A las 4 de la mañana, cuando la lluvia era ya una cortina implacable, el Polideportivo José Gatica cerró finalmente las puertas y dio por finalizado el velorio del Indio Solari. Sin incidentes, masivo y a la altura del mito. La Provincia de Buenos Aires movilizó bomberos, promotores de salud y fuerzas especiales. La Cámpora, a su vez, movilizó militantes de pechera blanca que ayudaron a ordenar el tránsito de la peregrinación. El chiste se repetía como un latiguillo en las filas kirchneristas: el último milagro del Indio fue poner en pausa la interna peronista.

Tres veces conversaron por teléfono Máximo Kirchner y Axel Kicillof durante el viernes, el día que el Indio Solari murió. Lo contó primero Marcelo Figueras, el biógrafo del músico y amigo cercano de la familia, quien se encargó de funcionar de enlace con los distintos dispositivos gubernamentales para organizar el último adiós al Indio. El contacto continuó durante el fin de semana: cuando se comprobó que el gobierno nacional no se haría cargo del velorio, las dos terminales enemistadas del peronismo bonaerense se abocaron a diseñar la logística de un evento que, ricoteros los dos, sabían que sería masivo.

El líder de La Cámpora llegó a Parque Leloir el viernes por la mañana, apenas la familia del Indio le avisó de su muerte. Amigo del músico y de su esposa, Virginia, Kirchner se instaló en la residencia familiar para acompañar en el duelo y, a su vez, dar una mano en la organización del velorio. Vía Paula Penacca, Cecilia Moreau y Germán Martínez, las autoridades del bloque peronista en la Cámara de Diputados, se enteró que Martín Menem se mostraba renuente a abrir el Congreso para la despedida, que era lo que quería la familia. Por lo que empezó a analizar opciones: el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, ya le había comunicado a la familia del Indio que dejaba a disposición el lugar que quisiera de la Provincia. Lo llamó.