El autor presentó esta mañana una nueva edición de ‘Soldados de Salamina’, que cumple 25 años, y desmenuzó la actualidad política tras los archivos liberados sobre el golpe de Estado

“Un chaval de 30 años que cree que lo de la Guerra Civil es algo tan remoto como la batalla de Salamina (480 aC). Y que de repente, a medida que investiga un episodio en apariencia minúsculo, se da cuenta de que no, de que el pasado está aquí todavía. Eso es lo que cuenta el libro: que el pasado es una dimensión del presente sin la que el presente está mutilado”. Así definía esta mañana el escritor Javier Cercas Soldados de Salamina, la novela que cambió la vida del autor hace ahora 25 años. Un cuarto de siglo después, Alfaguara publica una nueva edición de un libro —quizá— más necesario que nunca, y el autor desmenuzó en el madrileño Café Comercial los pormenores del libro y su vigencia en la actualidad.

Publicada en 2001, Soldados de Salamina, de Javier Cercas, reconstruye un episodio real ocurrido al final de la Guerra Civil Española: la fuga del dirigente falangista Rafael Sánchez Mazas tras un fusilamiento colectivo en 1939. El núcleo del relato es el instante en que un miliciano republicano encuentra al escritor escondido en el bosque y decide no delatarlo. A partir de ese hecho, el narrador —un periodista llamado Javier Cercas— emprende una investigación que combina archivo, entrevistas y reconstrucción literaria para identificar al soldado que le perdonó la vida. ¿Se le tacharía hoy de equidistante? “¡Ha pasado por todas las fases! Equidistante, profascista, prorrepublicana…”, bromeaba Cercas. “Pero hay una gran verdad que no nos gusta oír: la gran literatura es equidistante. No toma partido. Lo decía Orson Welles: hay que darle a cada personaje sus mejores razones. Shakespeare hace que te caiga bien el canalla de Ricardo III… La literatura es lo más útil, siempre y cuando no se proponga ser útil. Entonces es propaganda. En la vida real hay que tomar partido; en una novela no”.