MONSTERRAT.– En el quinto día de su visita a España, León XIV se convirtió este miércoles en el segundo Pontífice, después de san Juan Pablo II en 1982, en peregrinar a la abadía benedictina de Montserrat, donde se encuentra el santuario homónimo.

Desde este lugar sobrecogedor, enclavado en la montaña, rodeado de naturaleza y con vistas espectaculares al valle, volvió a lanzar un mensaje de reconciliación y denunció “la violencia que se esconde en las palabras, la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide”.

Pocos saben que este sitio, donde se respira espiritualidad y que justo cumple 1000 años, tiene un significado muy especial para Robert Prevost.

Ubicado a 700 metros de altura y a unos 40 kilómetros de Barcelona, Montserrat remite también a una etapa decisiva de su vida en Perú.

De joven, durante sus años como misionero agustino en Trujillo, en el norte del país, Prevost fue uno de los impulsores de la construcción de una iglesia dedicada a la Virgen de Montserrat, la imagen conocida como la “Moreneta” por el color oscuro de su rostro y que, según la tradición, fue hallada por pastores en una cueva de esas montañas en el año 880.