La única jornada electoral de 2026 en México ha comenzado este domingo en Coahuila con una imagen que contrasta con la magnitud de las disputas políticas nacionales: calles tranquilas, filas breves en los centros de votación y una sensación de que el resultado podría estar definido desde antes de que se cuente el primer sufragio esta misma tarde. A primera hora de este domingo, el Instituto Electoral de Coahuila (IEC) se declaró en sesión permanente, para dar por iniciada la jornada electoral para renovar las 25 diputaciones del Congreso estatal, una contienda que, más allá de la disputa por las curules, pone a prueba la capacidad del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para conservar uno de los dos últimos reductos de poder que mantiene en el país frente al avance voraz del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). En Saltillo, la capital del Estado y sede de los poderes políticos, la jornada arrancó sin incidentes mayores. Las 4.275 casillas, 60 de ellas electrónicas, comenzaron a instalarse en punto de las ocho de la mañana bajo la vigilancia de funcionarios electorales y representantes partidistas, mientras los ciudadanos llegaban a cuentagotas en una ciudad acostumbrada a procesos electorales de baja tensión pública desde hace años, refieren los saltillenses. El gobernador del Estado, el priista Manolo Jiménez, emitió su voto a primera hora en la colonia Jardines del Campestre de la capital del Estado. Acompañado de su esposa e hijos, el mandatario estatal sostuvo que se vive una jornada “tranquila y en paz”. Coahuila ha destacado por una copiosa participación ciudadana en procesos electorales y esperan que esta no sea la excepción. Con un despliegue de 10.000 elementos de la Guardia Nacional, de la Secretaría de Seguridad del Estado y del municipio, garantizan la seguridad de los centros de votación y de las urnas en un municipio que presume ser uno de los Estados más seguros del país. La aparente calma, sin embargo, convive con una narrativa más áspera. Algunos liderazgos morenistas, del PT y del PAN han llegado a la jornada electoral denunciando presuntas amenazas e intimidaciones contra parte de sus operadores territoriales, una acusación que el priísmo ha rechazado, ha atajado con los presuntos vínculos del oficialismo con el crimen organizado. “Nosotros podemos denunciar ante organismos internacionales porque no nos cancelan visas”, ha sido la respuesta de Rodrigo Hernández, representante del PRI en el IEC. Todo esto forma parte del intercambio de señalamientos que ha marcado el inicio de la jornada. En alusión a la crisis que atraviesa Morena por la presunta cancelación de las visas estadounideses a pesos pesados del partido. La elección de este domingo es singular. No solo se trata de los únicos comicios de 2026 en todo el país, sino de una prueba para medir los límites de la hegemonía morenista. Mientras el partido gobernante domina la mayoría de los congresos locales y Gobiernos estatales, Coahuila permanece como una excepción política dentro del mapa nacional. Las proyecciones internas de los partidos y sus sondeos coinciden en que la alianza encabezada por el PRI y Unidad Democrática de Coahuila llega con ventaja para mantener el control del Poder Legislativo local. De confirmarse ese escenario, el priismo demostraría que conserva una estructura territorial capaz de resistir el empuje electoral de Morena en una región donde la autonombrada cuarta transformación no se ha logrado arraigar con la misma fuerza que en otras zonas del país. El resto de los partidos, PAN y Movimiento Ciudadano (MC), se muestran desdibujados en la preferencia electoral de este domingo. Los panistas, en Coahuila, han puesto en práctica la ruptura con el priísmo anunciada hace meses por la dirigencia nacional que encabeza Jorge Romero. Una decisión que los ha puesto en riesgo de perder el registro en la entidad norteña. En el frente emecista, el proyecto es aún más débil. La disputa es por 25 escaños: 16 de mayoría relativa y nueve de representación proporcional. Pero la batalla política trasciende el reparto de un puñado de curules. Lo que está en juego es la viabilidad de un modelo de poder local construido durante décadas y que ha sobrevivido al derrumbe nacional del PRI.La maquinaria priista llega a esta elección respaldada por una narrativa centrada en la estabilidad económica y, sobre todo, en la seguridad pública. En un Estado marcado por episodios traumáticos de violencia ligados al crimen organizado durante la década pasada, la reducción de los índices delictivos se ha convertido en uno de los principales argumentos electorales del gobernador y de los candidatos priistas. Ese discurso ha encontrado eco entre amplios sectores de la población. En Saltillo, muchos ciudadanos observan la jornada con la expectativa de una continuidad política más que de un cambio de rumbo. La percepción predominante es que el Congreso seguirá bajo control de las fuerzas afines al Gobierno estatal. Salvo algunas excepciones. “Yo voy por Ale Salazar de Morena, trae buenos proyectos, esperamos que no nos vaya a fallar”, dice Jesús Cabrera, quien reconoce que el PRI es el partido más fuerte en Saltillo, “pero Morena se anda metiendo un poco”, refiere. El habitante de la colonia Satélite Sur exalta la importancia de acudir a las urnas. “Hay que votar para ver si hay un cambio para todos”, sostiene. En Morena, en cambio, la elección llega en medio de un contexto mucho más complejo. La dirigencia nacional asumió el proceso tras semanas de reacomodos internos y después de la salida de Andrés “Andy” López Beltrán de la Secretaría de Organización del partido. Su repliegue dejó a la operación electoral sin el principal responsable de la estrategia territorial para competir contra la estructura priista.El relevo encabezado por Ariadna Montiel intentó reactivar la movilización en la recta final de la campaña, pero dentro del propio partido existe la percepción de que Coahuila se convirtió en una contienda cuesta arriba. La ruptura con el Partido Verde Ecologista de México, aunque no marca diferencia, aunado a la falta de cohesión entre los distintos liderazgos locales, abonó al debilitamiento del proyecto. La paradoja para Morena es evidente. Aunque se ha consolidado como la principal fuerza política nacional y gobierna la mayoría de las entidades federativas, sigue sin construir una identidad propia en Coahuila. Muchos de sus cuadros más visibles provienen del PRI o del PAN y la organización no ha conseguido desarrollar una estructura territorial equiparable a la que el priísmo conserva en el Estado. “No conocemos a los candidatos de Morena, no sé quiénes son, ni los he visto. Los priistas son conocidos aquí, pero ellos no”, refiere la señora Elia Aguilar antes de emitir su voto. La jornada también servirá para medir el peso político de figuras históricas del poder coahuilense. Entre los candidatos destaca Álvaro Moreira Valdés, quien busca mantenerse en el Congreso local y forma parte de una familia que continúa ocupando un lugar central en la vida política estatal. El apellido Moreira sigue siendo, para bien y para mal, uno de los símbolos más reconocibles de la política de Coahuila.Mientras avanzan las horas de votación, los partidos concentran sus esfuerzos en la vigilancia de las casillas. Los primeros resultados oficiales comenzarán a perfilarse una vez que concluya la recepción de votos a las seis de la tarde. Conforme el tiempo avance, no solo se conocerá la nueva composición del Congreso estatal. También quedará claro si el último gran fortín priista del país conserva la capacidad de resistir el avance de Morena o si, por primera vez en años, comienzan a aparecer grietas en una estructura política que parecía inmune a los cambios del mapa electoral mexicano.
Coahuila vota un nuevo Congreso local y pone a prueba el poder del PRI en su último bastión
La jornada para renovar las 25 diputaciones locales transcurre con calma en Saltillo, mientras Morena denuncia presiones contra sus operadores y busca romper una hegemonía que resiste en el norte del país











