El comedor de la moderna y funcional Ciudad del Fútbol de la federación portuguesa ubicada en Oeiras, a las afueras de Lisboa, es un hervidero de conversaciones en el que se entremezclan empleados de todas las edades. La preponderancia de la juventud y las mesas de pimpón en la terraza adyacente confieren al diáfano habitáculo los trazos de cualquier empresa tech. Es la una de la tarde, hora de comer, y Roberto Martínez (Balaguer, Lleida, 52 años), el seleccionador que carga con la responsabilidad de concretar el favoritismo de Portugal en la conquista de su primer Mundial, se dispone al seguimiento de El País Semanal durante una jornada. Esta incluirá dos actos publicitarios y una charla en el Instituto Cervantes de Lisboa para reflexionar sobre la evolución de las relaciones entre España y Portugal. Roberto Martínez se presenta en el refectorio como uno más, aunque no lo sea. Es el tercer seleccionador extranjero de la historia que asume la dirección de la selección lusa y el primero de habla no portuguesa. Sus predecesores, los brasileños Otto Glória y Luiz Felipe Scolari (2004-2006), elevaron a Portugal a su mejor clasificación en un Mundial. Con Gloria y liderados por el gran Eusébio, alcanzaron el tercer puesto en el Mundial de Inglaterra (1966). Bajo la dirección de Scolari, en la primera Copa del Mundo que disputó Cristiano Ronaldo, en Alemania 2006, acabaron cuartos. Ahora solo vale ganar y Roberto Martínez es consciente de ello. Maneja un elenco de estrellas mundiales con el que convive bajo el consenso generalizado de que los Vitinha, Bernardo Silva, João Neves, Bruno Fernandes, Nuno Mendes, Rúben Dias o Leão, más la leyenda viva que es Ronaldo, conforman la mejor generación de jugadores lusos que acudirá a la gran cita del fútbol mundial.Faltará el extremo Diogo Jota, cuyo fallecimiento en un accidente de tráfico el pasado verano todavía está muy presente en el vestuario. Desde la tragedia, Roberto Martínez anuncia el número de convocados más uno. El 19 de mayo, cuando difundió en redes sociales la lista de los internacionales que competirán en el Mundial, la encabezó con un 27+1, de los que tendrá que descartar a uno de los cuatro porteros. “Era un ejemplo de creer en lo increíble”, recuerda, “es el jugador que te hacía creer que todo era posible, como ganarle la Nations League a España. Siempre hablaba de los retos y hay que mantener esa energía, esa exigencia interna. El proyecto de esta selección era con él, sería incongruente no acompañarlo con su fuerza. En el Mundial serán 26+1”. —Después de tres años y, tras haber caído en los cuartos de final de la Eurocopa de 2024 y haber conquistado la última Liga de Naciones al imponerse a España, la exigencia es máxima por el nivel del plantel.—Hablamos de jugadores que están en los vestuarios más exigentes del fútbol mundial. Tampoco es algo desconocido para ellos, me daría más intranquilidad que en la selección no tuvieran la misma exigencia del club. La exigencia es máxima, pero bienvenida porque te permite continuar al nivel de los clubes, de escribir historia. En los últimos 20 años solo hay cuatro selecciones en Europa que se han clasificado para todos los torneos importantes, que son Francia, Alemania, España y Portugal, y el último trofeo que falta es el Mundial. La inspiración de la Portugal de Eusébio en 1966, que fue tercera, abre una ventana de responsabilidad, pero también una oportunidad para el futbolista de esta generación que puede luchar por algo que el pueblo portugués merece.En su despacho, la reproducción en miniatura del trofeo que se entrega a la selección campeona del mundo preside la mesa de trabajo como icono incuestionable de esa exigencia que pesa sobre su figura. “Creo mucho en la visualización, se la mostré a mi cuerpo técnico el día que empezaron los partidos de clasificación para el Mundial para darle el objetivo al trabajo del día a día. En una selección todo se expande en el tiempo, todo se alarga mucho, y tener ese foco te da la razón para hacer más”, explica. En la dependencia contigua, presidida por una pizarra para simular tácticas con imanes, Roberto Martínez se reúne con su cuerpo técnico a diario alrededor de un café y distribuye las tareas.En el comedor, mientras recoge una bandeja, cubiertos y un plato en el que se autosirve un poco de pasta y verdura, saluda y dialoga con todo aquel que tiene algo que comentarle antes de dirigirse a la esquina en la que en una amplia mesa redonda le aguarda parte de su cuerpo técnico. El crisol de nacionalidades de sus ayudantes es una guía fiable de su