Hay una escena que se repite desde hace semanas en los pasillos de La Libertad Avanza y que anoche volvió a producirse con inusitada intensidad: el teléfono de Javier Milei suena, del otro lado hay un referente libertario que le pide, con mayor o menor delicadeza, que le suelte la mano a Manuel Adorni, y el Presidente despliega entonces el mismo vocabulario con el que suele despachar a sus adversarios en X. Los insultos fluyen con naturalidad. La posición, inamovible.

El Presidente retuiteó ayer a su cineasta Santiago Oría: "Listo, explicó todo perfecto y completo Adorni. Quedó clarísimo que NO ROBÓ y que EL PERIODISMO MINTIÓ ALEVOSAMENTE. La Justicia va a poner punto final al asunto y va a quedar claro que Manuel es inocente. FIN". En el mismo texto Oria apuntaba contra el periodismo: "Son unos operadores asquerosos dedicados a ensuciar gente. Actúan sin escrúpulos y no les importa la verdad: solo hacer daño. El costo que pagamos por meternos en esta mierda de la política a ver si podemos cambiar algo de este bendito/maldito país". El problema es que los hechos, esta vez, no vienen de la prensa. Vienen de la boca del propio Adorni.

El bochorno de LN+ y el mea culpa

Treinta y cinco días después de que el propio Milei anunciara que su jefe de Gabinete presentaría su declaración jurada "de manera inminente", Adorni finalmente se sentó anoche frente a José del Río en LN+ para hacer lo que llevaba meses postergando. Lo que siguió no fue la reparación que el oficialismo necesitaba. Fue una confesión en diferido, administrada con torpeza.