El 20% del PIB italiano lo heredarán los hijos de los babyboomers, según un artículo de The Economist de junio del 2025. En Estados Unidos y Alemania, la cifra ronda el 10%. España está entre ambas cifras. Las generaciones futuras heredarán más fortunas que nunca, pero no forzosamente más sabiduría para gestionarlas. Los boomers envejecemos y se producirán enormes transmisiones patrimoniales; miles de empresas familiares cambiarán de manos; muchas familias tendrán que gestionar viviendas y otros activos.La herencia es un tema que despierta pasiones. Provoca finales de familias. Me viene a la memoria una idea del escritor Amos Oz en relación con la guerra. Recuerda que algunos conflictos tienen finales distintos. En unos, se termina como en las obras de Chéjov: todos tristes y deprimidos, pero vivos. En otros, se termina como en Shakespeare, un baño de sangre. Getty ImagesAl nacer, algunas personas reciben dones distintos, en razón de la herencia genética: unos pueden recibir el don de la inteligencia; mientras que otros reciben el de la belleza (que tiene una enorme importancia). Nadie duda de que el mejor regalo como herencia, por nacimiento, es el de una buena salud. Hay otras herencias que no vienen con el ADN, sino con el registro de la propiedad: se puede heredar patrimonio y, con ello, posición, prestigio e influencia. No es nada menor.Me hace feliz pensar que algunos han heredado la dignidad consustancial a la voluntad de trabajo y del esfuerzoLos humanos somos envidiosos por naturaleza. Bendito sea quien nazca con envidia atenuada ya que se ahorrará muchos disgustos. La envidia gasta y te hace pequeño. Conozco a mucha gente que quisiera tener pelo, o ser atlético, o dormir poco sin levantarse cansado, o comer sin engordar. Pero pocos envidian, por poner un ejemplo, a quien tenga memoria. Algunos envidian cosas aparentemente muy grandes, cuando, en el fondo, a veces, esas son cosas que encogen tu esencia.La gente suele presumir de cosas visibles, pero menos de las invisibles. Hay algunas que son realmente admirables y no se heredan: el gusto por la belleza, por la bondad o por la verdad. Admiremos a los compasivos, a los perseverantes, a los humildes, a los sabios… Un día le pregunté a mi madre si tenía algo a su nombre. Me contestó: “Dos cosas, hijo mío: mi carnet de identidad y mi amor propio”.Podríamos haber heredado de nuestros padres belleza, inteligencia o salud. Podríamos haber heredado posición, prestigio y recursos materiales. Me hace feliz pensar que algunos han heredado la dignidad consustancial a la voluntad de trabajo y del esfuerzo, realizado con sinceras ganas de contribuir a la alegría de los demás. Heredar para servir.