El �ltimo esca�oEl Papa en BarcelonaEFEActualizado Jueves,
junio
00:16Audio generado con IALa visita del Papa Le�n XIV a Espa�a, con la multitudinaria misa en Madrid y algunos actos de menor seguimiento popular en Barcelona, pero que tambi�n han disfrutado de una potente c�mara de eco en los medios y redes sociales, ha propiciado un discurso hiperb�lico y panfletario que tiene como fatal consecuencia la ilusi�n de unanimidad. En este caso, la creencia -que algunos quieren hacer pasar por verdad sagrada- de que las manifestaciones de apoyo de los cat�licos al Papa, todas ellas notables y muy respetables, representan el sentir general de los espa�oles.La ilusi�n de unanimidad es un mal populista vinculado a las grandes movilizaciones de masas y su reproducci�n en las plataformas digitales, una combinaci�n que favorece tambi�n el espejismo de hegemon�a. Muchos de los miles de asistentes a la concentraci�n de la plaza de Col�n de Madrid, el 10 de febrero de 2019, que PP, Cs y Vox celebraron contra Pedro S�nchez bajo el lema �Por una Espa�a unida, �elecciones ya!�, volvieron a su casa creyendo honestamente que tama�a demostraci�n callejera hab�a levantado el acta de defunci�n del sanchismo, cuando la realidad es que hab�an ca�do en la trampa de La Moncloa.El ejemplo m�s rotundo de esa ilusi�n de unanimidad de la que hablo fue el proceso independentista. Las manifestaciones masivas de la Diada, que los organizadores y la Generalitat cifraron siempre por encima del mill�n de asistentes -c�lculo inveros�mil y muy parecido al que se hizo este domingo en Madrid con el Papa-, junto al discurso �nico de los medios de comunicaci�n p�blicos y subvencionados, llevaron a los nacionalistas a creerse que eran una mayor�a incontestable, que ellos eran Catalu�a, y no una parte, olvidando que es una sociedad plural, nada uniforme respecto a sus sentimientos identitarios, y pol�ticamente muy fraccionada.Aquella lectura desviada que hizo el nacionalismo en 2017, y cuyo coste la sociedad catalana sigue pagando, me recuerda a la encendida narrativa cat�lica con la que algunos, aprovechando el impacto del Papa -l�der espiritual de los cat�licos, pero tambi�n un icono pop de la cultura de masas, como supo ver Paolo Sorrentino en 'The Young Pope'-, nos presentan la realidad espa�ola. Confundiendo una parte con el todo para hablar de un renacer de la fe cat�lica -�el Papa vuelve a poner de moda a Dios�-, en contra de las estad�sticas: solo el 16% de los ciudadanos se declara cat�lico practicante, del proceso de secularizaci�n de la sociedad y de su composici�n cada vez m�s multicultural.Desde luego, quien sabe mejor que nadie la dif�cil situaci�n de la Iglesia cat�lica en Espa�a y el resto de los pa�ses occidentales, corta de vocaciones y de feligreses, y que debe enfrentar la pujanza de las iglesias evangelistas, es el propio Papa. No es casualidad que durante todo su periplo espa�ol ha lanzado constantes gui�os a la gente joven, incluso utilizando para conectar con ellos c�digos del lenguaje juvenil en las redes sociales, como el s�mbolo del six-seven o su encuentro con Bad Bunny.En la infantil batalla que estos d�as se ha desatado entre los diferentes actores pol�ticos por ver cu�l de ellos patrimonializa los discursos del Papa, con M�riam Nogueras reivindicando que Prevost ha hablado en catal�n gracias a su sugerencia y a la presi�n de Junts, o con el PP celebrando su �humanismo cristiano� para al d�a siguiente pactar con Vox la racista �prioridad nacional� en Castilla y Le�n, es normal y leg�timo que la Iglesia espa�ola trate de ser la principal beneficiada. Despu�s de doce a�os de pontificado de Francisco, en los que el Papa argentino se neg� con desd�n a venir a Espa�a, mostrando en diferentes declaraciones p�blicas su distancia respecto a la c�pula eclesial espa�ola, la presencia de Le�n XIV es un gran motivo de alegr�a, adem�s de un �xito incuestionable para la Conferencia Episcopal Espa�ola. Como es un �xito haber conseguido que el Papa predicara en el Congreso como l�der religioso y no como jefe de Estado como le pertocar�a.En este contexto, entiendo el j�bilo por la visita del Papa, pero ser�a un error que el catolicismo espa�ol y sus propagandistas cayeran en la ilusi�n de unanimidad, ya que, como le pas� al nacionalismo catal�n tras su abrupto despertar del proc�s, el contraste con la realidad de la nueva sociedad espa�ola, cada vez m�s multicultural y global, puede condenarlos a una espiral de rencor, melancol�a y nihilismo. Mejor evitarla.