carrera y revela una mentalidad abierta, plurinacional y pluricultural en tiempos de cerrazón fronteriza y políticos de bandera en la boca más propios del siglo XIX que del XXI. Roberto Martínez salió de España con 21 años y todavía no ha vuelto. Esto le ha permitido abrirse para integrarse y comprender todas las sensibilidades. Cantaba el himno de Bélgica y ahora el de Portugal tanto por empatía como para reforzar su identificación con el país, pero respetó que los jugadores belgas de origen congoleño no lo hicieran por los muertos que deparó el colonialismo.Su hombre de confianza y amigo inseparable desde que se conocieron cuando jugaban en el Zaragoza antes de emigrar al Wigan en 1995 es Jesús Seba, de etnia gitana. Un vasco que le acompaña desde su etapa en el banquillo del Swansea, Iñaki Bergara, es el preparador de porteros. Un galés, Richard Evans, con el que coincidió en el Swansea como fisioterapeuta, es el preparador físico y le ha seguido como entrenador en el Wigan, la selección de Bélgica y ahora Portugal. De su periplo belga de siete años en el que llevó a Bélgica hasta el tercer puesto en el Mundial de Rusia en 2018, captó a un analista treintañero, Stijn Campo. “Me he llevado lo mejor de cada casa”, bromea. El central exmadridista Ricardo Carvalho, que ejerce de segundo, y el exportero bético Ricardo Pereira, que también trabaja con los porteros, aportan el punto fuerte de conexión con los internacionales y el fútbol locales. Completa su staff a tiempo parcial Austin MacPhee, especialista en las jugadas a balón parado que forma parte del equipo de trabajo de Unai Emery en el Aston Villa. “He vivido 14 años en vestuarios muy diversificados culturalmente. En Bélgica había tres idiomas oficiales (flamenco, francés y alemán) y en el Wigan llegué a tener jugadores de 20 nacionalidades, ahora es volver a mis orígenes, es muy ibérico”, reflexiona. En una mesita contigua a su escritorio reposa un álbum biográfico de José Saramago, el premio Nobel de Literatura luso que en La balsa de piedra ficcionó la separación física de la península Ibérica del resto de Europa en un viaje a la deriva por el Atlántico en el que diseccionó y disertó sobre la identidad, las virtudes y los defectos del mundo ibérico en un contexto en el que España y Portugal acababan de integrarse, en 1986, en la Unión Europea.—Lo ibérico está muy presente en su relato como seleccionador portugués.—El portugués ve muchas diferencias entre el norte y el sur, cuando nosotros vemos Portugal como una sola región. Es curioso que haya mucha diferencia en las comidas o en la forma de ser, pero dentro de una cultura que es muy homogénea. Hay más similitudes que diferencias en la península Ibérica si los comparas con otras zonas de Europa. En España, también antes de la conquista de la Eurocopa de 2008, siempre había grandes individuales, pero no había un equipo ganador. Cuando se gana es cuando se empieza a cambiar esa mentalidad. En Portugal siempre ha habido grandes jugadores, Eusébio, Figo, João Pinto, Rui Costa han sido referencias. De lo que hablamos ahora es de jugadores que son importantes para ganar la Copa de Europa, como está pasando en el PSG, el capitán del Manchester United es Bruno Fernandes, dos de los capitanes del City son Rúben Dias y Bernardo Silva y el del Oporto es Diogo Costa.—Portugal, con apenas 10 millones de habitantes, es la Uruguay europea por la cantidad de talentos que ha fabricado a lo largo de su historia. ¿Ha identificado la clave de esa producción inagotable?—Me encanta conocer la cultura del vestuario con el que trabajo, entender de dónde viene el jugador me ayuda para tomar decisiones. La persona que hay detrás del futbolista representa muy bien al pueblo portugués. Me parece increíble la capacidad que tienen para los idiomas. Aquí no se ve ninguna película doblada, todo está en versión original. La mayoría de las personas en Portugal habla inglés y español. Hace 500 años eran navegantes y se lanzaron a descubrir el mundo entero. De alguna manera es el espíritu de Fernando de Magallanes [el navegante portugués fallecido en 1521 mientras comandaba la expedición que terminó por circunnavegar por primera vez el globo a las órdenes de Juan Sebastián Elcano], hay una confianza para salir del país y dar lo mejor de ti. El futbolista portugués cree que puede salir al mejor vestuario de Europa y, con humildad y respeto, entender el ambiente y aportar. Esto no tiene que ver con el aspecto táctico o técnico del futbolista, pero es una gran capacidad en el ámbito humano. Además, la metodología del entrenador portugués es muy buena y los jugadores pueden desarrollar el talento porque pasan por muchos escalones previos muy competitivos.El desarrollo de las capacidades para competir lo encarna como nadie, a sus 41 años, Cristiano Ronaldo. Cuando Roberto Martínez asumió el cargo en febrero de 2023, había una gran expectación, casi de asunto de Estado, por saber si finiquitaría la etapa del considerado por muchos especialistas y aficionados como el mejor jugador de la historia junto con Lionel Messi. El voraz goleador que apura su carrera en Arabia Saudí no solo no ha desaparecido de los convocados, sino que ha mantenido su liderazgo en la selección con vistas al Mundial.