Es domingo por la tarde en Madrid, pero no un domingo por la tarde normal. Las calles O'Donnell, Narváez y Goya están abarrotadas de cientos de fieles que esperan el paso del Papa a escasos metros de ellos. Aun así, la estampa es muy distinta a la de la vigilia y también a la de la misa. Ahora son, sobre todo, madrileños. Tras el fin de los grandes eventos del fin de semana, las parroquias y colegios llegados de toda España ya han vuelto a sus ciudades. La mayoría han cogido sus autobuses en cuanto ha terminado la misa. Pero León XIV no se va a Barcelona hasta el martes y, al coincidir los siguientes días con jornadas laborables, los madrileños se preparan para disfrutar de un poco de exclusividad papal, con dos días y tres recorridos más por delante.En una de las esquinas de O'Donnell con Esquerdo espera al Sumo Pontífice Ana Alemany, vecina de la zona. La madrileña tenía "ya muchas ganas" de ver al Papa por las calles de Madrid en papamóvil. El recorrido hacia el encuentro con la sociedad civil en el Movistar Arena es el cuarto de los seis que hará en Madrid a bordo de su vehículo. Y en esta ocasión no atraviesa un gran evento multitudinario, sino que lo hace entre los vecinos de un barrio de toda la vida. Alemany mira a su alrededor subida a la valla del colegio Santa Ana y San Rafael impresionada: "Todo esto son personas que quieren ser mejores y a las que el Papa les está haciendo reflexionar. A Madrid le esperan años muy bonitos después de esto", prevé.La madrileña resta importancia a los cortes de tráfico y a las molestias derivadas de esta larga visita de cuatro días. "Se para la ciudad por muchos otros motivos menos importantes. Viene Bad Bunny, se celebran eventos deportivos, festivales... Nos tocaba a los cristianos y sin duda está justificado. Incluso si fuesen más días lo estaría. Esto puede que no se repita hasta dentro de diez años", responde. Clemente Álvarez, con su hija de dos años sobre los hombros, comparte la postura de Ana. Vive en la calle Duque de Sesto, a apenas dos minutos de donde atiende a este medio. Al enterarse de que el Papa pasaba por allí no ha dudado en cambiarse, cambiar a la pequeña y bajar a la calle."Estamos cogiendo el metro y haciendo vida normal""La ciudad está más cuidada y preciosa que nunca y, a nivel movilidad, no está siendo para tanto. Creo que quien no quería ver al Papa se ha ido de Madrid y el resto estamos cogiendo el metro y haciendo nuestra vida sin mucho problema. Yo diría que las carreteras están más vacías", asegura. El madrileño cuenta que aún no se había atrevido a acudir a ningún evento porque su hija es muy pequeña, pero que esta vez le han puesto la oportunidad "en sus narices": "Ella sé que no se va a acordar, pero yo sí que me voy a acordar de que lo hemos visto juntos", concluye.A pocos metros esperan Manuel Rico y Rosa Ruiz, un matrimonio que vive en Pozuelo de Alarcón y que aguarda al Papa con camisetas de una aplicación de turismo religioso que acaban de crear. Manuel elogia la organización: "Está todo el mundo en la calle, está todo muy bonito montado y es muy guay ver a a la gente disfrutando. Sobre todo por el tiempo que está haciendo". Rosa defiende que "seas creyente o no, la visita del Papa es muy importante para todos los madrileños". Por eso, ambos le quitan importancia a que la ciudad esté "parada cuatro días"."No pasa nada, es un evento increíble que va a pasar cada 15 años. Pero no solo nos da igual a nosotros, esta mañana había un millón y medio de personas en la calle. Madrid se adapta muy bien", celebran. Pocos minutos después, el vuelo de un helicóptero avisa de que el Papa está cerca. "Ya va por Torrespaña", avisa una espectadora que sigue el recorrido de León XIV en directo desde el móvil. A las 17.17, el papamóvil descubierto pasa entre la multitud entre gritos de "León, te queremos un montón", lágrimas, aplausos y banderas de todo tipo. "Va a pasar por muchos sitios mañana, vamos a tener otra oportunidad de verle", comentan entre el público.Su primera aproximación vecinal fue en LatinaLa expectación de este domingo tiene una explicación sencilla: en total, el Papa recorrerá casi una decena de barrios de Madrid antes de abandonar la capital. Algunos solo de pasada y otros con más detenimiento, pero casi todos dentro de la almendra central. Sin embargo, León XIV quiso reservar su primer acto de proximidad vecinal para un distrito alejado del centro y marcado por la vulnerabilidad y la atención social. El sábado por la tarde, después de la recepción en el Palacio Real, el Sumo Pontífice hizo su primera aparición en la calle Cullera, en la frontera entre Lucero y Carabanchel para ver el centro social Cedia, donde se presta techo a personas sinhogar.Cientos de vecinos le esperaban al otro lado del cordón policial, la mayoría con banderas latinoamericanas como las de Perú o Ecuador, dos nacionalidades muy presentes en el barrio. De hecho, antes de su llegada se escuchaban gritos de "el Papa es peruano". Vecinos curiosos observaban el dispositivo de seguridad, los policías equipados con metralletas en decenas de tejados cercanos y, algunos privilegiados con buenas vistas, seguían el acto desde sus balcones. Quienes allí se encontraban celebraban que el Papa hubiese decidido inaugurar su viaje "con los pobres". "Es una declaración de intenciones", aseguraban los voluntarios.Una visita que supuso una declaración de intencionesUna vez llegó León XIV, el pequeño patio y sus alrededores se convirtieron en una larga ovación. Primero, el Sumo Pontífice visitó las instalaciones y habló con algunos de sus usuarios y trabajadores. Después subió al pequeño escenario, donde escuchó a Khadry, un inmigrante que por fin ha conseguido su permiso de residencia; a Niurka, cubana sola en Madrid y madre de mellizos; y a Alba y Alicia, trabajadoras sociales. Tras escuchar sus testimonios, el Papa se refirió a sí mismo como "un madrileño más". "Quién está en Madrid, es de Madrid. Y por tanto yo también estoy entre vosotros como un madrileño más", afirmó.Después hizo una firme defensa de la importancia de la caridad y advirtió contra las ideologías o planteamientos que terminan convirtiendo a "las personas vulnerables en categorías abstractas". "Hay que evitar luchas mundanas", pidió. Tras ello, se despidió recorriendo el pequeño pasillo mientras estrechaba las manos que se le tendían. Aquel acto en Cullera dejó clara una de las prioridades de su visita: estar cerca de la gente de Madrid. Un propósito que este lunes alcanzará su sumun con el recorrido más largo entre los ciudadanos por el centro de la capital. Un largo paseo para ver a los madrileños. Y para que los madrileños vean a su Papa.