A pesar de los esfuerzos del Estado, la violencia parece no dar tregua. De ahí que se requiera instalar foros y espacios ciudadanos (en cada barrio) para organizarnos en el cuidado de los nuestros, para discutir los valores que necesitamos vivir y difundir, para crear planes de vida y desarrollo y evitar que la violencia siga avanzando.En un acertado reportaje del Diario EL UNIVERSO se analiza la situación de Durán y se comparan los datos de muertes violentas con los de Haití. Lastimosamente, la violencia continúa y coloca a Ecuador entre los sitios más peligrosos del planeta. Pero ¿qué es la violencia? Según la Asociación Americana de Psicología, es un acto intencional de causar daño a otra persona. Es un fenómeno complejo, es decir, tiene diversos elementos que abonan a que la violencia surja, permanezca y crezca. Uno de los factores que generan y sostienen la violencia es la lucha por intereses. Y en el Ecuador, las formas violentas de relación social parecen levantarse como un lenguaje legítimo. Particularmente, quienes deberían mantener un tono mesurado, inteligente y cordial –políticos– desprenden un discurso que aviva el odio y el enfrentamiento.Pero ¿cuál es el vínculo entre odio y violencia? El odio crea brechas profundas, promueve la discriminación y ahí tenemos muchos ejemplos negativos: desde aquel que tras un título marca su diferencia con quienes no lo lograron y los menosprecia, hasta las acciones evidentes que buscan desacreditar a un grupo. Usualmente, las oposiciones políticas emplean la herramienta de “desacreditar”, como si tuviesen el derecho de afectar emocionalmente al otro, y terminan dañando a todo un país, que hoy más que nunca necesita actuar en conjunto, sentir que es posible confiar en el otro (aunque piense diferente) para sumarse a la construcción de un país.Lastimosamente, la saturación de imágenes y mensajes sin filtro contribuye a propagar el odio y la violencia. De ahí que los liderazgos sociales, políticos, académicos y comunitarios deban convocarse para promover la unidad social, resquebrajada por disputas.¿Es posible superar el odio y la violencia? Los estudios científicos muestran que sí es posible, pero se requiere una acción integral a nivel individual y social. Es posible aprender a perdonar, amar y apreciar a las personas que nos incomodan, valorar a los que piensan distinto a nosotros. Desde las Ciencias Sociales se educa en el aprecio a la diversidad, en el respeto por la diferencia y en la capacidad de incorporar ideas diferentes para construir soluciones. La psicología aporta diversas terapias para aprender estrategias de afrontamiento (no enfrentamiento), para superar las dificultades que provienen del encuentro con otras personas. Y desde las artes se modifican espacios, perspectivas, se dan posibilidades de expresión distintas. En resumen, existen otras herramientas para apaciguar a los territorios; pero se requiere voluntad política y recursos enfocados en sanar las emociones, educar las formas en que interactuamos. Lastimosamente, en este país poco o nada se invierte en contratar sociólogos y psicólogos para que contribuyan a las gestiones de los territorios. Son esos profesionales los que pueden ayudar a superar la red de odio y violencia en la que nos hemos enredado. (O)