MADRID.- En uno de los lugares más simbólicos de Madrid, la plaza de Cibeles, León XIV hizo este domingo historia. En el segundo día de su visita de seis días a España, celebró una misa ante 1,2 millones de fieles, el evento más multitudinario de esta gira, que superó todas las expectativas de asistencia e, incluso, la cantidad de gente del Jubileo de los Jóvenes en Roma, de agosto del año pasado.Ya antes de que comenzara la celebración, a las 10 de la mañana de una jornada de sol, la policía -que puso a punto un dispositivo de seguridad sin precedente y muy riguroso-, se vio obligada a cerrar los accesos de todo el Paseo de la Castellana por el este y el oeste porque se había cumplido con el máximo de ocupación previsto. Fue así que hubo quien no logró acceder a la misa.El Rey recibe al Papa en MadridCIRO FUSCO - EFEEn el día de la Solemnidad del Corpus Christi, una de las fiestas más importantes del año para la Iglesia católica y en una celebración a la que asistieron los reyes Felipe VI y Letizia y autoridades de la ciudad, el primer Papa agustino explicó su significado. Y llamó a los españoles a dejar de lado el “egoísmo y la indiferencia de una fe cómoda y privada”, para responder a la invitación a la conversión de Jesús, y a cambiar la mirada y “recibir su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”. Pidió no olvidarse de quién es Cristo para no caer en “la tentación de confiar en otros ídolos y alimentarse de un pan que no sacia”. Y sobre todo recordó que “nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”.Cientos de miles de personas -familias con niños, jóvenes, personas de todas las edades- comenzaron desde el alba a llegar a la zona, montada en el corazón de Madrid. El evento se destacaba por una organización impecable, con muchos controles y varias pantallas gigantes para que todos pudieran ver y seguir el oficio, pese a estar lejos. Los reyes de España, con el PapaAlessandra Tarantino - APEl altar fue montado frente al emblemático Palacio de Comunicaciones, sede del Ayuntamiento desde 2007 y la célebre fuente de Cibeles, realizada en 1782. Y en la intersección de la calle de Alcalá -decorada con magníficas alfombras florales para la procesión del Corpus Christi-, con el Paseo de Recoletos. En previsión de la marea humana, al margen de baños químicos, miles de voluntarios entregaban botellitas de agua, gorros y hasta protector solar. Cuando el Papa llegó en papamóvil dio algunas vueltas y fue aclamado al grito de “¡Esta es la juventud del Papa! ¡Esta es la juventud del Papa!”, en un clima de inmenso entusiasmo.“Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios”, resaltó en su sermón el Papa agustino. “Las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos”, siguió, hablando en perfecto español. “No se trata de una manifestación exterior, de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros”, sentenció, en tono decidido.“Así, si en la Celebración eucarística Cristo se entrega como alimento, la procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana”, añadió. “Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados”, subrayó.Encomendó luego a la España de hoy y del futuro -un país secularizado donde los católicos han disminuido en las últimas décadas, pero de profundas raíces católicas, algo muy puntual: “que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”. “Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común”, indicó.Lo escuchaban en silencio personas venidas desde todos los rincones de España, que se abanicaban por el calor o se protegían debajo de un paraguas. Amparo, monja agustina recoleta, contó que viajó desde Cadiz junto a otras once religiosas. “Vinimos ayer y es una emoción muy grande porque el Santo Padre es agustino: ¡Es tan nuestro! Se nota que es un hombre de oración”, dijo a La Nación. Margarita, polaca que vive en las afueras de Madrid desde hace 30 años, pudo estar en primera fila, junto a una valla, porque se despertó a la madrugada y fue una de las primeras en entrar cuando abrieron los accesos.El momento culminante de la celebración fue cuando el papa León llevó en una procesión por cerca de 600 metros al Santísimo -que pesaba unos dos kilos-, desde el altar, rodeando la emblemática fuente de Cibeles y por un tramo de la calle de Alcalá hasta la Iglesia de San José y de vuelta. Entonces, en medio de coros bellísimos, algunos aplaudían o le arrojaban pétalos.Entre la multitud había muchos jóvenes venidos desde otras ciudades que pudieron pasar la noche a la intemperie, en bolsas de dormir, en campos deportivos de algunas escuelas que les abrieron sus puertas para la histórica ocasión. En una misa concelebrada con 1500 sacerdotes, algunos cardenales y 120 obispos, también dijeron presente muchísimos latinoamericanos que viven en España, paraguayos, peruanos, brasileños, ecuatorianos y más.Y por supuesto muchos de los argentinos que viven en Madrid, como Silvina y Jimena, que contaron a LA NACION que trabajan en esta capital desde hace unos años y que habían madrugado para no perderse un evento histórico.Silvina y Jimena, dos argentinas que viven en Madrid que madrugaron para no perderse un evento históricoTambién se mostro más que entusiasmado David Lo Russo, que nació en Caballito hace 26 años aunque vivió toda su vida en Bariloche, que es hoy novicio agustino recoleto en Navarra, que estaba junto a un grupo de veinte religiosos. David Lo Russo, novicio agustino recoleto, nacido en Caballito hace 26 años“Es una historia un poco larga: conocí la orden por un obispo nuestro que está en la diócesis de Cafayate, en Salta, monseñor Darío, que fue compañero de colegio de mi papá, yo estaba en discernimiento, me invitaron a un retiro y bueno, acá estoy”, contó a LA NACION. David no ocultó la inmensa emoción de ver a León, el primer papa agustino: “ya lo vimos ayer en la vigilia, nos pasó muy cerquita y fue espectacular, se siente una energía y una presencia impresionantes”.