Entre los efectos colaterales de exponerse al chorro del aire acondicionado o a las aspas del ventilador son típicas la molestias en la garganta, pero también puede provocar irritación y molestias en los ojos, debido al ambiente seco que propician. El síndrome de ojo seco, una patología que afecta a millones de personas, encuentra en estos aparatos contra las altas temperaturas aliados para proliferar.
“Tanto el aire acondicionado como los ventiladores aumentan el movimiento de aire alrededor de la superficie ocular. Esto favorece la evaporación de la película lagrimal, especialmente si el ambiente es seco o la persona ya tiene algún grado de disfunción de las glándulas de Meibomio, que son una de las glándulas que tenemos en el borde de los párpados”, explica el oftalmólogo Vicente Miralles, adjunto del Hospital Universitario Henares, en Madrid.
Esta estructura es la encargada de proteger y lubricar el globo ocular, pero cuando se desvanece más rápido de lo habitual, según el especialista, puede desencadenar una respuesta inflamatoria.
Paradójicamente, la sequedad ocular no siempre se manifiesta como una falta de humedad, uno de los síntomas que señala Miralles y que pueden parecer más desconcertantes es el lagrimeo excesivo: “El ojo produce lágrimas reflejas de mala calidad ante la irritación”.












