En Europa se consolidó la idea de que crear es trabajar, y de que quienes sostienen la vida cultural forman parte de una comunidad laboral que debe ser protegida frente a los profundos desequilibrios de poder existentes en la industria cultural

“Es imposible salvar Europa si no se salva al mismo tiempo su cultura”, escribió Denis de Rougemont, el escritor y filósofo defensor del hombre libre y responsable políticamente, en plena reconstrucción del continente tras la Segunda Guerra Mundial.

En estos momentos de grandes cambios, esta afirmación trasciende lo pertinente para convertirse en una invocación necesaria. Europa no se ha construido únicamente como un espacio económico, sino como un proyecto cultural y político basado en una tradición intelectual compartida y en un compromiso histórico con la dignidad del trabajo.

Desde la Grecia clásica y la cultura humanista hasta las democracias contemporáneas, Europa ha entendido la creación artística, intelectual y científica como un elemento central de la vida colectiva. Una herencia que se tradujo en un modelo social que situó la protección de las personas frente a las lógicas más agresivas del mercado en el corazón del proyecto europeo.

En Europa se consolidó la idea de que crear es trabajar, y de que quienes sostienen la vida cultural —autores, autoras, intérpretes, guionistas y directores y directoras— forman parte de una comunidad laboral que debe ser protegida frente a los profundos desequilibrios de poder existentes en la industria cultural. De ahí nace la noción de trabajadores de la cultura y un marco jurídico orientado a garantizar derechos, remuneración y sostenibilidad profesional. Europa defiende al autor como sujeto de derechos, inseparable de su obra y, consecuentemente, las leyes laborales y de propiedad intelectual en la Unión Europea, reflejan el compromiso de garantizar un elevado grado de protección a los creadores y su participación en los ingresos que generan sus obras con una retribución adecuada. Así se recoge en numerosos textos legislativos europeos y, más recientemente, en la última directiva sobre los derechos de autor, que intenta crear un marco de protección en el mercado único digital.