Actualizado a las 16:27h.

Al final en la primera vuelta de las presidenciales colombianas hubo más sorpresas de las que cabía esperar. Contra pronóstico, el ganador en esta instancia resultó ser el ultraderechista Abelardo de la Espriella, con un 43,7% de los votos, y no el ultraizquierdista ... Iván Cepeda, que quedó en segundo lugar con un 40,9%. Paloma Valencia, la heredera política de Álvaro Uribe que intentó sumar votos aliándose con liberales, se desplomó y apenas obtuvo el respaldo del 6,9% del electorado. Sacó casi lo mismo que el centrista Sergio Fajardo, con la diferencia de que para este candidato su 4,2% representa casi un triunfo, al menos una carga de voltios que le devuelve el pulso a un proyecto político que parecía desahuciado. Para ella, en cambio, la distancia abismal con De la Espriella significa una derrota incontestable. La derecha colombiana ahora va por libre, sin una figura como Uribe que la apadrine, a un zarpazo de consolidarse como un proyecto asalvajado, patriótico y tradicionalista, que sólo se distingue del mileísmo o del trumpismo por sus aliños tropicales. Como el reguetón, Abelardo de la Espriella es un producto aspiracional: su estética hortera y su ostentación de nuevo rico, lejos de repeler, han resultado seductoras.