En 2022, el madrileño Gabriel Plaza culminó su brillantísimo Bachillerato con un 10 redondo en la Selectividad, una nota que llamó mucho la atención de los medios. El alumno perfecto no quería ser ingeniero o médico, sino graduarse en Filología Clásica, a la que se accede con un cinco. Las redes se llenaron de muchos mensajes elogiosos y unas cuantas descalificaciones de quienes consideran que alguien sobresaliente debe renunciar a la vocación y llenarse los bolsillos. Durante dos días, se abrió un debate público sobre la vocación frente a las salidas laborales o el valor de las humanidades.La presión fue tal que, abrumado, Gabriel optó por cerrar su cuenta de Twitter (hoy X). Ahora termina Clásicas con los máximos honores y acepta esta entrevista en su querida facultad tras reflexionar 24 horas sobre su pertinencia. Como hace cuatro años, decide aprovechar el altavoz para hacer un alegato en defensa de las humanidades, las preferencias y una enseñanza pública “de calidad y gratuita”.Gabriel, que habla pausado, midiendo sus palabras, cree que “algunos medios se aprovecharon un poco. Se lanzaron al titular”. Sintió que “no tenía control sobre la situación. Era una bola de nieve”. Porque no se le vio “como persona, sino como un número”. Porque dice que sí, es “un buen estudiante, pero también muchas cosas más”. Gabriel es discreto, afable y enseguida tiene una palabra para los que no se suele citar, como sus compañeros que hacen “malabares para trabajar y estudiar” y no tienen tiempo para sacar grandes notas, o los conserjes y administrativos de los centros educativos. Sobre la utilidad de las carreras me pregunto: ¿útil para qué o para quién?"“¡Gracias por elegirnos!”, se alegró en Twitter la Universidad Complutense cuando Gabriel optó por ese centro de estudios. Numerosos columnistas salieron a respaldarle tras las vejaciones, como Sergio del Molino y Najat El Hachmi en EL PAÍS; pero también algunos internautas auguraron que se arrepentiría de la elección de carrera: “Luego nos quejamos de la precariedad”, decían algunos. “Vaya mierda de carrera”; “tan esenciales no son las Humanidades cuando vivo sin ellas”, criticaban otros. Pero Gabriel se reafirma: “He disfrutado mucho. En algún momento me he planteado: ¿qué habría pasado si hubiese hecho otra cosa? Pero todo lo que hubiese estudiado es un poco al final de humanidades“. “Sobre la utilidad de las carreras me pregunto: ¿útil para qué o para quién?”, plantea. “Ahora que se habla tanto de las habilidades transversales, la traducción te sirve para desarrollar métodos de razonamiento y, hay tanto que hacer en el cuatrimestre, que aprendes a gestionar proyectos. O en el análisis de textos, desarrollamos una visión crítica. Las humanidades proporcionan unas habilidades que sirven para todo en la vida. Por eso se emplean en empresas de IA”. Él ha hecho cursos de programación con la idea ahora descartada de inscribirse en un máster en lingüística computacional, porque su curiosidad no conoce límites.Sus padres siempre le han respaldado “mucho”, pero confiesa que ser el universitario de 10 se convirtió en una enorme losa. Quería estar a la altura de las expectativas y sufrió una ansiedad que le obligó a ir al psicólogo. Mirando atrás, piensa que renunció a demasiado por los estudios. “Quedaba con amigos, hacía deporte, salía a dar paseos, pero no hacía ninguna actividad más. Me ha costado encontrar el equilibrio”. Y lo halló cuando hizo otras cosas como cerámica o ahora que se ha sacado el carnet de conducir. “En los últimos años, he dado prioridad a mi bienestar personal frente a mi autoexigencia”. Ahora le da “rabia” no haber entrado en algún grupo de teatro, asociación política o estudiantil.Gabriel no se atreve a recomendar estudiar menos: “Los requisitos académicos para obtener una beca de doctorado, por ejemplo, son muy altos desde primero de carrera. No puedes tener ningún tropezón y hay mucha presión“. Pero sí que aconseja hacer otras cosas que son ”más importantes que los estudios, como son cuidarse, cuidar a la familia o a los amigos”. Insiste en la salud mental de los jóvenes: “Sentimos que estamos abocados a la precariedad en el empleo, la vivienda, el coste de vida y ahora ya hay conciencia de esta ansiedad. Creo que eso es