Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00En las elecciones del 31 de mayo se volvió a dibujar la Colombia de 2022: en el centro del territorio, un país poblado de clase media que votó por De la Espriella; en los márgenes de costas, selvas y llanos, otro país más despoblado, pobre y asolado por la violencia de distintos pelambres, que votó por Cepeda.No obstante, un análisis detallado de las cifras de Pablo Manrique de La Silla Vacía revela que aún donde ganó Cepeda: Bogotá, Cali y Barranquilla, en barrios de clase media baja muchos abandonaron a la izquierda y se fueron con De la Espriella.La derecha, en cambio, mantuvo su ventaja arrasadora en Bucaramanga y Medellín, sólo que esta vez, la gente escogió su versión más radical. ¿Qué llevó a una mayoría de ciudadanos a votar por un hombre sin experiencia de gobierno, que pierde plata en sus variopintas empresas, salvo su muy lucrativa firma de abogados y ha sido socio de familiares de paramilitares?Primero el odio a Petro, bien cultivado por sus propios errores, como el debilitamiento extremo de un sistema de salud con el cual grandes clases medias urbanas estaban conformes; o su soberbia en creer que solo y sin preparación convencería a criminales de cuero grueso de firmar la paz; o su cinismo al mantener en el gobierno personajes abusivos o corruptos. Segundo, el miedo. Por más de que no se materializó con Petro, el fantasma del comunismo y el chavismo no deja de asustar a la clase media que ha conseguido sus bienes con tanto esfuerzo.Para azuzar estos sentimientos de miedo y odio y cosechar a su favor, De la Espriella montó una operación de mercadeo multinivel mayúscula, por la cual pudo distribuir mensajes bien enfocados a las necesidades de cada cual. Se conoció que su campaña manejaba una base de datos de 1,4 millones de colombianos, incluidos miles de funcionarios públicos, como reveló hace poco una alianza de medios. Les dio sentido de pertenencia (como salvadores de la patria), les pidió ayuda para traer referidos y, al parecer, hasta les ofreció premios, como un pasaje al mundial de fútbol. Usó el poder de esa multitud para empujar por WhatsApp su propaganda disfrazada de patriotismo. Esa receta, aceitada por un gasto de más de 30 mil millones de pesos, le compró presencia permanente en redes, eventos y fiestas. Es la misma fórmula que ha usado la derecha en el mundo desde hace una década para conseguir el Brexit o subir a Duterte en Filipinas, a Bolsonaro en Brasil o a Trump en Estados Unidos. Apoyados en los magos del arte de la manipulación personalizada de la era digital y contando con la polarización propia del modelo de negocio de las redes sociales, la gente, desilusionada con gobiernos mediocres, busca salidas insólitas por fuera del sistemaSólo así se comprende cómo personas de clases populares eligen candidatos que prometen públicamente políticas pro-rico, autoritarias, brutales, cuyas principales afectadas serán ellas mismas. En Colombia, esta mezcla de desilusión con el gobierno y la capacidad tecnológica de penetrar con propaganda es lo que explica que más de 10 millones de colombianos llevaran a las puertas de la Presidencia a un candidato tan pobre de virtudes para conducir un país.¿Es esto una transformación profunda de la ideología de las clases medias urbanas? No lo creo. Son pasiones efímeras. El que sube como palma, caerá luego como coco. Puede que le alcance a De la Espriella el impulso del mercadeo para llegar al Palacio Nariño. No sabemos, sin embargo, en caso de que ganara la segunda vuelta, si dejará democracia suficiente para poder elegir a otro cuando pase el entusiasmo.Conoce más
La palma y el coco, y qué explica el resultado del domingo
“¿Qué llevó a votar por un hombre que pierde plata en sus empresas, salvo su firma de abogados?”: María Teresa Ronderos









