En el siglo XIII, el emperador del Sacro Imperio Romano Germ�nico, Federico II, se empe�� en descubrir el idioma original de la humanidad. Quer�a averiguar c�mo hablar�an los seres humanos de forma espont�nea si no estuvieran expuestos a ninguna lengua desde su nacimiento. Y, para ello, llev� a cabo un cruel experimento: orden� criar a varios reci�n nacidos en total silencio. Las nodrizas pod�an darles de comer, pero no hablarles, cantarles, acariciarles o mostrarles afecto.El monarca esperaba encontrar el idioma de la creaci�n, pero lo �nico que alcanz� fue la muerte de todos aquellos beb�s. Porque ninguno sobrevivi� a ese tipo de crianza.�Federico buscaba el lenguaje original y, sin pretenderlo, demostr� que ese lenguaje no era otro que el idioma del cari�o�, se�ala la neuropediatra Mar�a Jos� Mas, que recuerda la historia del emperador en la reci�n publicada Neuronas en crecimiento (Ed. Vergara), una �gu�a con recomendaciones pr�cticas sobre lo que podemos hacer para fomentar un entorno adecuado y amoroso que promueva el sano neurodesarrollo de nuestros hijos desde el embarazo hasta los seis a�os�.La especialista, que dirige la secci�n de Neuropediatr�a del Hospital Sant Pau y Santa Tecla de Tarragona y combina su tarea profesional con una intensa labor divulgadora, subraya que �todo lo que el ni�o vive desde el momento de su concepci�n moldea c�mo pensar� y aprender� en el futuro�.Cada uno de nosotros, explica Mas, somos �el resultado �nico de la interacci�n entre la gen�tica, el entorno y la plasticidad del sistema nervioso�.Porque la biolog�a marca cu�les son nuestras capacidades, pero es el entorno el que ofrece las oportunidades que tenemos para desarrollarlas. �Separar gen�tica de ambiente es imposible, porque ambos se entrelazan a cada instante. As�, aunque el viaje est� planificado, el resultado es siempre una aventura�."El error es uno de los motores m�s eficaces del desarrollo cognitivo"Seg�n explica la neuropediatra, �la manera de andar, el idioma, el acento o las costumbres que aprendemos son la huella de esa interacci�n constante, sobre todo en la infancia, cuando las conexiones neuronales se multiplican y consolidan�.Esto se debe a que en estos primeros a�os hay momentos especialmente sensibles para el aprendizaje. Son las llamadas ventanas de oportunidad, que abren al cerebro la mejor disposici�n para adquirir una funci�n espec�fica.�Mientras la ventana permanece abierta, el cerebro est� preparado para recibir un tipo concreto de informaci�n. Si la adquiere, afina su organizaci�n con facilidad y el aprendizaje fluye con naturalidad; si no la obtiene, otras v�as podr�n compensarlo m�s adelante, pero a mayor coste y menor eficacia�. Es por eso que, con la exposici�n adecuada, los ni�os peque�os son capaces de aprender de manera r�pida un nuevo idioma y hablarlo con fluidez y sin acento, una tarea que cualquier adulto que lo haya intentado encuentra mucho m�s dif�cil una vez superada la infancia.Esas ventanas no se abren de forma arbitraria, recuerda Mas. Primero aparecen las que permiten las funciones m�s b�sicas, como las que permiten al ni�o empezar a moverse, pronunciar sus palabras o controlar sus esf�nteres. Y sobre ellas van despleg�ndose las m�s complejas, como las que tienen que ver con el razonamiento abstracto, la memoria o el lenguaje elaborado.�Cada ventana prepara a la siguiente y ninguna puede omitirse�, subraya Mas, quien advierte que �la mejor manera de sacar provecho del tiempo de apertura de esas ventanas es estar presente y ofrecer oportunidades que apoyen los intentos del ni�o�.No se necesitan est�mulos extraordinarios ni mucho menos dispositivos sofisticados para aprovechar esos periodos especialmente susceptibles para el aprendizaje, insiste la neuropediatra. Basta un entorno seguro y un adulto que acompa�e al ni�o sin forzarle. Por ejemplo, para un peque�o que est� empezando a desplazarse de manera aut�noma, lo �nico que hay que hacer es ofrecerle un espacio amplio y seguro para que pueda practicar esa marcha incipiente.Lo fundamental en esta etapa, remata Mas, radica en facilitar el trabajo que el sistema nervioso ya est� realizando. Y �estar ah�� es la mejor manera de conseguirlo, subraya.El mejor apoyo para el neurodesarrollo es la presencialidad, en el sentido de atender, respetar iniciativas y ayudar si se precisa, recuerda la especialista, que hace hincapi� en que �el neurodesarrollo se acompa�a, no se controla�.En ese sentido, Mas reivindica la importancia del error como �uno de los motores m�s eficaces del desarrollo cognitivo�.