[Esta es la versión digital del newsletter semanal de Colombia, que se envía todos los miércoles. Si quiere suscribirse, puede hacerlo a través de este enlace.]Colombia es vorágine y duelo permanente. Si la palabra de la semana pasada fue “fraude”, la de esta es “autoatentado”. En el medio, entre días de vértigo, se diluyó otra: “Constituyente”. Y, mucho más grave, asesinaron a un periodista de Cúcuta, en la zona fronteriza con Venezuela. “Miedo” es la palabra que permanece. Después de la primera vuelta presidencial el tiempo parece haberse acelerado. En X, el presidente Gustavo Petro ha seguido lanzando y cambiando sus teorías sobre un supuesto fraude electoral, aunque todos los observadores internacionales y hasta el candidato presidencial Iván Cepeda aceptaron los resultados del escrutinio. La Misión de Observación Electoral (MOE) explicó que el mandatario confundió los datos de las votaciones en el exterior, mientras la Registraduría confirmó que no hubo cambio en el censo electoral, como ha dicho el mandatario.En Cúcuta, un sicario enviado por un poderoso mató al colega Cristian Herrera, quien horas antes de ser asesinado tuiteó acerca de un congresista. “Un dato. A un recién elegido Senador de Norte de Santander que iba para Estados Unidos le dañaron el viaje, porque le cancelaron la visa y le tocó cambiar de planes. Lo peor es que la Fiscalía le tendría orden de trabajo para extinción de dominio. ¡Todo por una condena! Suenan las sirenas”, escribió el reconocido colega, que durante décadas investigó en el diario La Opinión y luego desde su medio independiente. El homicidio ocurrió un mes después de que llamadas disidencias, grupos armados dedicados a negocios ilegales, asesinaran a Mateo Pérez, otro periodista regional. Y aunque el presidente Petro tuiteó frenéticamente durante el fin de semana, no incluyó ni una condolencia por el asesinato de Herrera.En el plano de la política que siempre, pero sobre todo en estos días, atraviesa la vida diaria de los colombianos, se desmontó la iniciativa para buscar una asamblea constituyente. El presidente Petro cedió en su obstinación de convocar este mecanismo que causaba temor entre muchos ciudadanos y perjudicaba directamente a la campaña de Cepeda. Desactivada esa bomba, que alejaba a los votantes del centro, la campaña del Pacto Histórico intentó sacudirse del batacazo de no ganar en primera vuelta y se dedicó a pelear en el plano simbólico. La camiseta de la Selección Colombia se convirtió en el símbolo de la disputa, el candidato apareció jugando fútbol con la hija del presidente y el K-Pop entró en la contienda. Del otro lado, en la campaña del ultra enviaron a medios al candidato a vicepresidente, José Manuel Restrepo, buscando votos del centro, alejados por las palabras de De La Espriella que promete “fracking a lo que dé” o “destripar a la izquierda”. Juegan la carta del economista reconocido en Bogotá.Sin embargo, este lunes la campaña tomó un cariz más peligroso. Cepeda anunció en sus redes sociales que tenía información de que “en la campaña de Abelardo de la Espriella se estaría fraguando un montaje para realizar un autoatentado controlado del candidato con el propósito de incidir en los resultados definitivos de la elección”. El senador aseguró que entregó la información a la Fiscalía y pidió que de ser necesario refuercen la seguridad a De La Espriella y a su fórmula. El aspirante de Defensores de la patria respondió en el mismo sentido: “A nuestra campaña ha llegado la misma información: que estás preparando un autoatentado”. De la Espriella aseguró que no había querido informarlo públicamente por responsabilidad. Las acusaciones de autoatentados ocurren justo a un año del ataque sicarial contra el senador Miguel Uribe Turbay, que era precandidato presidencial del opositor Centro Democráticoy falleció meses después en un hospital.Es pronto para saberlo, porque el tiempo se acelera en época electoral, pero la nueva palabra con que arranca esta nueva semana no es una, sino tres, que envuelven un solo concepto: “Compra de votos”. El sábado la campaña de Cepeda afirmó que tenía información de “presuntos manejos financieros irregulares y compra de votos por parte de la campaña de De la Espriella”. Y el martes, esta última le respondió subiendo la vara. Con lista en mano, el candidato Abelardo de La Espriella pidió al Gobierno de Estados Unidos que retire las visas de políticos y seguidores de Iván Cepeda por supuesta compra de votos.La única palabra que sigue perdida es “debate”.Otras historiasOtras noticias recomendadas de EL PAÍS Colombia: La justicia colombiana prohíbe a la campaña de Abelardo de la Espriella el uso de símbolos patriosEl Tribunal Superior de Bogotá ordena al candidato de la ultraderecha retirar toda la publicidad en la que use símbolos nacionales y lo despoja de su principal eslogan: “Firmes por la patria”.Toribío, el enclave indígena del Cauca que le dio el 92% de sus votos a Iván CepedaEn el municipio que más tomas guerrilleras ha vivido en Colombia, la población se vuelca hacia la opción progresista.Gutiérrez, el pueblo donde ocho de cada diez vecinos votaron por Abelardo De la EspriellaEste municipio de poco más de 4.000 habitantes refleja dos de las principales motivaciones que explican el éxito de ‘El Tigre’: el rechazo a Petro y la herida de la violencia guerrillera. 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Las palabras graves de un país en elecciones
En el vértigo de la segunda vuelta presidencial, los colombianos han vivido esta semana entre palabras como “fraude” y “autoatentado”. El tiempo se acelera y sigue sin aparecer la palabra debate













