Los pingüinos no podrían estar más de acuerdo: mejor una científica que los quería que un rey cazador. La celebración esta tarde en el Cosmocaixa de Barcelona de un homenaje a la desaparecida oceanógrafa y pionera de la Antártida Josefina Castellví (1935-2026) se ha convertido en una reivindicación de que se cambie el nombre de la base polar Juan Carlos I por el de la científica catalana. El acto, que ha congregado a representantes institucionales, colegas, amigos y familiares de Pepita Castellví, fallecida el pasado febrero a los 90 años, ha mostrado las múltiples facetas de una persona irrepetible y ha acabado con una gran ovación a la investigadora, una copa en su recuerdo (aunque al parecer ella prefería el cubata) y el pase del documental Los recuerdos de hielo, en el que el realizador y guionista Albert Solé plasmó el regreso a la Antártida, 25 años después, de la que fue la primera mujer directora de una base en el continente blanco. El homenaje, bajo el epígrafe La dama de l’Antártida, tomado del programa que le dedicó Joan Barril, ha descubierto algunas cosas desconocidas o poco conocidas de Pepita Castellví como que en su vertiente de maestra puntaire de la Escola de Puntaires de Barcelona, experta encajera de bolillos, fue impulsora de las tovalles del altar mayor de la Sagrada Familia —realizadas con la técnica de la Punta de Barcelona—, es decir los manteles sobre los que el Papa impartirá la misa durante su visita. El acto de Cosmocaixa, celebrado en feliz coincidencia con el Día Internacional de los Océanos en un auditorio Àgora lleno y presidido por una imagen de la homenajeada en la Antártida, lo ha conducido la periodista Ariadna Oltra, que le hizo en 2014 una entrevista a Castellví en TV3 que elevó su popularidad. Ha arrancado el homenaje con unos minutos del documental de Solé (emitido entero al final) en los que se situaba la principal aventura de Pepita, la instalación en 1988 de la Base Antártica Española Juan Carlos I en la isla Livingston (Shetlands del Sur), que luego dirigió de 1989 a 1993, al sufrir un ictus su colega Antoni Ballester que era el director previsto. Han sido conmovedoras las imágenes de Castellví acompañando cariñosamente a Ballester, en silla de ruedas, a contemplar el pequeño laboratorio científico de la base original, que, tras construirse la nueva base española en la isla Decepción en 2012, fue trasladado de la Antártida a Barcelona para quedar expuesto en Cosmocaixa, donde se sigue exhibiendo. Castellví recordaba los de la Antártida como los mejores años de su vida y subrayaba que el continente es un gran laboratorio natural con condiciones que no se pueden experimentar en ningún otro lugar del mundo. Regresó a la Antártida en 2013 para despedirse, de lo que da cuenta el documental de Solé. En el homenaje se han leído algunos testimonios de la propia Pepita Castellví como los de su pregón de las fiestas de la Mercé en el que recordaba la ocasión en que durante la Guerra Civil su madre en vez de correr al refugio la sacó de niña al balcón en el piso familiar de Gran Vía para observar los aviones en vuelo rasante para bombardear Barcelona. “Fíjate y podrás recordarlo”, contaba la científica que le dijo su madre. Otro testimonio de la investigadora evocado fue el que expresaba la importancia de mantener el equilibrio en la naturaleza, “que es un todo”, y su pasión por los océanos y los lugares ignotos. Han tomado la palabra el director de Cosmocaixa, Valentí Farrás; la consejera de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, Sílvia Paneque; el cuarto teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Jordi Valls; el delegado del CSIC en Cataluña, Luis Calvo; el director del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), Valentí Sallarès; la colega de promoción de Castellví, Marta Estrada, profesora de Investigación en el ICM; la catedrática de Zoología de la UB, Conxita Ávila; el profesor emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y expresidente del Comité Científico para la Antártida (SCAR), Jerónimo López Martínez; el director del Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible de Cataluña (CADS), Arnau Queralt, y el propio Solé. En un acto que ha querido expresar la” gratitud colectiva” hacia Castellví, todos la han destacado como una científica excepcional, una pionera y una mujer que ha dejado huella. Se ha señalado su perseverancia, su entusiasmo y hasta su vehemencia y su búsqueda continuada de nuevos retos. También su iluminadora combinación de excelencia científica con valores humanístico y su compromiso ciudadano y de país (“no separó nunca el microscopio del país”, ha dicho Paneque en una frase a meditar). Y cómo se abrió paso —y lo abrió a otras— en un mundo científico dominado por los hombres. Y cómo supo hacer de puente para tantos proyectos y tejer complicidades, y ayudar a los colegas, todo ello manteniendo esa elegante ironía tan característica. Ha habido momentos para el humor en el homenaje, como cuando se ha rememorado la manera en que Pepita vació un supermercado para pertrechar una de las campañas antárticas. La petición del cambio de nombre de la base la ha avanzado en el acto Solé (“en algún momento habría que cambiarlo”), levantando un gran aplauso de la audiencia. López Martínez ha abundado en la idea (“debía ser Castellví y no el que lleva ahora”), cosechando una ovación unánime y el apoyo de todos. “Ya tienen su nombre una biblioteca y un instituto, una base antártica estaría bien”, se sintetizó.En el completísimo retrato de Josefina Castellví —tenaz y valiente Pepita— se ha echado solo a faltar su declarado amor por los pingüinos (aunque se han mostrado algunas imágenes de estos). No se ha revelado el destino de su famosa colección de figuritas de estas aves aunque es de temerse lo peor tras las noticias de que algunas de sus cosas aparecieron en los Encantes tras el vaciado de su piso a su muerte. En todo caso, alguien ha parecido sumar su propio homenaje particular a la científica depositando un pequeño pingüino de plástico sobre el cuadro de luces de la vieja base instalada en Cosmocaixa. Descansa en paz, Pepita.