�El ni�o aprende de lo que sale bien pero, sobre todo, de lo que puede volver a intentar bajo la mirada atenta de quien le cuida�, explica. �Cuando una tarea nueva no nos sale, el cerebro tiene que pensar qu� ha pasado, d�nde est� el problema e intentar buscar una soluci�n distinta a la que ha aplicado y no ha funcionado. Por eso el error es una fuente de aprendizaje muy valiosa que a veces le sustraemos a los ni�os. En demasiadas ocasiones intentamos evitar que se equivoquen y eso no es buena idea�.Los ni�os de menos de seis a�os est�n acostumbrados al error y no lo perciben como algo malo ni como un fracaso, remarca Mas. �Cuando el ni�o puede explorar sin temor a fallar, insiste. Y cuando consigue comprender, aparece la motivaci�n, que incita a continuar, a mantener la atenci�n, da sentido a la repetici�n y hace m�s tolerable la dificultad�. Por eso es importante dejar que los ni�os se equivoquen y prueben c�mo subsanar cada fallo.La neuropediatra tambi�n subraya la importancia del juego libre en este momento del desarrollo. �Jugar es, en esta etapa, la forma m�s eficaz y natural de comprender c�mo funcionan las cosas. Y tambi�n, c�mo funcionan los v�nculos�, explica.�El juego libre, sin prop�sito, es una enorme fuente de aprendizaje�, se�ala Mas, quien recuerda que para los ni�os un palo o una piedra pueden ser todo, porque para ellos los objetos todav�a no tienen una funci�n est�ndar ni cerrada.Por eso, a los padres preocupados por el futuro de sus hijos, en vez de extraescolares -a las que la especialista no les encuentra ning�n sentido en esta etapa infantil-, lo que les recomienda es que favorezcan el juego libre. �Me parece mucho m�s interesante un buen rato de jugar en los charcos, con la arena de la playa o en la hierba jugando de forma libre�, remarca.Eso, y por supuesto tambi�n mucho tiempo con sus padres, a�ade. �Lo que m�s disfruta un ni�o de esta edad es pasar tiempo con sus padres o con alguien que le d� soporte emocional m�s all� de un aprendizaje�. En ese sentido, Mas plantea que muchas veces �el t�rmino estimulaci�n se interpreta mal�.�Estimular es ofrecer una serie de recursos de acuerdo con el momento del desarrollo del ni�o. Significa proporcionar est�mulos acorde a sus capacidades. Si el ni�o est� empezando a desplazarse por el suelo, un est�mulo es colocar su juguete favorito un poco m�s lejos de donde llega estirando la mano, para ver si se mueve y avanza para intentar alcanzarlo. Estimular es eso, acompa�ar en el desarrollo, no pretender acelerar los procesos ni querer aumentar las habilidades de una persona , que es lo que muchas veces se piensa�."Amor y disciplina no son caras opuestas de la crianza, sino que se complementan. Son el hilo conductor del neurodesarrollo"Criar es �acompa�ar un proceso fr�gil, pl�stico y profundamente humano que no se puede acelerar ni forzar�, subraya Mas, que desliza que el neurodesarrollo �no necesita perfecci�n�. Lo que demanda es �consonancia, presencia y un ambiente ordenado y protector que permita su avance sin interrupciones. En definitiva, adultos que amortig�en el estr�s, que pongan l�mites razonales y que conduzcan al ni�o hacia su autonom�a�.Mas subraya que amor y disciplina �no son caras opuestas de la crianza, sino que se complementan�. Son el hilo conductor del neurodesarrollo porque cuando ambas se combinan, apunta, �el ni�o encuentra su propio modo de estar, pensar y relacionarse�.Durante los tres primeros a�os de un beb� se forman cerca de un mill�n de nuevas conexiones neuronales por segundo en su corteza cerebral. Esas redes, que permiten el desarrollo del movimiento, el lenguaje o la cognici�n se sustentan b�sicamente en interacciones f�sicas y sociales. O sea, en mucha atenci�n por parte del adulto.Pero, en el mundo en que vivimos, hay muchos est�mulos que compiten por esa atenci�n, advierte Mas.�Se habla mucho de las pantallas, pero principalmente las pantallas que yo prohibir�a son las que usan los padres mientras est�n con sus hijos�, se�ala la neuropediatra.�Mientras el adulto mira una pantalla deja de estar disponible para responder a las se�ales del ni�o. Las miradas se pierden y los intercambios se empobrecen�, se�ala Mas, que recuerda que varias investigaciones han demostrado que, en presencia de pantallas el lenguaje dirigido al ni�o disminuye, se adapta peor a su juego o a sus intentos comunicativos.Las pantallas, contin�a, �son da�inas cuando sustituyen al adulto, porque reemplazan las vivencias cotidianas que el cerebro necesita para construirse�.A lo largo de la conversaci�n, Mas escoge varias veces la palabra �presencialidad� para definir cu�l es el mejor apoyo para el neurodesarrollo en esta etapa de la infancia.�Al final no se trata de hacerlo todo bien�, concluye. �Se trata de estar ah��.