positivo”.Algún hater deseó a Gabriel que se estrellase en el trabajo: “Dentro de ocho años, habrá que pasarse por Sol a ver si está indignado”, “Aprobemos la creación de un Ministerio de Letras para que ejerza el muchacho” o “Cosas con salida”. Las estadísticas laborales, sin embargo, están de su lado: los graduados en Clásicas tienen un sueldo por encima de la media a los cuatro años de terminar. “No nos espera un futuro horrible. Según nos han dicho profesores, y también sé por otros compañeros ya graduados en Clásicas, hay mucha necesidad de profesores de instituto. Se está jubilando la generación del baby boom. No es solo que se estén quedando plazas sin cubrir en las oposiciones, sino que la gente ya empieza a trabajar sin tener el máster de Formación del Profesorado“. A él no le movieron las salidas laborales, pero aclara: “Que una carrera tenga una nota de acceso alta significa que tiene más demanda, no que las expectativas vayan a ser mejores”. En el aula él no era la excepción. Otros grandes expedientes en Selectividad optaron por Clásicas, “pero por dos décimas más fue mi caso el que se dio a conocer”.El ambiente que se respiraba y los valores que transmitían son más acordes a lo que yo soy”.La meta de Gabriel es la docencia, pero por el camino se cruzan otros intereses. “A largo plazo tengo claro que me gustaría dar clase. No sé si en el instituto o en la Universidad. Probablemente en un instituto. Pero creo que el año que viene voy a hacer un máster de investigación en la Universidad de Barcelona”, cuenta. Se trata del posgrado Culturas y Lenguas de la Antigüedad, descrito en su web como “un viaje desde los orígenes de la civilización mesopotámica hasta la actualidad”. El catalán no será una barrera para Gabriel, que en tercero de carrera disfrutó de una beca SICUE (Sistema de Intercambio entre Centros Universitarios Españoles) también en la UB. Se siente casi obligado a justificar el cambio: “Me voy porque tengo muchos amigos y por cambiar un poco de aires. Pero creo que estaría igual de bien en la Complutense”. Ha tenido “mucha suerte” con “las ganas” con la que le han enseñado los docentes en ambas universidades. “Esa pasión hace que el alumno disfrute más”.Gabriel, que expresa su respaldo a las huelgas educativas de los docentes valencianos y catalanes, descarta impartir clase en la red privada: “Me parece la opción más natural querer ser profesor en la pública”. En sexto de primaria pasó de un colegio privado a uno público y allí su horizonte cambió. “El ambiente que se respiraba y los valores que transmitían son más acordes a lo que yo soy”.Gala y Matilde, profesoras del instituto público San Juan Bautista, marcaron su progresión académica y se siente agradecido. “Los profesores no solo hacen una labor académica, acompañan al alumno en todos esos años tan convulsos de la adolescencia. De ellos he aprendido mucho en lo académico y personal”. Le gustaría tomar el relevo en este amparo.Siempre humilde y con cierta timidez, razona: “Me planteo igual hacer un doctorado. Con la media que tengo, creo que podría conseguir una beca”. Su expediente universitario roza el 10, un 9,97. Le falta alguna nota y el Trabajo de Fin de Grado En el móvil lleva apuntado todo lo que no quiere olvidar decir a este diario, como el valor de las lenguas muertas. Termina sacando su chuleta. “El mundo clásico es la base de nuestra cultura, es innegable, para bien y para mal. Hay que tener una actitud hospitalaria hacia los textos en latín y griego, querer escucharlos, porque han llegado hasta nosotros de una forma no fácil, muchos se han perdido”. Aunque piensa que hay que “ser críticos con una sociedad misógina, imperialista, esclavista. El entender al otro es entenderse a uno mismo, porque es saber más del ser humano. Pero hay ciertos sentimientos y emociones que se parecen mucho a los de ahora si lees la poesía, la lírica de los clásicos o incluso los epitafios de la gente común de la Antigüedad”.
Gabriel Plaza, el alumno de 10 al que vejaron por elegir Filología Clásica: “Quiero ser profesor en la pública”
El mejor bachiller madrileño en la Selectividad de 2022 se gradúa este año en la Complutense y alerta sobre la ansiedad que produce responder a las altas expectativas académicas













