Hola,
Lo que te voy a contar me pasó hace poco. Es una historia pequeña, pero reveladora. Me contactaron de una universidad para participar en uno de sus cursos de verano. Una de sus profesoras es colega y el año pasado participó en una charla que organizamos; quedó muy bien y su universidad quería replicar de alguna manera. Esta era la oportunidad.
Me gustó la idea pero me costaba comprometerme con tanta antelación porque mi conciliación estaba en el aire. La conciliación siempre está en el aire, pero en verano todavía más. Calcular vacaciones de unos y otras, pensar en campamenos, abuelos, familia, qué hacer para que los hijos estén cuidados y más o menos entretenidos, cómo organizarte tú con el curro... No os estoy contando nada que no sepáis.
El caso es que pasaban los días, yo seguía sin poder responder y la universidad tenía, lógicamente, prisa por cerrar el programa y poder ofrecer este curso. Y decidí decirles la verdad: todavía no sé qué deciros porque no sé si esos días estaré con mi hijo. Ahí sucedió la magia. El correo electrónico de respuesta que recibí contenía dos preguntas: ¿qué necesitas?, ¿cómo podemos ayudarte? Esas dos preguntas lo cambiaban todo. Conciliar ya no era solo 'mi' asunto, era un asunto que interpelaba a otras personas, a otros actores, que se sentían incumbidos por mis necesidades que son, al fin y al cabo, las necesidades de cuidados que puede tener cualquiera.












