Cuando llegó a casa lo escuchó por la radio. Un golpe de Estado estaba en marcha en Madrid. Militares habían irrumpido en el Congreso de Diputados y mantenían secuestrados a los parlamentarios durante la votación del nuevo gobierno. Era el 23 de febrero de 1981. Javier Cercas decidió salir a la calle. Su madre, que había vivido la Guerra Civil Española, intentó detenerlo. “Tú no sales de aquí”, le dijo. Pero Cercas salió de todos modos: estaba decidido a defender la joven democracia española.—Tenía la cabeza llena de novelas y películas, y creía que iba a encontrar una ciudad llena de barricadas y de gente resistiendo y defendiendo la democracia. No había nadie.Partió a la universidad para encontrarse con la chica que le gustaba. La encontró, pero las clases se habían suspendido y todo el mundo se fue a casa.—Es terrible. Nadie salió a la calle.Mientras tanto, El País sacó siete ediciones.—Fue el único periódico que salió a la calle con un titular contundente en defensa de la Constitución y la democracia. Fue muy importante para que el golpe finalmente fracasara.El autor de Soldados de Salamina y columnista de El País recuerda hoy aquel episodio a propósito de El periódico de la democracia, un libro que celebra los 50 años del diario y que es, al mismo tiempo, una memoria de lector, una historia personal del periódico y una reflexión sobre la relación entre periodismo y democracia.—El País nace con la democracia española, el 4 de mayo de 1976. Falta menos de un mes para que Adolfo Suárez sea elegido presidente del gobierno y se inicie lo que luego se llamó la Transición.Sin embargo, fue durante el 23-F —episodio al que dedicó Anatomía de un instante— cuando el periódico se jugó decididamente por la democracia frente a una sociedad paralizada por el miedo.—Ese es el gran secreto escondido y perfectamente visible del golpe de Estado del 23 de febrero. Es una acusación muy dura, pero es una evidencia. Y es algo que en mi país se oculta, porque las cosas feas de la historia se ocultan, aunque estén tan a la vista como esa.Hoy vivimos un momento de depresión democrática. Estamos asistiendo al triunfo de lo que yo llamo el nacionalpopulismo.¿A qué lo adjudica?Lo atribuyo, primero, al recuerdo de la Guerra Civil. En 1981 muchísimos españoles todavía tenían muy presente aquel recuerdo. Cuando los militares asaltaron el Parlamento, volvió de inmediato. Y produjo miedo. Un miedo instantáneo y completamente lógico. Mucha gente dice que fue un golpe de opereta, pero fue completamente serio y provocó terror.El segundo factor fue una evidente falta de pulso democrático. En 1977, cuando se estaba construyendo la democracia, más del 90 por ciento de los españoles estaba a favor de ella. En 1980 y 1981, menos de la mitad. Había una crisis económica brutal, terrorismo, sensación de desgobierno y desencanto. Mucha gente creía que la democracia iba a traer el paraíso terrenal. Pero la democracia no trae el paraíso; simplemente es el mejor sistema que hemos inventado para convivir. Todo eso contribuyó a que se perdieran la confianza y la capacidad de lucha.Foto: Pablo Vásquez - La Tercera ¿Hoy también? ¿Los políticos no se han hecho cargo de ese silencio?Ni los políticos ni la ciudadanía. Los políticos se escondieron, huyeron. Ahora bien, yo lo entiendo. No estoy acusando a nadie. El miedo es el miedo. Pero no nos contemos historias falsas.A partir de esto es inevitable pensar en el presente. ¿Hoy vivimos algo parecido? ¿Existe una nueva desilusión democrática?Montaigne decía: “La vida es ondulante”. Es una de las cosas más sabias que se han dicho nunca. A veces sube y a veces baja. Estamos en un momento de bajada. Vivimos, en todo Occidente, una crisis de fe en la democracia. Creo que el origen de todo está en la crisis de 2008, de la que todavía no nos hemos recuperado.A finales del siglo XX hubo un gran optimismo democrático. Hoy vivimos un momento de depresión democrática. Estamos asistiendo al triunfo de lo que yo llamo el nacionalpopulismo. No es fascismo exactamente, aunque contiene elementos del fascismo. Y en cierto modo es más peligroso, porque el fascismo ya lo conocemos, mientras que el nacionalpopulismo se presenta como democrático. El símbolo mundial de ese fenómeno es Donald Trump, pero tiene muchas caras y muchos rostros, igual que ocurrió con el fascismo en los años 30.Por fortuna, hoy en España tenemos algunos seguros. El Ejército ya no es un peligro. Y tenemos otro seguro: España ya no es un país completamente independiente. Gracias a Dios. Pertenece a una confederación que es la Unión Europea. Y eso es un enorme factor de estabilidad.Los Estados Unidos de Europa con los que soñaba Víctor Hugo. Es un proyecto enorme, extraordinariamente ambicioso y revolucionario.¿Y cómo ve a la Unión Europea hoy?La Unión Europea tiene que decidir qué quiere ser cuando sea mayor. Si quiere seguir siendo una confederación fuerte económicamente pero débil políticamente, lo que la condenará a la irrelevancia, o si quiere convertirse en una federación. Los Estados Unidos de Europa con los que soñaba Víctor Hugo. Es un proyecto enorme, extraordinariamente ambicioso y revolucionario. Pero es, en mi opinión, la única utopía razonable que hemos inventado los europeos.Novelista y ciudadanoEl periódico de la democracia abre con una broma. A comienzos de los años 90, Javier Cercas recibió una llamada donde lo invitaban a escribir en El País. Con dos novelas publicadas y escasamente conocidas, daba saltos de alegría. Iba a escribir en el diario donde publicaban García Márquez, Vargas Llosa y muchos de los escritores que admiraba. Entonces volvió a sonar el teléfono. Era su hermana recordándole que era el Día de los Inocentes.06 MAYO 2025