Operativos sorpresa, redadas en negocios de lavados de auto, despliegues de fuerza en parques públicos y perfilamiento racial en los aparcamientos de los Home Depot de toda el área metropolitana de Los Ángeles. Las tácticas de terror que la Administración de Donald Trump ha sembrado entre las comunidades migrantes de la ciudad han comenzado a dar los frutos prometidos en la campaña. El Gobierno ha presumido esta semana de haber alcanzado las 5.000 detenciones con fines de deportación en Los Ángeles, una de las principales ciudades santuario de Estados Unidos.

El hito, conseguido en solo tres meses, ha sido celebrado con la dureza que caracteriza a Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Interior y rostro público de la campaña de deportaciones. “No se equivoquen: si están aquí ilegalmente, los encontraremos, arrestaremos y expulsaremos. Esto es solo el inicio”, amenazó la funcionaria.

Noem agradeció las labores de la Patrulla Fronteriza y el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, la policía de inmigración, conocido como ICE. Se trata de las principales fuerzas que han llevado a cabo las detenciones y que, a su vez, han contado con el apoyo de otras corporaciones federales.

El detenido número 5.000 es Gustavo García-Miranda, un indocumentado originario de México. García-Miranda tiene antecedentes penales por cargos de tráfico de droga y por otros delitos. De acuerdo con los registros en manos del Gobierno, cruzó por primera vez de manera irregular en 2008.