Salvo el espectáculo extraordinario en la Sagrada Familia tras la bendición papal de la torre de Jesús en Barcelona, es imposible saber aún qué repercusiones positivas ha tenido la visita de León XIV a España, que ha ocupado horas y horas de radio y televisión, páginas y páginas de prensa escrita y online y un tercio, al menos, de la masa cerebral de españoles y españolas, si no su totalidad. Como si fuera el Banco de España, la Conferencia Episcopal asegura que se han invertido 25 millones en la visita papal y se han obtenido unos 150 de beneficio, lo cual, por un lado, parece una estimación muy rápida al hacerse antes de que León XIV abandonara España y, por otro, se contradice con las protestas de varios comerciantes del centro de Madrid, por ejemplo, que afirman haber perdido dinero con los cortes de calles y el carajal de los actos y recorridos papales por la capital. Algo me dice, en todo caso, que ni tu bolsillo ni el mío ni parece que el de las muchas víctimas de la pederastia en las instituciones católicas van a ver un euro o un millón de ellos de tan suculentos beneficios.PublicidadRobert Prevost se va entre aplausos de la mayoría absoluta de los poderes públicos y privados, pese al desprecio sonrojante que dedicó a esas víctimas de violaciones cuando eran niños por parte de curas, pero pelillos a la mar, que el pueblo ya ha sido distraído una semana por tierra, mar y aire para olvidarse de sus problemas, que se quedan igual que estaban, por muchos discursos y muy bien construidos que haya soltado el jefe del Estado Vaticano, el más pequeño del mundo con la mayor influencia en el ídem sin ser una democracia, dicen. Manda carallo.A quienes rechazamos las religiones como marco moral de nada y, mucho menos, de los gobiernos elegidos democráticamente, estos días nos ha costado un esfuerzo considerable aguantar la matraca excesiva sobre la visita papal en un presunto Estado aconfesional y las imágenes de las carreras de nuestros políticos/as por salir al lado de Prevost en la foto. Sobre todo, porque cada vez es más evidente una conclusión preocupante sobre la intensidad en la cobertura política y hasta informativa de León XI, al menos, para quienes creemos en que el progreso de unas democracias occidentales que están en doloroso retroceso se recupera con nula religión y más razón en todas las instituciones. Se ha comentado mucho estos días la larga ovación que recibió el papa en el Congreso por parte de diputados/as y senadores, la más larga dedicada a un jefe de Estado en las Cortes: poco bueno apunta que tuviera que ser un líder religioso el elegido para ese entusiasmo histórico, incluso, entre políticos progresistas. Olvidamos que cada gesto, cada actuación pública desproporcionada de un país que aplaude y reverencia a altos responsables no democráticos va carcomiendo todas las instituciones al modo de la gota china. El Estado se va debilitando sin freno mientras el poder absoluto se instala cómodamente, avalado por los ejercicios de fe que recriminan su cuestionamiento, sea la sumisión a un líder religioso, a un rey o la entrega a la sala Segunda del Supremo cuando se pone en sus manos la responsabilidad resolver problemas políticos como sea (“El que pueda hacer… ”). Eviten agobiarse, no obstante, con las reflexiones de esta plumilla, que el papa se va pero llega el Mundial en casa Trump.
El papa se va y la gota china se queda
Salvo el espectáculo extraordinario en la Sagrada Familia tras la bendición papal de la torre de Jesús en Barcelona, es imposible saber aún qué repercusiones positivas ha tenido la visita de León X...











