Por estos días, millones de niños y adolescentes utilizan herramientas de inteligencia artificial para hacer tareas escolares, resolver dudas, traducir textos, buscar información o simplemente conversar. Para muchos de ellos, interactuar con una IA resulta tan natural como para generaciones anteriores fue usar internet o tener un teléfono celular. La discusión sobre si estas tecnologías son buenas o malas parece haber quedado atrás. La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana y todo indica que su presencia será cada vez mayor. La verdadera pregunta es cómo aprender a convivir con ella. Especialistas en educación coinciden en que se trata de un cambio cultural profundo. Por primera vez, las nuevas generaciones tienen acceso a sistemas capaces de producir respuestas elaboradas, adaptar explicaciones según las necesidades de cada usuario e incluso simular conversaciones humanas. Esta transformación abre oportunidades valiosas para el aprendizaje, pero también plantea interrogantes sobre el desarrollo del pensamiento crítico, la privacidad y los modos de construir conocimiento.
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