Espa�a, un Estado aconfesional y una sociedad emocionalmente cat�lica, pasa por un momento de amarga incertidumbre.�Abarrotaron medio mill�n de j�venes la plaza de Lima de Madrid al caer la noche el s�bado para acompa�ar a Le�n XIV en una Vigilia de Oraci�n? �Asistieron mill�n y medio a la misa que el Papa celebr� en la de Cibeles a las diez de la ma�ana el domingo y a la procesi�n de Corpus Christi que presidi�? Preguntarlo es mirar al dedo en lugar de se�alar a la luna como hacen los sabios.Tales cifras son lo de menos. Basta con saber que la visita del Santo Padre a Espa�a ha comenzado de manera multitudinaria y que seguramente continuar� en olor de multitudes ah� a donde vaya en Barcelona, en Gran Canaria y en Tenerife. En los pr�ximos d�as no se hablar� exclusivamente de nauseabundas cloacas y de un sanchismo que se deshace a pedazos.Tiene m�s inter�s preguntarse si se esperaba tan apote�sico recibimiento. Y, vista la espectacularidad de la bienvenida a Le�n XIV, conviene sacar algunas conclusiones. Una que salta a la vista es que algunos pueden estar muy equivocados.Es el caso de los ilustrados que habitan el lado correcto de la historia y proclaman que lo cat�lico es obsoleto e irrelevante. Predican que es el refugio de retr�grados y lo dirige una pandilla de obispos que encubren casos de pederastia. El sectarismo y el anticlericalismo no cesan.Mentes ecu�nimes saben que el recibimiento de Le�n XIV no sorprende porque los anteriores viajes apost�licos de Juan Pablo II y de su sucesor Benedicto XVI despertaron un entusiasmo parecido y demostraron el peso de la Iglesia en el tejido social espa�ol. Fue grandiosa la misa que en mayo de 2003 el Papa polaco celebr� en la madrile�a plaza de Col�n. A lo largo de la liturgia canoniz� a cinco beatos espa�oles.Puede que el fervor que acompa�a estos d�as a Le�n XIV sea todav�a mayor y esto, si es as�, tendr� varias explicaciones. Una tiene que ver con la coyuntura y el contexto de este viaje papal. La otra se centra en el protagonismo que ha adquirido quien naci� en Chicago hace setenta a�os, fue misionero y obispo en Per� y dirigi� la Orden de San Agust�n antes de ser elegido Papa el a�o pasado.La coyuntura, aunque le duela a los progres, es que los actos religiosos ofrecen asilo en tiempos de desconsuelo y que Espa�a, un Estado aconfesional y una sociedad emocionalmente cat�lica, pasa por un periodo de amarga incertidumbre.A buen seguro una notable mayor�a percibe que la clase pol�tica est� podrida. Y, adem�s, peligrosamente polarizada. El Congreso de los Diputados que acoger� a Le�n XIV esta ma�ana es un idiotizado re�idero de gallos de pelea. El �nico al que merecer� la pena escuchar en el hemiciclo es el Papa. Ese es el contexto.Le�n XIV estar� bien informado de la desconfianza, el desencanto y la verg�enza ajena que se palpa en las calles de Madrid, Barcelona, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. Nada de ello le chocar� porque sabe que la desaz�n no es, ni mucho menos, algo particular a Espa�a.El desaliento es un fen�meno generalizado en las sociedades avanzadas y una de la grandes iron�as que parece desmentir la supuesta descristianizaci�n del siglo XXI es que un creciente segmento de la humanidad busca en la Iglesia Cat�lica un lugar de protecci�n ante la soledad, las crueldades y las fantas�as de una �poca secularizada.Puede que junto con esa b�squeda de consuelo, el masivo entusiasmo que rodea esta visita apost�lica se deba a la curiosidad y a la s�bita admiraci�n que se ha granjeado el propio Le�n XIV.El Papa ha mantenido un perfil m�s bien bajo en el a�o inicial de su pontificado y de repente se ha ca�do en la cuenta de que esa aparente reclusi�n, propia de un intelectual introvertido, era enga�osa. Le�n XIV se ha convertido en una indiscutible estrella en la esfera de las ideas y sensibilidades.La reciente publicaci�n de su primera enc�clica, Magnifica Humanitas, le ha puesto bajo inmensos focos medi�ticos que iluminan sus palabras a escala global.Muchos que intentar�n acercarse a �l estos d�as desean esa cercan�a por haber le�do su texto sobre la belleza y la grandiosidad del ser humano.Conviene leer y compartir Magnifica Humanitas porque defiende con l�cida sensatez la paz y la diplomacia frente al despliegue brutal del poder, la democracia frente al autoritarismo y la comunidad frente al individualismo. Le�n XIV enfrenta la verdad a la mentira y finamente fulmina el materialismo obsceno. Rescata valores, los fortalece y exige que estos principios gu�en el desarrollo de una inteligencia artificial que ha de estar siempre bajo control humano.Es de agradecer que el Papa est� aqu� ahora. Transmite la �tica y el sentido com�n que tanto se echan en falta. Si le escuchan multitudes mejor que mejor.