El océano es, ante todo, un mundo acústico en el que el sonido es sinónimo de supervivencia. La mayoría de los animales marinos dependen del sonido para sus funciones vitales, como la percepción de su entorno y la orientación, la comunicación, el apareamiento, la búsqueda de presas y la evitación de depredadores.La contaminación acústica provocada por el ser humano está ahogando estos sonidos vitales, pero la solución está a nuestro alcance. Afortunadamente, contamos con un conjunto de medidas técnicas y operativas que pueden reducir sustancialmente el ruido submarino. El transporte marítimo comercial es actualmente la principal fuente de contaminación acústica submarina en los océanos (debido principalmente al fenómeno de cavitación producido por el movimiento de las hélices), y sus efectos sobre la vida marina son de gran alcance y perjudiciales. Cada vez hay más pruebas científicas que demuestran que el ruido submarino afecta negativamente a toda la red trófica marina, tanto a plantas como la Posidonia oceánica, como al plancton, invertebrados, peces y los mamíferos, lo que supone una amenaza sustancial para los ecosistemas marinos y la biodiversidad. Además, el ruido submarino generado por el transporte marítimo sigue intensificándose —en algunas regiones oceánicas, los niveles de ruido se han duplicado cada década desde los años 50—, consecuencia aparejada al crecimiento de la actividad en el sector. A pesar de los llamamientos urgentes a la acción para resolver este problema por parte de organismos internacionales, entre ellos el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la Comisión Ballenera Internacional (CBI), la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS) y el Acuerdo sobre la Conservación de los Cetáceos del Mar Negro, el Mar Mediterráneo y la Zona Atlántica Contigua (ACCOBAMS), así como de científicos marinos y la sociedad civil, los avances para reducir el ruido oceánico han sido limitados. Actualmente, en el marco de la Organización Marítima Internacional (OMI), el sector del transporte marítimo se centra principalmente en alcanzar emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) cero para 2050 o en torno a esa fecha, lo cual es absolutamente necesario para hacer frente a la crisis climática. Delfines en SitgesDavid Jara Bogunya / TercerosSin embargo, este sector también debe plantearse cómo abordar, al mismo tiempo, la crisis de la biodiversidad. La industria naviera debe reconocer que la contaminación acústica submarina constituye una grave amenaza para la biodiversidad marina y garantizar que las reuniones internacionales que examinan los impactos del transporte marítimo incluyan como prioridad la reducción del ruido de los buques. La visión debe ser un futuro del transporte marítimo que sea a la vez libre de carbono y silencioso. Afortunadamente, algunas compañías navieras y algunas asociaciones internacionales clave de ese sector ya son plenamente conscientes de esta necesidad y están apoyando los avances en esta dirección. Si bien la responsabilidad de adoptar medidas para reducir el ruido de los buques recae en gran medida en los armadores y los operadores, hay varias formas en que los países pueden apoyar al sector del transporte marítimo para que realice los cambios necesarios. En este contexto, el 10 de junio de 2025, en Niza, durante la tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos (UNOC-3), por iniciativa de los gobiernos de Panamá y Canadá, un notable conjunto de países unió sus fuerzas para lanzar la Coalición de Alta Ambición por un Océano Silencioso, la primera coalición política mundial dedicada a reducir la contaminación acústica nociva en los océanos. España estuvo representada en ese acto por la Vicepresidenta Tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen. Actualmente, además de los dos países promotores, los 27 Estados miembros de la Unión Europea, Belice, Chile, Costa Rica, la República Dominicana, Guatemala, México, Mónaco, Perú y Uruguay forman parte actualmente de la Coalición, sumando un total de 38 Estados. Junto a los ministros de los gobiernos promotores de la iniciativa y de otros países que se han sumado a la Coalición, el acto de lanzamiento reunió al Comisario europeo de Transporte Sostenible y Turismo, Apostolos Tzitzikostas; al secretario general de la OMI, Arsenio Domínguez, a representantes de las principales asociaciones de transporte marítimo; a oenegés medioambientales internacionales y a líderes de comunidades indígenas, lo que refleja el creciente consenso internacional sobre la necesidad de abordar el ruido oceánico para cumplir los objetivos