Este domingo, mientras el grueso del país observa a la distancia una mini elección para renovar el Congreso local de Coahuila. En el Estado se pondrá a prueba una de las pocas excepciones políticas que sobreviven a la hegemonía de Morena: la capacidad del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para seguir gobernando un territorio que se ha resistido a la mancha guinda durante casi una década. Las encuestas internas y los pronósticos de los propios partidos apuntan en una sola dirección. El priísmo, aliado con Unidad Democrática de Coahuila (UDC), llega como favorito para mantener el control del Legislativo local. Morena, en cambio, arriba a la jornada electoral en medio de una operación política debilitada, con fracturas internas y con una dirigencia nacional a cargo de Ariadna Montiel que en privado asume que el resultado será adverso. Con apenas un mes al frente de Morena, no le alcanzó para levantar la elección que dejó a la deriva Andy López Beltrán tras su renuncia como secretario de Organización de la agrupación guinda. El hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador se bajó del barco, dicen pesos pesados de Morena, ante la inminente derrota, que implicaba su segundo fracaso electoral en su incipiente trayectoria política. La disputa es por 25 curules del Congreso estatal —16 de mayoría relativa y nueve de representación proporcional—, pero la batalla de fondo es otra. En esta jornada electoral, la única de 2026 en el país, el PRI medirá fuerzas para comprobar si puede conservar intacto uno de los últimos bastiones que le quedan en México y, al mismo tiempo, exhibir los límites que tiene Morena en el norte del país.Estos comicios tienen además un componente simbólico para el oficialismo. Coahuila era una de las pruebas encomendadas a López Beltrán, quien coordinó durante meses la estrategia territorial de Morena en la entidad. Sin embargo, el reciente reacomodo en la dirigencia nacional y su salida de la operación política de la que saltó para buscar una diputación federal por Tabasco terminaron por desfondar una campaña que ya enfrentaba dificultades para competir contra la maquinaria local priista.Entre operadores morenistas y petistas tienen una visión compartida; la elección de Coahuila se convirtió en una “misión imposible”, que empezó mal desde que se rompió la coalición con el PVEM. La sensación recuerda a la que dejó la derrota oficialista en diversos municipios de Durango y Veracruz durante los procesos locales de 2025, también a cargo de Andy López Beltrán y en donde también fueron divididos. En el norte del país, Morena no ha logrado conseguir arraigo territorial; la marca del partido sigue chocando contra estructuras políticas locales construidas durante décadas, refieren legisladores federales. A diferencia de otras entidades donde el PRI fue arrasado por Morena en los últimos siete años, en Coahuila, el histórico partido que gobernó México sin pausa durante 70 años, conserva una red de poder que ha sobrevivido a la debacle nacional del priísmo. Buena parte de ese engranaje fue construido durante los gobiernos de los hermanos Moreira. Aunque el apellido arrastra un puñado de capítulos controvertidos en la historia reciente del Estado. Durante la Administración de Humberto Moreira (2005-2011), se registró el crecimiento del Cartel de Los Zetas, las masacres de Allende y Piedras Negras, donde murieron y desaparecieron cientos de personas a manos del crimen organizado, así como el endeudamiento sin precedentes del Estado. Su sucesor, Rubén Moreira (2011-2017), cargó con el pasivo heredado por su hermano y enfrentó cuestionamientos de opacidad en el tema. Aunque se le ha reconocido la drástica reducción de los índices de homicidios y la presencia del crimen organizado en el Estado. Con todo, el apellido se mantiene en el foco público. Álvaro Moreira Valdés, hermano de los exgobernadores, buscará este domingo una nueva reelección legislativa, mientras su hermano Humberto, expulsado del PRI hace años, continúa apareciendo en los márgenes de la política local como una figura de referencia para sectores priístas. Mientras Rubén se mantiene como coordinador de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados. La continuidad no se limita a los Moreira. La lista de candidatos priistas está