A primera vista, Nigeria y Francia forman una pareja improbable. Nigeria, después de todo, es el “gigante de África”, cuyo vasto potencial se ha visto socavado con demasiada frecuencia por instituciones débiles y una mala gobernanza. Francia, por el contrario, es una antigua potencia imperial aferrada a una postura militar que parece cada vez más anacrónica en un mundo poscolonial. Sin embargo, ambos países comparten algunas similitudes sorprendentes. Ambos poseen un sentido exagerado de su propia importancia, una politique de grandeur que a menudo privilegia el estilo sobre la sustancia, sostenida por la nostalgia de la gloria pasada. También han cultivado identidades nacionales asociadas con la moda, la buena comida y la joie de vivre. Y ambos deben lidiar con rivales regionales económicamente más poderosos: Sudáfrica y Alemania. Estos rasgos compartidos ayudan a explicar la relación cada vez más cordial entre Nigeria y Francia. Desde que asumió el cargo en 2023, el presidente nigeriano, Bola Tinubu, ha desarrollado una sintonía inusualmente cercana con su homólogo francés, Emmanuel Macron, convirtiendo a París en su destino extranjero más frecuente. En 2021, ambos países establecieron el Consejo Empresarial Francia-Nigeria, que se reunió el mes pasado en la cumbre franco-africana de Nairobi.
El peligroso giro profrancés que fractura a África Occidental
El inédito acercamiento estratégico de Nigeria a Francia fractura la integración de África Occidental y debilita su liderazgo frente al rechazo al neocolonialismo galo.