globales de biodiversidad y clima. El citado evento fue copatrocinado por el Gobierno de Costa Rica, BIMCO, IMarEST y las ONG OceanCare, Natural Resources Defence Council, Environmental Investigation Agency, International Fund for Animal Welfare y Humane World for Animals.Los países que forman parte de esta coalición se han comprometido a promover el desarrollo de nuevas políticas para impulsar el diseño y la operación de buques que generen menos ruido submarino en el marco de la OMI así como a apoyar el desarrollo de capacidades para evaluar y reducir el ruido oceánico mediante el intercambio de herramientas y conocimientos disponibles, incluidos los que está desarrollando actualmente el proyecto Global Partnership for Mitigation of Underwater Noise from Shipping (GloNoise) de la OMI. Otra necesidad asumida es investigar y aplicar soluciones eficaces para reducir el impacto de los buques en la fauna marina sensible; y establecer áreas marinas protegidas que tengan en cuenta la protección y la restauración del paisaje sonoro natural del océano. Existen muchas medidas para reducir los niveles nocivos de ruido en el océano, y estas también pueden aportar beneficios medioambientales más amplios. Estas medidas incluyen la reducción de la velocidad de los buques, el cambio de rutas y mejoras técnicas u operativas. Reducir la velocidad de los buques es actualmente la forma más rentable de reducir el ruido submarino de un buque. Se han implementado programas de reducción de la velocidad de los buques en múltiples países como medio tanto para proteger a las ballenas de colisiones como para reducir el ruido submarino. Además, la navegación a baja velocidad tiene más beneficios ambientales pues también puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y la contaminación por partículas que pueden perjudicar a las comunidades costeras. En julio de 2023, la OMI aprobó unas directrices voluntarias revisadas para reducir el ruido de los buques, sustituyendo las anteriores directrices de 2014 que habían resultado en gran medida ineficaces, e invitó a los Estados miembros y a las partes interesadas a participar en una fase de tres años de adquisición de experiencia (que va a ser ampliada hasta 20208) para dar a conocer las soluciones que pueden reducir el impacto del ruido de los buques en la vida marina. En septiembre de 2024, la OMI acordó un Plan de Acción para seguir previniendo y reduciendo el ruido del transporte marítimo. Al igual que todos los órganos de las Naciones Unidas, los niveles de ambición de la OMI dependen totalmente de sus Estados miembros. Es un momento muy importante para que los Estados miembros se impliquen en la OMI y reclamen medidas ambiciosas, incluidas nuevas políticas, para impulsar las reducciones necesarias del ruido del transporte marítimo. Pero la Unión Europea y los Estados miembros, como España, pueden también avanzar en paralelo, y una oportunidad excelente para ello es el actual proceso de elaboración de la Ley Europea de los Océanos, una iniciativa legislativa clave diseñada para establecer un marco único y simplificado que facilite la aplicación del Pacto Europeo por el Océano. El margen de maniobra para solucionar el problema es enorme. Así, según el nforme Medioambiental Europeo del Transporte Marítimo elaborado conjuntamente por la Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA) y la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), publicado en 2025, el análisis prospectivo realizado en el marco del proyecto Navis Sonus de la Unión Europea indica que la aplicación conjunta de medidas técnicas y operativas de reducción del ruido submarino radiado y de los gases de efecto invernadero puede conducir a una reducción sustancial de aquel para todos los tipos de buques y en todas las regiones de aquí a 2050.En algunos casos, esta reducción podría alcanzar hasta el 70% en comparación con un escenario sin cambios. Todos dependemos de nuestros mares para transportar personas y mercancías, obtener alimentos y llevar a cabo otras actividades, pero esto nunca debe hacerse a expensas del medio ambiente. Proteger nuestros océanos es una responsabilidad compartida, y debemos actuar juntos para salvaguardar su futuro, del que también depende nuestro propio futuro. Carlos Bravo Villa Especialista en política oceánica en OceanCare 8 de junio de 2026 – Día Mundial de los Océanos
Alianza mundial contra la contaminación que ahoga los sonidos vitales para la fauna marina
En junio de 2025, en Niza, un notable conjunto de países unió sus fuerzas para lanzar la Coalición de Alta Ambición por un Océano Silencioso













