Visita Le�n XIVTras conmover en las redes sociales, la joven madrile�a detalla su labor en hospitales y misiones de Kenia y Camer�n, lejos de los focos digitalesMar�a Bueno, una joven que compagina su fe con la enfermer�a .Luc�a March�n MadridActualizado Mi�rcoles,

junio

20:07En el vol�til archivo de las redes sociales hay una secuencia grabada. Una joven de veintitr�s a�os, de rodillas, rota en l�grimas de alegr�a y devoci�n profunda durante la vigilia en Madrid ante el Papa Le�n XIV. El v�deo, grabado y compartido por EL MUNDO, se propag� r�pido, convirtiendo su oraci�n en fen�meno de masas. "�Por qu� a m�? Si soy una pringada, una t�a normal que la l�a y no ordena su cuarto", confiesa Mar�a entre risas transmitiendo una humildad genuina que desarma cualquier cinismo medi�tico. Aquella profunda conmoci�n espiritual no pas� inadvertida, Marta Rivera de la Cruz, concejala de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid por el Partido Popular, comparti� un mensaje de admiraci�n ensalzando a esta madrile�a como "una chica maravillosa".Pero detr�s de la pantalla no hay un personaje manufacturado para el algoritmo, sino una vocaci�n encarnada en el cuidado de los que sufren. Mar�a es enfermera, scout y catequista. Su fe, madurada en una libertad absoluta otorgada por sus padres, quienes jam�s la obligaron a ir a la iglesia, no se alimenta de abstracciones teol�gicas, sino de la acci�n pura. "Quiero vivir con sentido, estando presente, y s� que quiero vivirlo con Jes�s. Soy fan de Jes�s, me preocupan las cosas de las que �l se ocup�", afirma tajante. Su br�jula no apunta al confort, de hecho, mientras muchos contempor�neos se angustian por el mercado inmobiliario o el �ltimo bolso de Zara, a ella le conmueven profundamente las grietas de la sociedad.Esa inquietud la empuj� hacia la periferia geogr�fica y humana. A trav�s de los scouts, cofund� un campamento humanitario en Kenia, pa�s al que regresa por cuarto a�o consecutivo. All�, entre c�nticos lit�rgicos y bailes desbordantes de alegr�a, descubri� que la verdadera generosidad consiste en "dar no lo que te sobra, sino lo que eres". Poco despu�s, la Universidad Aut�noma le brind� la oportunidad de realizar pr�cticas en Camer�n. En la crudeza de los centros sanitarios africanos, la realidad la golpe� con fuerza. Mar�a experiment� etapas de incertidumbre y de dudas profundas que la emparentaron con las memorias de Santa Teresa de Calcuta. "Cre� que Jes�s me hab�a abandonado en la dureza de Camer�n, pero luego comprend� que �l segu�a all�, era yo la que no estaba sabiendo mirar", recuerda.De vuelta en Madrid, compagina sus estudios de enfermer�a con su labor junto a las mismas ni�as que la acompa�aban en el v�deo viral. Escucha reguet�n, a Rosal�a, C. Tangana, pero tambi�n a Hakuna o Luis Ferc�n, encarnando a una generaci�n capaz de disfrutar de la celebraci�n y, al mismo tiempo, buscar espacios para la reflexi�n. En su labor hospitalaria, admite la l�gica inquietud de cometer alg�n error al atender a los pacientes, un sentimiento humano que gestiona buscando la calma en la oraci�n y pidiendo paciencia. No busca ser una "influencer religiosa", sino un altavoz de la acogida en un entorno a menudo acelerado. Para Mar�a, la fe es exigencia,sacrificio y, ante todo, un ejercicio cotidiano de amor y perd�n. Una espiritualidad de lo cotidiano que reza por creyentes y ateos, convencida de que las obras hablan m�s alto que las palabras. Al final, el torbellino de su vida se refleja en su arrodillamiento, una alegr�a inquebrantable en un presente que sigue buscando razones para creer.