“Había una vez una herida invisible. No era un dragón ni una bruja malvada, pero asustaba igual. Vivía dentro de una persona, oculta a simple vista, como un secreto en lo profundo del bosque. A esa herida invisible la llamamos trauma”.Así comienza su segundo libro, Traumalandia (Planeta), el psicólogo especializado en trauma complejo y abuso emocional Maxi McCoubrey. En él presenta una serie de relatos clínicos narrados a partir de cuentos clásicos, con el fin de guiar el camino por ese terreno donde el cuerpo recuerda lo que la mente quiso olvidar.“Aquí el dolor no se niega ni se embellece, se nombra para reconocerlo y transformarlo”, aseguró. Según el autor, “así como en los cuentos siempre hay esperanza de romper el encantamiento, en la historia del trauma también la hay”.McCoubrey destacó que el trauma tiene dos momentos: cuando sucede y cuando se recuerda. Por eso, explicó, éste no termina al finalizar la acción que generó el daño, sino que culmina cuando la persona hace algo con ese recuerdo que regresa.¿Por qué hablar de traumas a partir de cuentos clásicos? Porque, según el psicólogo, estos relatos “suelen dulcificar lo insoportable; hay una condensación por medio de la narrativa y del arte que permite endulzar lo que tal vez sea muy traumático de decir abiertamente”.Resiliencia y apegoDe un tiempo a esta parte, el concepto de “resiliencia” se utiliza tan masivamente que a veces parece un mantra; otras, una moda; y, en ocasiones, incluso suena a obligación. Más allá de su repetición constante, un dato llamativo alrededor de esto es que se lo cite como un aspecto absolutamente individual.En ese sentido, McCoubrey destacó que “nadie se reconstruye en soledad. Médicos, familia, docentes, vecinos: la red sostuvo. La resiliencia no es una propiedad individual ni un rasgo heroico. Es un fenómeno relacional. Cuando el trauma encuentra reconocimiento, justicia y palabra, no se transmite como sombra silenciosa ni como miedo difuso, sino como memoria viva”.El psicólogo añadió así que “la resiliencia, en realidad, es un tejido social. Inclusive las personas más resilientes hacen lo que hacen por algo: porque tienen un nieto, un amigo, un amor, una patria, una lucha”.“La persona es resiliente cuando encuentra un sentido por el cual hacerlo. Ahora se sabe, por medio de la teoría del apego adulto, que lo que se vulnera en vínculos con otros necesita de experiencias corporales con otros para reparar el cuerpo. Por eso digo siempre que el apego se sana con apego. Se confunde dependencia con apego, confunden adicción a una persona con necesidad de apuntalarse (en el sentido de la construcción) con otros”, aseveró.En ese marco, el especialista explicó que “la resiliencia es un trabajo que consiste en hacerse fuerte (cada vez más fuerte) al recuerdo del impacto o al impacto en sí, porque lo que enferma en general son los recuerdos”.Los vínculos como espacios reguladoresMaxi McCoubrey (en Instagram, @psico.maxi) explicó que, “después del trauma, los vínculos dejan de ser solo espacios de pertenencia y pasan a ser espacios reguladores”. Lo que allí sucede es que “la persona aprende —a veces por primera vez— que no cualquier vínculo calma, y que el amor no debe doler para ser real”.Entonces, “se desarrolla una mayor sensibilidad a la coherencia emocional, la previsibilidad y el respeto mutuo”. Como consecuencia, este aprendizaje favorece elecciones vinculares más cuidadas y reduce la tolerancia a dinámicas abusivas o desorganizantes.Al detallar de qué se tratan los vínculos como espacios reguladores el psicólogo mencionó que “lo que hacemos juntos nos enferma o nos eleva. Los humanos somos esas dos cosas y, por eso, los cuentos clásicos también hablan del ying y del yang; todo el tiempo, la luz y la sombra”.Desde el lado negativo de la cuestión, enfatizó, “lo que más enferma es el disfraz, el que dice ‘te vengo a curar, pero te enfermo’, ‘te vengo a amar, pero te estafo’. Entonces, cuando eso se vulnera, se necesita de una nueva experiencia vincular para que aquello sane”.Y cerró: “Los vínculos reguladores son espacios seguros que validan, que potencian el sentido individual hacia el propósito, que permiten generar calma en el encuentro. Es en el espacio vincular donde se repara lo que dañó el espacio vincular. Y por eso la gente necesita juntarse y hacer cosas”.
El error más común al hablar de resiliencia, según un psicólogo especializado en trauma
Maxi McCoubrey es psicólogo especializado en trauma complejo y abuso emocional.Acaba de publicar su segundo libro, Traumalandia (Planeta).Resiliencia, apego y vínculos como espacios reguladores.











