La mecanización de la industria viene de muy lejos, pero nunca como ahora se había producido un proceso tan disruptivo en tan corto periodo de tiempo. Los robots industriales crecen y crecen, y es China quien ha acelerado el paso tras haber desplazado a Alemania como el segundo país del mundo con más ‘operarios’ artificiales. China, de hecho, ya amenaza a Japón, aunque todavía está lejos, como el país que más robots industriales utiliza en sus sistemas industriales. En 2025, en concreto, China exportó robots industriales por valor de 8.030 millones de dólares, lo que equivale a una cuota de mercado mundial récord del 11%, según un análisis de fDi —una división de Financial Times— basado en las estadísticas de Trade Data Monitor. Lo significativo no es solo el número, sino la aceleración, lo que sugiere que Pekín, en el marco de sus planes quinquenales, está apostando claramente por la robotización de la industria en un contexto de declive demográfico y de aumento de los costes laborales internos. El XV Plan Quinquenal, de hecho, sitúa la robótica en el centro de su moderno sistema industrial, como lo demuestra que ya posee 4,5 veces más robots que Japón, que, históricamente, ha sido el país líder. La apuesta de Pekín por los robots tiene que ver también, al contrario que en EEUU, donde se priorizan los servicios, con el desarrollo de la inteligencia artificial, cuya aplicación práctica se ha enfocado a los negocios y al sistema productivo. Así, por ejemplo, según la Federación Internacional de Robótica, el 64% de los robots industriales en la industria electrónica mundial se instalan en China. Los fabricantes chinos, igualmente, abastecen al 59% de esta industria. En la industria metalúrgica y de maquinaria, los proveedores chinos de robots incluso han alcanzado una cuota de mercado nacional del 85%. Según la Federación Internacional de Robótica, China ha instalado más robots industriales anualmente que el resto del mundo en conjunto desde el año 2021. Como consecuencia de ello, el parque robótico del país superó los dos millones de unidades a finales de 2024, el doble del millón de robots instalados tres años antes. No solo las fábricas se están llenando de robots, sino también el sector servicios, como lo demuestra que cada vez es más frecuente ver humanoides en restaurantes, hoteles y tiendas minoristas. Medio millón al año En 2024, a nivel global, se instalaron 542.000 robots industriales, más del doble que hace 10 años. Esto significa que las instalaciones anuales superaron las 500.000 unidades por cuarto año consecutivo. Asia representa el 74% de los nuevos despliegues, muy por encima de Europa (16%) y América (9%). China no solo consume sus robots, sino que los exporta. En particular, al sudeste asiático, donde muchas de las fábricas son de su propiedad. India, en todo caso, es su principal cliente. Otros destinos son Corea del Sur, Rusia, Arabia Saudí y Hungría, que fue durante el mandato de Orbán el país más cercano a los intereses de Moscú. La producción de robots industriales en China alcanzó un máximo histórico de más de 93.000 unidades en abril de 2026, un 30% más que el año anterior. En 2025, el sector con mayor volumen de ventas de robótica fue el de la electrónica, con más de 70.400 unidades, seguido de las piezas de automoción, los productos metálicos, las baterías, los automóviles, los alimentos y las bebidas, según datos de MIR Databank. Esta agresividad de Pekín a la hora de exportar y producir robots para atender la demanda nacional, y debido a la alta tecnología que incorporan, explica que el Senado de EEUU aprobara recientemente una ley de seguridad robótica que, de forma taxativa, prohíbe al Gobierno adquirir y operar robots terrestres (como humanoides, perros y robots oruga) de los países incluidos en la lista de países afectados. En esa lista se encuentra China. Como recuerdan los analistas de fDi, un reciente informe del Parlamento Europeo publicado sobre el exceso de capacidad de China citó la robótica como uno de los cuatro sectores estudiados que podrían amenazar la futura industria manufacturera en la UE. El caso de Alemania China, hay que recordar, adquirió en 2016, a través de Midea, Kuka Robotics AG, la histórica compañía alemana de robots, y hoy es su principal agente de internacionalización. Aquella operación provocó una fuerte polémica política, ya que se transfería una sociedad líder en un sector con mucho futuro, pero, aun así, Pekín sigue poseyendo el 100% de las acciones. Y es que, frente a esta realidad, la apuesta de Europa por la robotización de la industria es muy limitada. Según la patronal mundial del sector, las instalaciones de robots industriales en Europa disminuyeron un 8% hasta alcanzar las 85.000 unidades en 2024, cifra que todavía continúa siendo la segunda más alta registrada en la historia. El 80% de todas las instalaciones de robots en Europa se realizó en la Unión Europea (67.800 unidades), y hay que tener en cuenta que la demanda de robots se beneficia de la tendencia al 'nearshoring'. Es decir, producir más cerca de donde se sitúa la demanda. En el caso de España, y respecto al conjunto de la UE, se sitúa ahora en tercer lugar (5.100 unidades), aunque la cifra está muy sesgada (más del 50%) en favor de la industria automovilística. Los países de Europa occidental, en cualquier caso, alcanzaron un récord de 267 robots por cada 10.000 empleados en la industria manufacturera en 2024, superando a Norteamérica, con 204 unidades, y a Asia, con 131 unidades. Así lo indica el informe World Robotics 2025, publicado por la Federación Internacional de Robótica (IFR). Algunos estudios, como este de la Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU (NBER, por sus siglas en inglés), han encontrado evidencias de que la cuantía del salario mínimo influye en la decisión de las empresas de usar más robots industriales. Utilizando datos administrativos de la Oficina del Censo de EEUU, llegan a la conclusión de que salarios mínimos más altos se asocian con una mayor probabilidad de adopción de robots entre las empresas manufactureras estadounidenses. En concreto, estiman, un aumento del 10% en el salario mínimo incrementa la adopción de robots en aproximadamente un 8% en relación con la media. Para contrarrestar estos efectos negativos, en algunos países, entre ellos España, se reabre de vez en cuando el debate sobre si los robots utilizados en los procesos industriales deben pagar cotizaciones sociales, ya que merman el empleo, o, incluso, impuestos. Es más, se estima que "la política salarial puede acelerar la adopción de robots". Esto, sostienen sus analistas, tiene implicaciones para los debates sobre el salario mínimo, el empleo y los márgenes de ajuste de las empresas. Se da por hecho que los robots pueden aumentar la productividad, aunque también pueden alterar la estructura del empleo, especialmente en sectores de bajos salarios, como el sector manufacturero. El estudio, sin embargo, no analiza el efecto sobre el volumen de empleo. Ahora bien, advierte que "los responsables políticos podrían considerar estrategias complementarias para mitigar los posibles efectos de desplazamiento" como consecuencia de la robotización de los procesos industriales. Por ejemplo, poniendo en marcha programas de recapacitación o apoyo específico para las pequeñas empresas.