Marruecos decidió modificar la magnitud de su respuesta a la crisis hídrica. Tras años de grave sequía, el país comenzó a acelerar proyectos a gran escala para garantizar el suministro de agua a las ciudades, aliviar la presión en el interior y reducir su dependencia de las lluvias cada vez más irregulares.El movimiento implica 17 plantas desalinizadoras en funcionamiento, si no que además 4 en construcción y 9 planeadas además de presas, canales y redes de trasvase de agua. El objetivo oficial es alcanzar 1,7 millones de metros cúbicos al año para 2030, un volumen que muestra la magnitud del cambio en curso.La estrategia no se limita a la costa. La idea es utilizar agua de mar tratada para abastecer las zonas costeras y, así, preservar más agua en los embalses para las regiones del interior, donde la escasez afecta con mayor intensidad al consumo humano y la producción agrícola.La sequía prolongada obligó a un cambio en la política hídrica.La crisis del agua ya no es un problema temporal. En los últimos años, la falta de lluvia afectó los embalses, ha presionado los precios, ha reducido el suministro de agua y ha aumentado la tensión en el campo, especialmente en las zonas más secas del país.Con esto, la dependencia del modelo tradicional se hizo más evidente. Las presas siguen siendo componentes centrales, pero ya no son suficientes por sí solas para sostener la demanda en un escenario de lluvias irregulares, crecimiento urbano y mayor presión sobre los recursos disponibles.Este cambio demuestra que Marruecos ya no presupone que el clima volverá a la normalidad rápidamente. El país comenzó a construir una estructura diseñada para afrontar escasez estructural y con períodos de inestabilidad más difícil.La desalación gana terreno con el objetivo de 1,7 millones de m³ a 2030El núcleo de la nueva estrategia reside en la expansión de la desalinización. Al transformar el agua de mar en agua potable, Marruecos busca aliviar la presión sobre los embalses y acuíferos, especialmente en las zonas costeras donde la demanda urbana es alta.El objetivo de 1,7 millones de metros cúbicos al año para 2030 ayuda a escalar la inversión. Hoy en día, el país ya opera 17 plantas, posee 4 en construcción y planea 9 más, en una carrera por aumentar la oferta y reducir la vulnerabilidad a nuevos ciclos de sequía.Este avance también tiene un claro objetivo territorial. Cuando las ciudades costeras se vuelven más dependientes de la desalinización, se reserva más agua continental para el interior, donde la competencia por este recurso es más sensible y el impacto de la sequía suele ser más profundo.Las fuertes lluvias aliviaron la presión, pero no modificaron el riesgoTras un período crítico, el país experimentó una mejora significativa con el regreso de la lluvia y la nieve. Esto elevó los niveles de los embalses y supuso un alivio inmediato para el sistema tras un largo período de escasez de agua.Sin embargo, la reciente mejora no elimina el problema subyacente. La lógica de los proyectos demuestra que Marruecos trabaja con la idea de que la inestabilidad climática podría volver con fuerza, lo que requiere una infraestructura capaz de responder tanto a la sequía como a episodios de lluvias intensas.La clave es que el país no solo está reaccionando a una emergencia. Está rediseñando su infraestructura hídrica para afrontar un escenario más severo e inestable, con una creciente presión sobre el suministro.El plan cambia la escala de la disputa por el agua en el paísLa combinación de desalinización, el uso de presas, canales y energías renovables demuestra que Marruecos ha entrado en una fase de infraestructura hídrica extrema. El objetivo no es solo aumentar el suministro, sino también reorganizar quién recibe el agua, de dónde proviene y cómo llega a las zonas más afectadas.Si el plan avanza según lo previsto, el país podría reducir parte de la vulnerabilidad que ha expuesto a ciudades, zonas rurales y embalses en los últimos años. Esto no elimina el riesgo climático, pero modifica la capacidad de respuesta del estado y replantea el enfoque estratégico del agua en el norte de África.