integrada por legisladores que buscan reelegirse, dirigentes partidistas que se han caracterizado por saltar de un cargo a otro y miembros de una élite política estrechamente vinculada al gobernador en funciones, Manolo Jiménez Salinas.En Coahuila, la elección se perfila como la ratificación de una estructura de poder que ha logrado sortear los cambios nacionales sin perder el control local. Mientras Morena insistió en la necesidad de la alternancia, los candidatos oficialistas apostaron por defender la estabilidad y el crecimiento económico, pero sobre todo, la seguridad en la entidad. En una región marcada por un pasado de violencia extrema, el argumento sigue siendo una atractiva bandera electoral.La principal paradoja de Morena en Coahuila es que, pese a ser la segunda fuerza electoral del Estado, nunca ha logrado construir una identidad local sólida. Muchos de sus cuadros más visibles arrastran una historia política con el PRI y con el PAN. Un caso que atrae los reflectores es el de Luis Fernando Salazar, antiguo militante panista que llegó a Morena después de que la agrupación blanquiazul le cerrara el paso a la candidatura para gobernador. La misma escena se repite entre otros liderazgos locales. El resultado es un partido que, a pesar de su fuerza nacional, sigue sin construir arraigo en una entidad donde el voto local no ha seguido la tendencia nacional. El repliegue de Andy López Beltrán La campaña para el oficialismo terminó de complicarse cuando la operación encabezada por Andy López Beltrán comenzó a agrietarse y terminó por desmoronarse. El segundo hijo de López Obrador replicó la misma estrategia fallida que implementó en Durango y Veracruz meses atrás. Desde abril, ordenó el despliegue de decenas de diputados federales de Morena y del PT para respaldar a sus candidatos y fortalecer la elección. El objetivo era convertir la elección coahuilense en una demostración de su talento en la organización territorial, refieren diputados petistas. No ocurrió. Fuentes del partido consultadas por EL PAÍS describen una estructura agotada por el desembolso económico, la resistencia ciudadana y la percepción latente de que el resultado está definido. La salida de López Beltrán de la conducción partidista agravó el problema. Muchos de los operadores enviados a Coahuila apoyaron en campaña porque lo consideraban un gesto, más que para Andy, para el expresidente y fundador de Morena, así que decidieron dar un paso atrás. La renovada dirigencia de Montiel intentó reactivar la movilización durante los últimos días de campaña pese al diagnóstico, reconocido a puerta cerrada por el partido. Es por eso que la jornada electoral de este domingo se encamina a convertirse en la segunda gran derrota política asociada a López Beltrán desde que comenzó su incipiente carrera como operador político. El laboratorio electoral para 2027Más allá de la disputa por el Congreso local. Coahuila se dibuja como una advertencia para todos los partidos de cara a las elecciones intermedias de 2027. Para el PRI, una victoria amplia confirmaría que aún posee cuadros capaces de resistir el dominio nacional de Morena. Junto con algunas entidades del norte y del Bajío, Coahuila representa una de las últimas regiones donde la oposición puede mostrar capacidad de gobierno y control territorial. Para Morena, en cambio, el resultado obligará a replantear su estrategia y sus perfiles. Mientras el PRI parece llegar a la elección como una maquinaria perfectamente aceitada, Morena aparece atrapada entre candidatos reciclados, disputas internas y una vieja estrategia que volvió a fallar. Este domingo, cuando se cierren las casillas en punto de las 18 horas, no solo se contará el número de curules obtenidas por cada partido. También quedará registrado si el último gran fortín priista sigue resistiendo el avance de la autonombrada cuarta transformación o si comienza a mostrar las primeras grietas.
La batalla por el Congreso de Coahuila, uno de los últimos frentes abiertos entre el PRI y Morena
El partido que gobierna México encara la única elección estatal de 2026 sin estructura, con candidatos cuestionados y con los estragos de la retirada de Andy López Beltrán de la operación política, mientras el priísmo busca refrendar uno de los dos únicos bastiones que aún conserva












