Actualizado Martes,
junio
08:44La visita de Le�n XIV a Espa�a est� siendo tambi�n una gran operaci�n de observaci�n eclesial. M�s all� del ba�o de masas, del prolongado y persistente aplauso del Congreso de los Diputados y de la evidente comodidad con la que el Pont�fice se mueve en Espa�a, el viaje papal deja tambi�n una serie de claves intraeclesiales menos visibles, aunque m�s importantes a largo plazo. Junto a la pastoral o institucional, el viaje est� teniendo una dimensi�n claramente ad intra. Le�n XIV no solo ha venido a hablarle a la sociedad espa�ola, sino tambi�n a observar a su Iglesia, medir sus equilibrios internos y tomar nota de sus fortalezas, debilidades y tensiones.La primera sorpresa se produjo al conocer la composici�n del s�quito pontificio. La presencia del secretario de Estado, el Sustituto y el secretario para las Relaciones con los Estados forma parte de la normalidad protocolaria de cualquier viaje apost�lico. Sin embargo, junto a ellos hay tres cargos curiales cuya participaci�n no suele ser habitual en este tipo de desplazamientos. Dos de ellos son espa�oles y podr�a explicarse su presencia por causa de su nacionalidad: el cardenal Fern�ndez Artime, Pro-prefecto para la Vida Religiosa y el reci�n designado Prefecto para la Caridad, el agustino espa�ol Luis Mar�n de San Mart�n. Mucho m�s significativa resulta la presencia del sucesor de Prevost al frente del Dicasterio de los Obispos, Filippo Iannone. En Roma no ha pasado inadvertido ese detalle. All� se destaca que esos tres nombres formar�an parte del n�cleo de confianza del Santo Padre, especialmente Mar�n de San Mart�n, compa�ero de orden religiosa y figura pr�xima a su sensibilidad eclesial. Pero la participaci�n de Iannone a�ade una lectura adicional: el Papa parece decidido a estudiar personalmente el tablero episcopal espa�ol. Adem�s, la presencia, totalmente inusual, de quien se encarga de presidir el dicasterio encargado de nombrar a los obispos viene a marcar que, aparte del viaje en s�, el Papa quiere conocer de primera mano qui�n es qui�n en el episcopado espa�ol, que avanza hacia una renovaci�n profunda.En la actualidad, existen cuatro di�cesis vacantes y seis prelados con la edad de 75 a�os sobrepasada. Algunos, de manera muy amplia, como el cardenal Juan Jos� Omella. A ello se suma el futuro de la Conferencia Episcopal. Su presidente, Luis Arg�ello, no podr� ser reelegido, por cuesti�n de edad, cuando venza su mandato en 2028. Resulta l�gico pensar que Le�n XIV haya aprovechado este viaje para identificar perfiles y posibles liderazgos futuros. Es indudable que el cardenal de Madrid, Jos� Cobo, ha salido fortalecido de este viaje. La organizaci�n yha sido impecable y el �xito ha sorprendido a la propia empresa. Los temores a que se expresara la oposici�n a Cobo, a causa de su pacto con F�lix Bola�os respecto al Valle de los Ca�dos, se diluyeron r�pidamente.Ahora bien, si algo distingue a este Papa es que primero escucha, se hace una composici�n de lugar y luego decide. Qu� nadie se crea que, porque muestre cercan�a, lo tiene todo ganado, pues sus nombramientos est�n resultando bastante sorpresivos. Que se lo pregunten al Dicasterio para la Comunicaci�n, en el que ha designado a una laica, Mar�a Montserrat Alvarado, que hasta ahora era la directora de EWTN News. Primera mujer laica al frente de un dicasterio y, adem�s, viene de una cadena a la que el Papa Francisco llam� �obra del diablo�.Especialmente relevante es la visita del Papa a la sede de la Conferencia Episcopal. No por el hecho en s� -que se ha producido en todos los viajes papales-, sino por la toma de contacto con el episcopado espa�ol. Con un asunto que sigue cacareando sobre las cabezas mitradas: la gesti�n de la pederastia. El Papa ha hecho hincapi� en esta cuesti�n, como queriendo recordar a los obispos que el tema no est� cerrado. En Roma, ya durante el pontificado de Francisco, nunca se mostraron plenamente satisfechos con la gesti�n realizada por el episcopado espa�ol. Por otra parte, el Santo Padre record� a los obispos la necesidad de dar m�s espacio a los laicos y de asumir que la crisis vocacional que atraviesa Europa debe servir para fortalecer al laicado. No se trata de lamentarse continuamente, sino de aprovechar incluso las situaciones de crisis.UN PAPA DIFERENTEEl Papa ha hablado a los obispos de la paz de los problemas que se suscitan en la vida interna de la Iglesia. �l los conoce bien como misionero, superior de orden religiosa, obispo y miembro de la curia. Sabe que vivimos en un mundo secularizado, en el que apenas se plantea la vocaci�n a la vida sacerdotal o religiosa. Raz�n por la que no elude su existencia, sino que pretende afrontarla con su testimonio.Detr�s de este Papa sereno y prudente, aunque incapaz de ocultar tanto su felicidad como los momentos en que se emociona, se esconde un hombre con grandes dotes de gobierno, no en vano se desempe�� durante doce a�os como prior general de los agustinos. Y como hombre de gobierno formar� su equipo a un ritmo cadencioso, sabedor de que, por su edad, no tienen cabida ni la ansiedad ni las prisas.Le�n no se parece a ninguno de sus antecesores. Algunos han querido ver a un nuevo Juan Pablo II en su estancia en Madrid, pero le falta la voz potente, el magnetismo y el �nfasis de aquella fuerza de la naturaleza, as� como aquella vida de oraci�n tan profunda que caracterizaba al Papa polaco. Tampoco es un fino te�logo como Ratzinger ni un populista como Bergoglio. Prevost es algo distinto que se ir� revelando con el tiempo, pero lo que ya resulta evidente es que disfruta viajando y que, en ese aspecto, seguir� la estela de Wojtyla.














