El pulso creativo que comenzó latiendo a orillas del Paraná, navegó hasta el Río de la Plata y desembarcó en el sur la Ciudad de Buenos Aires. Más precisamente, en San Telmo.Ese latido fue lo suficientemente fuerte, no solo para remar a veces contra la corriente sino para abrir las puertas de un edificio de 360 m2 y tres plantas, recuperado y reciclado como espacio de arte, arquitectura y diseño en Tacuarí 1080. Y así se llama a sí mismo, con el número y el nombre de la calle donde se implanta.La iniciativa funde las aguas de dos referentes de la producción santafesina: la galería de arte Subsuelo (comandada por Daniel Andrino y el arquitecto Daniel Pagano) y el estudio de diseño e interiorismo Darkhaus (fundado por Nerina Pizzarotti y Silvia Cagnone).Sincronía material La elección del contenedor físico no fue azarosa, sino una suerte de sincronía. El proceso de reconversión transformó un antiguo depósito abandonado, que en un segundo o tercer momento albergó oficinas fragmentadas con tabiques y escaleras clausuradas, en una caja arquitectónica fluida, proyectada especialmente para albergar dinámicas híbridas.Claro, el equipo tuvo la suerte de contar con un arquitecto que no solo vio la potencialidad del lugar sino que conectó origen y destino a partir de un hallazgo material.“Cuando vinimos a ver este espacio no podíamos creer que la fachada nos estaba guiñando el ojo: tiene el mismo mármol travertino que el Monumento a la Bandera. Eso es muy emblemático para nosotros", evoca Pagano.Esa misma piedra se vuelve sustancia y concepto en el interior. La espacialidad se organiza a partir de la luz natural que invade las salas de exposición principal, las trastiendas abiertas al público, las oficinas y las áreas destinadas a conversatorios.En términos de experiencia física, la propuesta elude el esquema rígido del cubo blanco para ofrecer una escala amigable y transitable. La circulación invita a recorrer el lugar como si se entrara a una casa donde las obras sorprenden en el camino. "El espacio apuesta al cruce de disciplinas. Tacuarí 1080 es una galería y una plataforma de pensamiento y experimentación donde arte, diseño y arquitectura se entrelazan para producir nuevas formas de encuentro", definen los directores.Contra el imperativo de la novedadLa propuesta curatorial, bajo la responsabilidad de Analía Solomonoff, opera como un laboratorio de ideas que rechaza la vertiginosidad contemporánea y el imperativo del consumo inmediato.Frente a espacios que exigen obra inédita de los dos últimos años (proyectos que muchas veces mueren sin ejecutarse), Tacuarí 1080 rescata el tiempo del proceso y el valor de revisar las trayectorias."No tiene que ver con lo viejo y lo nuevo, sino con transmutar esa idea de lo que pasa de moda y reconfigurar los tiempos. Tenemos artistas de los 90, que siguen interpelando. Queremos cortar con la idea de correr, de sobreproducir. Bajarnos de 'la nueva obra' o la 'obra nunca vista'. Cerrar ciertos círculos con la producción de los artistas habilita potenciar su práctica ", analiza Solomonoff.La vigencia del oficio"Una característica propia de Subsuelo es que nos interesa el arte, pero fundamentalmente apostamos al oficio. O sea, que los artistas tengan oficio macerado, que no esté el apuro, la inmediatez de terminar esta obra para un premio o para un salón", explica Andrino, historiador y docente con 40 años de trayectoria en la educación pública de Rosario. "Las obras dialogan con la identidad de Rosario y con la propuesta curatorial. Desde el video con la coreografía de grúas frente al río, a los silos con impronta industrial y la materialidad de los objetos, la huella de la ciudad está presente en este espacio", detalla Pagano.Entre las producciones artísticas destacan la figura de Rubén Baldemar (1958-2005), un nombre clave de la plástica de los 90 que decidió recluirse y no exhibir su obra durante casi una década, asumiendo una posición periférica y resistente.Su trabajo (que incluye la serie heráldica de escudos que transforman elementos cotidianos y orgánicos como un girasol, una cucaracha o un intestino en símbolos de identidad) dialoga con las producciones de más de 20 creadores contemporáneos de la escena santafesina, como Daniela Arnaudo, Alicia Nakatsuka y Ainelén Bertotti Burket.En la trastienda y las oficinas (donde el arte convive de manera doméstica) se despliegan además obras de artistas jóvenes, como Carla Colombo, y de referentes históricos como Osvaldo Boglione o Clelia Barroso.Del río al objeto cotidianoPor su parte, el sector de diseño introduce la producción de Darkhaus mediante lanzamientos que traducen la geografía costera en soluciones objetuales. Franco Chimento presenta la silla Cauce, un elemento cotidiano resuelto a partir de una estructura de madera de lenga de líneas puras y fluidas."El proyecto aparece en un momento de Darkhaus orientado a repensar el rol del diseño y las galerías. También, de los modos de producción y circulación del diseño en Rosario, donde vemos consolidada la escena local", señala Silvia Cagnone.A esta pieza se suma el bar Ming (inspirado en la estética art déco con sutiles guiños a la década de los ochenta) y la familia de mesas Oniria, un desarrollo de carácter brutalista cuyas bases espejadas y de resina moldeada replican el gesto geométrico del Monumento a la Bandera.La propuesta de Tacuarí 1080 busca despedazar la idea de que el arte para algunas personas que lo consumen es apenas un accesorio decorativo. "Este espacio para mí tiene que ser una propuesta superadora, donde al diseño se lo viva y donde se rompa ese prejuicio sobre el arte de que hay que comprar la obra haciendo juego en el sofá”, dispara Andrino. Un espacio de resistencia y de educación donde los autores no tienen prisa y las obras dialogan para formular preguntas más que respuestas.
De Rosario a San Telmo: un desembarco que desafía la inmediatez del arte y el diseño
En una antigua estructura recuperada de la calle Tacuarí, la galería Subsuelo y el estudio Darkhaus fundan una plataforma colaborativa. Espacialidad a escala humana, el rescate del oficio macerado y un "guiño" material que conecta geografías a través del río.













