ESPA�AEl Papa invita a los fieles a "comprometerse personalmente con la construcci�n del bien com�n"El Papa Le�n XIV a su llegada a CibelesAFPActualizado Domingo,
junio
10:50Audio generado con IAMiles de peregrinos abarrotaban desde las seis de la ma�ana las calles aleda�as a la plaza de Cibeles. La Conferencia Episcopal inform� de que se hab�an inscrito m�s de medio mill�n de personas para seguir la Santa Misa presidida por el Papa Le�n XIV en su segunda jornada en Espa�a y como conmemoraci�n del Corpus Christi, el d�a que la Iglesia celebra la transmutaci�n del cuerpo de Cristo. Sin embargo, la afluencia super� el mill�n de ciudadanos -1.2 millones, seg�n los organizadores, 1,1, seg�n Delegaci�n de Gobierno-. La jornada oficial empez� pasada media hora de las nueve de la ma�ana, cuando el Papa lleg� al Palacio de Cibeles para que el alcalde de Madrid, Jos� Luis Mart�nez Almeida, le entregara la llave de oro de la ciudad. Le�n XIV lleg� en papamovil y, como la noche anterior, desat� la euforia entre las centenas de miles de personas congregadas en comuni�n.Un impresionante escenario situado en la fachada principal de la Casa de Correos, sede del Ayuntamiento de Madrid acog�a al Santo Padre y los sacerdotes concelebrantes. Sobre el altar, una cruz de cuatro metros de alto y detr�s del asiento del Santo Padre, un cuadro con una paloma blanca que evocaba al Esp�ritu Santo. A la derecha de Le�n, la Virgen de la Almudena sobre un altar de flores. Los Reyes Don Felipe y Do�a Letizia, acompa�ados por sus hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sof�a, fueron ubicados a la izquierda de Le�n XIV, en un discreto segundo plano. La Reina Letizia utiliz� el privilegio de blanco de nuevo, mientras sus hijas abandonaron el negro exigido para el Palacio Real y eligieron un vestido azul la princesa, y un traje verde la Infanta.Decenas de miles de personas en los alrededores de Cibeles.ALBERTO DI LOLLIMinutos despu�s de las diez de la ma�ana comenz� la Santa Misa con los acordes de la pieza Pueblo de Reyes. El cardenal Cobo dedic� unas palabras de bienvenida a Le�n XIV, que tom� la palabra por primera vez para el acto penitencial. Lleg� el momento de la liturgia de la Palabra, compuesta este domingo por el libro del Deuteronomio en la primera lectura; el salmo responsorial y una de las cartas de san Pablo a los Corintios en la segunda lectura.Termin� con el Evangelio seg�n San Juan, le�do por un di�cono, y el Santo Padre tom� de nuevo la palabra para realizar una homil�a, inspiradora y con la transmutaci�n de Cristo en el centro.El Papa record� a los asistentes que esta festividad del Corpus que tan popular es en Espa�a "no se trata �nicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del ego�smo, de la indiferencia, de una fe c�moda y privada, para responder a su invitaci�n a la conversi�n, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo".Adem�s, dedic� "una encomienda para la Espa�a de hoy y de ma�ana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este pa�s no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber tambi�n hoy", invit� a los asistentes. Con esa idea, insisti� en que esa escuela de fe "nos ense�a a arrodillarnos ante Dios y ante el pr�jimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Se�or y despreciar al hermano; una escuela que nos ense�a la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo ego�smo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que tambi�n nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desaf�os de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcci�n del bien com�n".Quiso terminar su homil�a Le�n XIV animando a la gente a acercarse de forma nueva a Dios: "Volvamos a �l con amor sincero. Abr�monos al encuentro con �l, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro coraz�n, para salir despu�s a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegr�a". Despert� entonces los aplausos de la gente, rompiendo la solemnidad del momento.