—Está a muerte con Cristiano, se la jugará por y con él durante el Mundial. —Está muy comprometido y es un ejemplo de lo que necesita para jugar en la selección. En uno de los últimos partidos hubo jugadores que nacieron el año [2001] en el que él debutó. Lleva 25 años en la selección. No viene por lo que ha hecho, sino por lo que sigue haciendo. Está en un momento que disfruta del día a día, con unos niveles de profesionalidad difíciles de encontrar. Todavía vive todos los días para ver cómo puede mejorar para el siguiente. Tiene una disciplina táctica para estar en el área que nos abre muchos espacios. Ha marcado 25 goles en los últimos 30 partidos. Es un referente. Todo el mundo tiene una opinión sobre Cristiano, pero lo importante es que yo puedo valorizar mucho lo que aporta a la selección.Son las 17.30 y, tras someterse con paciencia y sin rechistar a una exhaustiva sesión fotográfica —“forma parte de mi trabajo, como la representación institucional”, dice—, parte hacia el Instituto Cervantes, donde compartirá su experiencia particular sobre la integración de los españoles en Portugal junto con Lara Siscar, corresponsal en Lisboa de Televisión Española, y Enrique Hidalgo, director general de El Corte Inglés en el país vecino, cuando el 26 de enero se realizó este reportaje, y ahora ascendido a director de gestión de ventas del grupo en ambos países. El acto lo preside el embajador español en Portugal, Juan Fernández Trigo, que cuando presenta a Roberto Martínez no puede evitar pronunciar “poner a los portugueses a las órdenes de un español…”. Roberto Martínez cuenta con el mejor registro de victorias (68%) de todos los seleccionadores lusos y será el primer técnico español en dirigir en tres mundiales. Sin embargo, no hay entrenador que no lleve en su mochila un potencial de críticos y que sea inmune al cuestionamiento. Pero, en este caso, la exposición a los reproches es ante todo un país. Por mucho que a ambos lados de la frontera exista una mejora sostenida de aceptación mutua respecto al pasado, todavía chirriaría, al menos una pizca, que un español sea el que proclame a Portugal por primera vez ganadora de una Copa del Mundo. —El seleccionador portugués tiene mucho debate y la crítica forma parte de nuestro trabajo. El pueblo portugués siente que la selección ofrece una oportunidad de salir al extranjero, de poder luchar contra todo. El seleccionador portugués tiene crítica, me di cuenta rápido cuando nos clasificamos para la Eurocopa de 2024 ganando todos los partidos. Eso nunca había sucedido y tuve crítica. El seleccionador extranjero tiene una dosis de neutralidad que ayuda mucho. El ser tan neutro puede ser motivo de crítica, pero nunca he notado que sea criticado por mi nacionalidad, lo he podido ser por mis decisiones, por utilizar unos jugadores o por jugar de una determinada manera. En Portugal hay una frase que se dijo ya hace años: “Déjennos soñar”. Y esta selección te deja y es lo que necesitamos.El sueño ideal para Roberto Martínez sería una final ibérica en la que asegura que “la sufriría más desde el lado de aficionado que desde la obligación de un entrenador de preparar un partido para ganarlo”. Ese duelo vecinal sería una especie de Tratado de Tordesillas en el que dirimiría con Luis de la Fuente quién reinará en el planeta fútbol los cuatro próximos años, antesala del Mundial de 2030 organizado por España, Portugal y Marruecos. —Sería bonito para el fútbol ibérico. La final de la Liga de Naciones entre España y Portugal ya fue muy bien recibida. Nuestro objetivo es intentar ganar el Mundial con la humildad de saber que es difícil, que solo ha habido ocho campeones en toda la historia. —¿Y si lo gana?—Puf, sería mejor que me hiciera esa pregunta después de ganarlo. Especial Mundial 2026Este reportaje forma parte del número monográfico de 'El País Semanal' del 7 de junio dedicado al Mundial de fútbol.