Cuando aprieta el calor, el café no desaparece de la rutina: cambia de forma. El espresso humeante deja paso a vasos llenos de hielo, a infusiones lentas de cold brew y a combinaciones tan refrescantes como el espresso tonic, que este verano vuelve a colarse en las cartas de las cafeterías de moda y, cada vez más, en las cocinas de casa.
La buena noticia es que recrear ese ritual veraniego no exige barra profesional ni más complicaciones: con unas recetas de pocos pasos y una cafetera -ya sea superautomática o manual- como las de De'Longhi, basta para tener siempre el mismo espresso de base. En las superautomáticas, ajustar la intensidad, la temperatura o la cantidad de agua está a un solo toque; en las manuales, el control es más directo y permite afinar cada variable al gusto. Además, pasar del café frío clásico al cold brew o al espresso tonic se puede hacer muy fácilmente.
De hecho, la ventaja de ambos sistemas es clara: las superautomáticas convierten la preparación en un gesto diario, constante y sin esfuerzo, mientras que las manuales añaden un punto más artesanal para quienes disfrutan del proceso sin renunciar a resultados de calidad.
¿Qué diferencia hay entre café frío, cold brew y espresso tonic?










