Por Ana Milena Varón |

Los Ángeles (EFE).- Una huella imborrable de dolor, pero también una de resistencia, dejaron en Los Ángeles las redadas migratorias desatadas hace un año, cuando el condado sirvió de laboratorio para probar la máquina de deportaciones masivas del presidente Donald Trump, que produjo la muerte de indocumentados y estadounidenses.

La mañana del 6 de junio de 2025 agentes enmascarados del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) desataron múltiples operativos que se extendieron por todo el condado, el más poblado de EE.UU. y hogar de más de 3 millones de inmigrantes.

«Emocionalmente deja una huella que quedó marcada para siempre», dice a EFE uno de los trabajadores detenidos en la compañía Ambiance Apparel, uno de los primeros objetivos de las redadas, donde se detuvieron a más de 40 trabajadores.

El inmigrante, de 33 años que no ha querido identificarse por temor a represalias en su caso, considera que lo detuvieron «sin brindarle derechos» y que no se le respetó el debido proceso.