António Guterres, secretario general de la ONU, ha empleado la misma metáfora para poner el foco sobre un incipiente problema ambiental en un par de ocasiones durante sus intervenciones públicas en la conferencia sobre la protección del océano que se cierra este viernes en Niza, al sureste de Francia. “Los fondos marinos no pueden convertirse en un salvaje Oeste”, dijo el lunes durante la apertura de la reunión. Lo repitió al día siguiente en una conferencia de prensa para describir lo que ocurre en las aguas internacionales, esas que no están dentro de la jurisdicción de ningún país.

Guterres menciona el salvaje Oeste al referirse a la minería submarina en aguas internacionales. Porque cuando se aborda la protección medioambiental en la alta mar, de lo que se habla en muchas ocasiones es de un territorio sin ley. Y al frente de la principal potencia del mundo está ahora un líder con maneras de cuatrero: Donald Trump. Pero, en vez de quedarse con el ganado ajeno, pretende apoderarse de unos recursos que son de todos.

A finales de abril, el republicano firmó una orden en la Casa Blanca con la que no dejaba dudas de su actitud: abogaba por impulsar la minería en las aguas internacionales, las que no son de nadie y son de todos. Pocos días después, una empresa presentó la primera solicitud para emplear esta técnica, que de momento no está muy extendida pero cuyos potenciales impactos medioambientales tienen en guardia a muchos.