo pensé: “Oh, nunca más me tiro con este gallo”. En ese partido lo agarré de la camisa, pero él tenía tanta fuerza que me arrastró y ahí, sin querer, le bajé los pantalones a Pelé. Luego, nos fuimos conociendo, haciendo amigos y en otro juego donde yo estaba en representación de la selección chilena, en Brasil, le volví a bajar los pantalones frente a unas 200.000 personas, en 1965, antes de que fuera al Mundial de Inglaterra. Cuando eso pasó, Pelé me dijo: “¡Otra vez, Chita!”. El arbitro me pilló y me echó. Pero Pelé le pidió que no me echara, le dijo: “Chita no me pega patada a mí. Al contrario, él me defiende”. Y no me echó, seguí jugando. Antes existía mucha amistad, la rivalidad era solo en la cancha. (Bandera 314, en Santiago).Algarrobo. Unos meses antes del Mundial de 1962, yo me la pasaba concentrado con mis otros compañeros en una casa en la playa, desde donde salíamos a entrenar y a veces a caminar. Conocí a Sonia, que es mi esposa hasta hoy, allí, pues sus padres tenían casa en este lugar. A ella le gustaba el hotel Arrivadera, donde hacían por aquel entonces un evento de Carabineros para recaudar fondos para niños vulnerables y en el que nosotros participamos. Población Javiera Carrera. Cuando era chico vivía con mis otros 10 hermanos en una casa allí. Me la pasaba de niño descalzo por esos suelos de tierra y en las calles, empedradas, jugábamos tanto que a veces las zapatillas se nos desgastaban. Nuestro balón era un calcetín roto lleno de papel, así jugábamos la pichanga en las calles. Mi papá era chofer de micro y cuando tuve el primer contrato bueno, como jugador, le compré una micro propia para que no fuera empleado del señor (Luis) Pareto, quien era político en ese momento. Yo viví en Javiera Carrera hasta el Mundial del 62, luego tuve mi primer departamento en la Villa Olímpica. He pasado por esa población, viendo la casa aún y sintiendo una profunda nostalgia. (Estación Central). Estación Central. Mi abuela materna, Lucha, vivía en la avenida Alameda con General Amengual, y me gustaba visitarla porque cuando iba, en las mañanas, me metía a bañar en la Pila del Ganso. Ella me quería mucho, era una de las más lindas personas de mi vida. Cuando tenía como 100 años muchos en la familia pensaron que se perdió, porque desapareció de su casa una mañana. Mi mamá me llamó llorando: “¡Se perdió la mamá Lucha!“. Pero lo que realmente sucedió fue que ella sabía del cumpleaños número uno de mi hijo Humberto y vino a mi casa, en la Villa Olímpica, a celebrarlo. Murió a los 105 años.Catedral Metropolitana de Santiago. Los domingo, cuando jugaba en Santiago Morning, nos llevaba nuestro entrenador. Iba todo el equipo a rezar para que no nos fuera mal, que no perdiéramos los partidos, a finales de los cincuenta. Al salir de ahí, algunas personas nos reconocían: estos son futbolistas del Santiago Morning, que era un equipo muy querido por todos los chilenos. (Plaza de Armas 444). Villa Olímpica. Mi primer departamento estaba allí, donde vivimos unos 10 años. Mis cuatro hijos nacieron en ese lugar. Nos los regaló el Gobierno a todos los jugadores después de que Chile quedó en tercer lugar en el Mundial del 62. Aún nosotros tenemos ese departamento -ahora arrendado-, aunque no vivimos ahí. Yo digo que si mi esposa y yo nos morimos, eso le queda a nuestros hijos, pero pedimos que, por favor, no lo vendan. (Ñuñoa). Plaza de Armas. Yo salía de la Catedral y de inmediato estaba en la plaza. Recuerdo la retreta militar, que lograba que muchas personas se agruparan para verla. Había una pérgola grande. Pero este es solo uno de los tantos lugares que visité mucho cuando estaba joven, dando mis primeros pasos deportivos. Restaurante Marcoa. Me gustan todas sus comidas: cazuelas, pescados fritos y mariscos. Pero sus imperdibles son el caldillo de congrio y los erizos. Lo descubrí porque estaba entrenando a Magallanes, pero el dueño, Francisco Espinoza, me conocía porque era colocolino. Cuando iba casi no podía comer porque me pedían muchas fotos, pero yo estoy agradecido hasta la muerte con la gente. (Bulnes 561, San Bernardo). Restaurante Chancho con Chaleco. Sus antiguos propietarios fueron nuestros compadres. La especialidad era el chancho, un plato que yo comía siempre después de los juegos. Ahí hice la fiesta de matrimonio, en 1965. Estaba lleno, también se metieron personas que no estaban invitadas (risas). Era un lugar bueno para pasarse después de los partidos, pero también después que me retiré, en 1974, y comencé a ser técnico de fútbol y empecé a desquitarme con los jugadores. (Avenida Pajaritos 99, Maipú).
Los 10 lugares favoritos de Humberto ‘Chita’ Cruz: “Pelé tenía tanta fuerza que me arrastró y sin querer le bajé los pantalones”
El exfutbolista chileno recuerda su participación en el Mundial de Chile de 1962, los entrenamientos en Algarrobo y cómo pateaba el balón de niño en los suelos de tierra de la población Javiera Carrera











